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El acta de la “mili”

Los opositores varones de no hace muchos años teníamos un obstáculo adicional en la preparación de las oposiciones: LA MILI o LA PRESTACIÓN SOCIAL SUSTITUTORIA para los que se declararon objetores de conciencia. El último reemplazo llamado a filas fue el de 2001, yo pertenezco al de 1987.

El 20 de Noviembre de 1985 me alisté. Disfruté de varias prórrogas por estudios. Al término de la última de las que tenía derecho a disfrutar y sin posibilidad de recurrir ya a las milicias universitarias, decidí hacerme objetor de conciencia.

Entre alguna de aquellas prórrogas por estudios, llegaron a sortearme por error. Una mañana me llegó un telegrama en el que se me comunicaba que tenía que estar en la estación de tren de mi ciudad con destino a una provincia vecina, tal día a tal hora, so pena de deserción o algo por el estilo. No sé que hizo mi perseverante hermano mayor (si, el de cuellotortuga), pero el error pudo resolverse de manera rápida y no tuve que coger el petate ni abandonar mi Código Civil.

En mi solicitud de declaración como objetor de conciencia alegué mis convicciones ético morales y humanitarias incompatibles con el uso de las armas para solucionar conflictos humanos de toda índole. Podía haber añadido que la mili me daba miedo, pereza y una sensación de pérdida de tiempo inconmensurable, pero supongo que eso no se podía decir.

Una vez que fui reconocido como objetor, mi hermano y yo, nos leímos de cabo a rabo las causas de exención de la prestación social sustitutoria en busca de alguna deficiencia física o psíquica que yo pudiera padecer. Y la encontramos: OBESIDAD EXTREMA. Por encima solo quedaba la categoría reina: la OBESIDAD MÓRBIDA. Respiré aliviado.

Como veréis en la foto para entrar en la categoría de OBESO EXTREMO necesitaba entre 110 y 115 kilos de peso y una estatura de 1,80-1,85 metros.

El problema que se nos planteó a mi hermano y a mi es que era indispensable que el peso y la altura lo certificase un médico de la Seguridad Social y como hijo de notario que era no tenía Seguridad Social. Los notarios entramos al R.E.T.A. en el año 2003 y hasta entonces solo podíamos recurrir a la sanidad privada.

Ante la imposibilidad de obtener ese maldito certificado, a mi hábil hermano no se le ocurrió mejor idea que un REQUERIMIENTO NOTARIAL.

Y así lo hicimos, requerí a un notario de mi ciudad con el fin de pesarme y medirme en su presencia. Este fue el contenido de ese de acta de requerimiento y la diligencia del notario correspondiente:

“Para que me persone junto con el compareciente  en una farmacia dotada de máquina para peso y talla de esta ciudad, que yo mismo elegiré y a mi presencia el requirente se someta al proceso de tallaje y medición de la citada maquina.

Así mismo, me requiere, para que haga constar posteriormente por diligencia en la presente los datos relativos a la talla y peso del requirente que proporcione la máquina y deje unido á esta matriz, el resguardo que expida dicho aparato en donde figurarán tales mediciones.

Acepto el requerimiento.

DOY FE.

Del contenido del presente instrumento público de que le leo lo escrito al compareciente, por renunciar a su advertido derecho de hacerlo por si, se ratifica y firma conmigo, el Notario, así como de quedar extendido en dos folios de papel notarial timbrado, serie xxxxxxxx, números xxxxxxxxxxxxx y el siguiente correlativo.

Sigue la firma del compareciente. Signado: Notario. Rubricadas y sellada.

DILIGENCIA.- La pongo yo, Notario, Notario de esta Ciudad, para hacer constar que el mismo día del requerimiento a las dieciocho horas y cincuenta minutos, me persono en compañía del requirente en la Farmacia X de esta Ciudad.

A mi presencia el requirente procede a despojarse de sus zapatos, calcetines, cinturón y contenido de sus bolsillos, quedándose exclusivamente vestido con un pantalón tejano, una camiseta y con su ropa interior, se sube entonces a la máquina de tallaje y peso que se encuentra situada en la citada oficina de Farmacia, marca XXXX, e introduce en ella una moneda de veinticinco pesetas que la hace funcionar y, permaneciendo erguido normalmente, a continuación la máquina procede a tallar y pesar al requirente y de inmediato solicita la edad y sexo del mismo, una vez introducidos estos datos, la máquina imprime en un pequeño papel, entre otras cosas los datos relativos al peso y talla del compareciente que son los siguientes:

PESO: CIENTO TRECE KILOGRAMOS.

TALLA: CIENTO OCHENTA Y UN CENTÍMETROS.

Dicho papel impreso por la citada máquina recojo, yo, el Notario, directamente de la ranura por la que ha sido expedido y lo incorporo a la presente matriz a la que queda unido.

Del contenido de la presente diligencia, que dejo extendida en el último folio del acta que la motiva y termina en el presente, doy fe.=

Ni más ni menos, lo había conseguido, era un OBESO EXTREMO de pleno derecho. Mi hermano y yo preparamos una magnífica y documentada solicitud unos días después, y en no mucho tiempo, llegó la ansiada carta firmada por Doña María Teresa Fernández de la Vega, Secretaria de Estado de Justicia en aquel momento: me habían eximido de la prestación social sustitutoria.

Es necesario decir que en aquellas postrimerías del Servicio Militar Obligatorio, los objetores proliferamos como setas y que no había casi donde meternos. Atribuyo más mi exención a esta circunstancia que a mi exceso de peso. Estoy convencido de ello, aunque igual que no me quito oposiciones, tampoco tengo la costumbre de quitarme kilos.

Por lo demás no he crecido y sigo pesando unos cuantos kilos.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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