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Presentarse sin esperanza de aprobar o ir a ver exámenes

Me parecen interesantes y poco tratadas las cuestiones que, casi simultáneamente, me han planteado Esperanza y Posible Opositor.

Sin expectativas de aprobar

Esperanza: ¡Hola Justito! Encantada de saludarte, me llamo Esperanza y soy opositora a notarías desde hace un año y medio. Preparo en la Academia del Colegio Notarial de mi ciudad. Me gusta muchísimo tu blog y todas las experiencias que cuentas en él, son muy útiles para los que estamos opositando. ¡Enhorabuena!

Me presentaré a esta convocatoria que está a punto de empezar (se refería a la anterior que ya ha terminado) y voy sin ninguna expectativa o esperanza de aprobar el primero, ya que voy por la tercera vuelta al temario y aún me queda mucho por recorrer, pero te quería pedir consejo sobre cómo afrontar la primera vez que te presentas ante al Tribunal y con pocas vueltas como es mi caso. Voy más que nada, como dice mi preparador, para ver el ambiente y vivir la experiencia. ¡A ver qué tal sale la broma! ¡Un saludo!

Justito: Gracias. Ya he dicho en otras ocasiones que me satisface mucho que mis experiencias y anécdotas sirvan a quienes estáis ahora en la batalla de la oposición y no tenéis mucha gente con quien hablar de vuestra preocupación fundamental en estos tiempos.

Lo primero que te diría es que, efectivamente, un año y medio para aprobar el primer ejercicio parece poco tiempo. Seguro que los más jóvenes en aprobar notarías lo han conseguido, pero no es lo usual, así que como diría MAC, mi preparador, creo que esta no es tu oposición. Es importante que cuando uno se presenta para probar, para probarse, para probar suerte, para como tú dices “ver el ambiente y vivir la oposición” no desbarate demasiado sus planes y su trayectoria en perjuicio de la siguiente convocatoria que ya puede ser la de uno. Es bueno pegar un apretón por intentar recitar algún tema ante el Tribunal o completar un ejercicio, pero sin que eso pueda resultar perjudicial para la preparación si llegara a causar un desequilibrio o si supusiera estudiarse mal los temas que en las primeras vueltas deben quedar bien asentados en la cabeza. Un tema mal estudiado puede ser (como lo es un tema malo) un lastre y un tema negro para toda la oposición. Dejemos aparte la influencia de la suerte en posibles aprobados a esas alturas de la preparación de las oposiciones.

Aunque yo me presenté por primera vez al primer ejercicio con dos años y nueve meses y aquella no fuera la mía por el tiempo de preparación y porque era una convocatoria de 60 plazas (como la inmediatamente anterior que no firmé porque solo llevaba unos seis meses estudiando), aprobé el primero y aguanté el segundo y lo suspendí, así que diría que fui con bastantes expectativas, esperanzas e ilusiones que finalmente no cuajaron. A esa convocatoria anterior de 60 plazas, que tuvo lugar en Valencia en 1992-1993 si no me equivoco, yo asistí a presenciar exámenes.

Presenciar exámenes

Era el mes de Junio de 1992 y viajé a Valencia porque MAC me aconsejó que lo hiciera. La sala de examen del Colegio Notarial de Valencia es el imponente salón de actos, aunque había otro Tribunal que examinaba en otra sala a la que no recuerdo haber entrado. Estar allí sentado en uno de los bancos, en vaqueros y camiseta de rayas azules y blancas, junto con mi novia (hoy mi mujer), rodeados de una cierta oscuridad y viendo a los pobres opositores frente al Tribunal, causó en mi una mezcla de emoción y desasosiego que todavía recuerdo.

Creo que a los que tengan intención de opositar como Posible Opositor o a los que lleven muy poco tiempo preparando, presenciar algunos exámenes y ver el ambiente del pasillo y de la sala o los nervios de opositores, preparadores y acompañantes, les podría ser muy útil como lo fue para mí. Uno deja de tener una representación ficticia del momento y comenzará a acuñar su propia experiencia, evitando el sopetón que puede suponer la primera actuación seria o medio seria (como la de Esperanza) ante el Tribunal.

“¿Cómo afrontar la primera vez que te presentas ante al Tribunal y con pocas vueltas?”

Pues creo que ya lo he dicho.

A efectos de preparación, forzando y apretando un poquito, pues vendrá bien el acelerón en la preparación y así podría llegarse más lejos en la experiencia, si se consigue llegar a hablar ante el Tribunal o incluso terminar el ejercicio, pero sin que ello suponga, insisto, una alteración excesiva (o perjudicial) del ritmo de preparación. Además, el criterio del preparador debe ser fundamental. No soy yo quien para inmiscuirme, aunque es cierto que tomadas las decisiones, elegido un camino en vez de otro, nunca sabremos las consecuencias de haber hecho justamente lo contrario o simplemente alguna cosa distinta. Así lo expuse cuando me preguntaron sobre presentarse a registros y notarias o viceversa en este post y, para mi, lo mismo ocurre en este caso: ¿voy o no voy?, ¿entro o ni siquiera saco las bolas?, ¿intento o no intento hablar?, ¿sigo hablando o me levanto y me voy?

Al retirarse o suspender, no asustarse, ni coger miedo, ni desmoralizarse, ni nada por el estilo. Ya sabíamos que íbamos a probarnos y que nos quedaba mucho tiempo por delante. Sabíamos que esta no era nuestra convocatoria.

Y en los minutos que pasemos en la sala, sacando las bolas de los sacos, preparando nuestro esquema mental en los exiguos cinco minutos que nos dejan para ello (que yo utilizaba para anotar los artículos de cada tema y poco más antes de entonar el consabido “con la venia”) y comenzando la exposición, si es que por nuestro nivel de preparación somos capaces de ello, intentando vencer al miedo escénico y a la inercia de la silla que nos impulsará como un resorte a levantarnos de ella y a salir pitando de allí. El equilibrio entre continuar o marcharse, ese instante en que uno decide me levanto y me retiro, es cosa de cada uno. Yo nunca llegué a retirarme, pero tampoco me presenté sin expectativas como parece que sí que lo hará Esperanza.

“El opositor dispondrá de cinco minutos, como máximo, antes de comenzar la exposición, para reflexionar y tomar notas por escrito, si lo desea” (Artículo 16 del Reglamento Notarial)

Por supuesto a aquellos que, como Esperanza, no tengan expectativas razonables de aprobado parece que les trae más a cuenta presentarse al turno obligatorio y no al voluntario, a fin de prorrogar las semanas de tensión y apretón en el estudio que conllevará el trance del examen; así el aprendizaje y la experiencia serán más completas.

“En los dos primeros ejercicios, los opositores que no concurrieren a practicarlos en primer llamamiento, actuarán después de terminado éste, en un segundo turno y con el mismo número que les hubiere correspondido en el sorteo. Si llamados en el segundo turno no comparecieren, se les tendrá por desistidos de la oposición, sin admitirse excusa alguna.

En los ejercicios tercero y cuarto sólo habrá un llamamiento” (Artículo 17 del Reglamento Notarial)

Ir a ver exámenes

Los dos primeros ejercicios de la oposición, así como la lectura del tercero y de la primera parte del cuarto son públicos. Así lo dice el Artículo 16 del Reglamento Notarial. A propósito de ese carácter público de los exámenes, me comenta Posible Opositor:

Posible Opositor: Yo pensaba que a la sala solo podrían entrar, además del opositor, terceros interesados (familiares o preparadores).

Justito: ¡A ver si vamos a tener que acuñar un nuevo concepto de tercero¡ ¡el tercero interesado¡ No, no, los exámenes orales son públicos. Lo que ocurre es que se suele respetar al opositor que pide que nadie entre. Es habitual que los que acuden a presenciar exámenes consulten al opositor o a sus acompañantes si al opositor (que no suele estar para muchas preguntas) le incomoda, le molesta, le pone nervioso, le afecta negativamente (o piensa o cree o presupone que le puede afectar negativamente porque todos tenemos una primera vez y podemos estar preguntado a un principiante) la presencia de público en la sala. Por supuesto hay de todo, pero abundan los que prefieren que nadie entre, aunque muchas veces el opositor ni siquiera vea al público porque se encuentra de espaldas o casi de espaldas a él.

El sobrino de Rajoy

Me acaba de venir a la cabeza, mientras escribo, una anécdota sobre el tema del carácter público de los exámenes que tengo recogida en otro post, pero que no me resisto a volver a contar aquí porque es de las buenas, buenas. Es una anécdota de registros, donde también son públicos los orales y proviene de Twitter. Allí dice uno:

– Escándalo. España. Francisco Millán Rajoy (sobrino de Mariano Rajoy) aprueba oposición de Registrador de la Propiedad y desaparece su examen.

Otro, que se identifica como opositor a registros, responde:

– Los exámenes son orales, ¿me explicas cómo pueden desaparecer? Gracias.

Y dice un tercero en defensa del primero:

– En todas las oposiciones los exámenes son escritos, aunque luego se defiendan oralmente. Se grabarán al menos.

Luego sale un segundo opositor a registros y dice:

– Vaya y yo que llevo 9 años haciendo exámenes orales y resulta que eran escritos. Ahora ya sé porque suspendo.

Magistral.

Termina el hilo el que propone que los exámenes se graben:

– Pues así no hay ni garantías de imparcialidad ni posibilidad de reclamación. Fácil de amañar.

Luego resultó que lo que ese sobrino de Rajoy había aprobado era otra oposición, no la de Registrador. ¡Qué manía con el sistema de oposiciones¡, hace pocos días recibía un comentario a este post y no me resistí a contestarlo (bueno, contesto a todos …):

Comentario: “El que un sistema de selección sea comparable a una joroba debería hacer reflexionar a más de uno.

Eso convierte a los opositores exitosos en operados con secuelas; y a los fracasados, en deformes para siempre”.

Justito: “Mi reflexión no es exactamente esa, pero acepto su visión de la que discrepo pues las oposiciones son un sistema más entre los posibles.
No se puede ser campeón de halterofilia sin hacer burradas. Pues opositar a alto nivel también tiene sus riesgos”.

Que entre público o que no entre no afecta a la esperanza

Cuando a mi me preguntaban si tenía inconveniente en que entraran a presenciar mis exámenes, contestaba que no, pero que por favor no se sentaran en las primeras filas. Mi novia (y luego mujer) nunca presenció mis exámenes y creo que yo prefería que no entrara; tampoco tenía que claro que quisiera que entrara mi madre. En realidad, ninguna de las dos quiso nunca hacerlo. Pienso que los que se ponen demasiado nerviosos es mejor que se queden fuera y no presencien la actuación de su acompañado. Sí que entraron mi hermano mayor, el de cuellotortuga, en una ocasión, y mi preparador, si no recuerdo mal, en un par de ocasiones. Mi sensación, 25 años después de haber comenzado mis oposiciones, es la de haberme sentido reconfortado por la presencia de mi hermano y por la de mi preparador en el difícil trance del examen.

Insisto en que el opositor suele estar de espaldas al público y en que no ve nada de lo que sucede o en diagonal con lo que ve a la gente por el rabillo del ojo o si gira la cabeza.

Supongo que el tema de los móviles y sus ruiditos se llevará en estos tiempos a rajatabla, bueno a rajatabla no, lo siguiente. Si alguno se desconcentrara por tal motivo, la situación podría ser muy delicada. Tendría una triste gracia usando una clásica expresión mi padre un incidente por este motivo.

Así que Posible Opositor, pásate a presenciar una sesión. Creo que te impresionará, de hecho impresionaría a muchos ver el ritmo frenético de la exposición y el nivel de preparación que se nos exige para aprobar. Hasta a mi padre, que era Notario, le impresionó (30 años después de haber aprobado sus oposiciones) lo rápido que teníamos que hablar en estos tiempos. Solo una vez me tomó un tema por ausencia de MAC. Fue el tema de la ocupación y sufrió más él intentando seguirme, que yo intentando hacerlo bien y conseguir su aprobación. He escrito sobre ¿Cuándo han sido más fáciles o difíciles las oposiciones, ¿antes o ahora?”, recurriendo a argumentos como la influencia de hacer un ejercicio oral con todo el temario o dos (como actualmente), la del acceso de las mujeres al cuerpo, la de la mili y su desaparición, la del estiramieeeentoooooo del supuesto de hecho para dictamen, la de la mejor organización de las convocatorias, la de la formación de varios Tribunales examinadores, la de la mejora de las comunicaciones, o la de la facilidad para la preparación y el acceso a los temas, a los preparadores y a las Academias de preparación, etc…

En cualquier caso y para terminar, vuelvo a Esperanza, para decirle que eso es, precisamente, lo último que se pierde y que te vendrá bien luchar y sacar algo en positivo de esta experiencia.

Esperanza de aprobar

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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