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¿Son más difíciles actualmente las oposiciones a notarías?

Yo tenía conciencia de que era un opositor que estudiaba despacio, de que era lento, pero tal vez no pensaba que lo fuera tanto. Cuando preparaba este post sobre el número de temas que consideraba que había que estudiarse en la primera vuelta del primer ejercicio, dando contestación a una opositora a la que llamé Incipientum, varios compañeros, varios de ellos preparadores, me contestaron a la siguiente pregunta:

¿Cuántos temas te estudiabas tú y, si preparas, cuántos estudian tus alumnos?

La media de las cifras que me dieron, fue de entre los cuatro y los cinco temas semanales de Civil en primera vuelta. No fue más que una pequeña muestra que confirmaba que yo era un opositor lento, pero, al mismo tiempo, un opositor seguro, puesto que aprobé el primero en dos años y nueve meses y aprobé cinco orales de seis que hice en las cuatro convocatorias a las que me presenté sin reserva de nota.

Uno o dos orales

Una segunda conclusión de mi encuesta, sería la de que la época en que aprobó o preparó cada compañero puede haber sido muy relevante, especialmente si distinguimos entre los que aprobaron en la época en que había un solo ejercicio oral (con o sin reserva de nota) y los que aprobamos (con o sin reserva de nota) cuando ese mastodóntico ejercicio, de mayor duración, quedó dividido en dos que en conjunto eran más largos y ¿más difíciles? ¿O es que alguien es capaz de estudiarse actualmente, con la calidad suficiente, ocho o nueve temas sin haber estudiado con el temario de la oposición durante la Facultad? Debía ser durísimo estudiarse todo el programa de una vez, mejor dicho, examinarse de todo el programa de una vez, pero tal vez la extensión del temario y de los temas no fuera la misma que hoy en día. Entre los encuestados aprobados recientemente, solo uno me habló de dos compañeros suyos que estudiaban ocho o nueve temas a la semana. Añadió que ninguno había aprobado la oposición.

Mi padre, que se estudiaba muchos temas a la semana y terminó el primer ejercicio en pocos meses (véase el vídeo del final de este post), se quedó sorprendido con la rapidez de mi exposición la primera vez en que, por imposibilidad física accidental de Mac, mi preparador, tuvo que tomarme un tema. No me tomó temas muchas veces a lo largo de los años de mi oposición, pero siempre le pareció vertiginoso el ritmo al que hablaba. De ello tiene en gran medida la culpa, a mi modo de ver, el cambio (que se aplicó por primera vez en las oposiciones de 1987-1988 que se celebraron en Madrid) de un solo ejercicio oral a dos ejercicios orales. Lo que ese cambio obligó a estudiarse para rellenar, para hacer viable y efectivo el aumento de la duración del tiempo de ejercicio oral, para poder cubrir dos ejercicios de una hora el primero y de cuarenta y cinco minutos el segundo, fue y es muy considerable. Antes de 1987, la duración de ese durísimo ejercicio único era de una hora y media. Con la división del temario en dos, se alargaron los meses de máxima concentración y exigencia para el opositor.

Incontinencia legislativa, jurisprudencial y doctrinal

Pero no solo tenemos que hablar de más minutos, también se ha incrementado con el paso de los años el número de normas que en mayor o menor medida (con mayor o menor intensidad y detenimiento) hay que estudiar y tener controladas. Normas que, además, cambian con frecuencia. El Código Civil, la Ley de Propiedad Horizontal y la Compilación Catalana fueron las únicas normas civiles vigentes con las que se examinó mi padre en 1960 y 1961. Por no hablar, en esta misma línea, del ingente número de resoluciones de la DGRN de los últimos tiempos o de los cientos de sentencias que dicta la Sala 1ª del Tribunal Supremo cada año y del aumento de la doctrina científica, aunque cantidad no sea calidad y siempre se recurra más a los clásicos.

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Cambios de programa y tercer ejercicio

Los cambios de programa, que suelen ser traumáticos para los opositores, siempre han tenido una similar regularidad por lo que creo que no decantan la balanza a favor de ninguna época, a diferencia de la extensión del supuesto del tercer ejercicio y del tratamiento y consideración del dictamen en el resultado final de la oposición. Por poner un ejemplo, el supuesto de hecho de las oposiciones celebradas en Granada en 1962-1963 tenía doce líneas y otras nueve con preguntas e instrucciones para llevar a cabo el dictamen. En las últimas oposiciones celebradas en Barcelona, el supuesto de hecho tenía tres partes y cuatro caras de folio. Al margen de la extensión del supuesto, la valoración del tercer ejercicio en el conjunto de la actuación del opositor, el nivel de exigencia, el número de problemas que se ocultan en el supuesto, el tratamiento que ha de dárseles y el planteamiento general del dictamen, parecen haberlo complicado (y con ello las oposiciones) sensiblemente. Y no es cosa mía, porque en “Los Diez Mandamientos” de González Palomino (escritos entre 1945 y 1950), el maestro ya decía “que el ejercicio oral suele dar la plaza y el escrito da el puesto”. Allá por 1960, mi padre suspendió  el dictamen en la primera convocatoria a la que se presentó (aprobó a la segunda, y aún así ocupa un puesto de privilegio en la clasificación general de los más jóvenes). Tendría 23 años y el Tribunal le dijo que podía darse por satisfecho con lo conseguido “a su (tierna) edad”. ¿Mi padre fue la excepción que confirmaba la regla de González Palomino? ¿Hoy se puede decir que los orales dan la plaza y el escrito da el puesto (la posición)?

Frecuencia de convocatorias

Otro dato a considerar en esta medición de dificultad entre las oposiciones de antes y las de ahora, es el distanciamiento entre las convocatorias (a menos convocatorias más desánimo para comenzar o continuar, entre otras cosas en las que influyen). En la década de los sesenta del pasado siglo, hubo nueve convocatorias. En la década de los ochenta, hubo ocho. En mi época de opositor, entre 1991 y 2002, hubo seis convocatorias. Después de mi aprobado, ha habido siete convocatorias en quince años (2002-2017, incluyendo la convocatoria que está en curso) con un número de plazas que ha oscilado entre las cien y las ciento cincuenta y dos. En los sesenta eran más, pero de menos plazas, en los ochenta fueron de muchas plazas y en las épocas más recientes hay bastante igualdad entre unas y otras, aunque hubo un par de convocatorias de tan solo sesenta plazas y alguna ha superado las ciento cincuenta.

Un inciso: ¿Qué entiendo por “antes” y qué entiendo por “ahora”?

Me decía, hoy mismo, un compañero que él pensaba que nuestras oposiciones “antes eran más difíciles”. Su razonamiento me ha llevado a pensar que tal vez su antes y su ahora, no fuera el mismo antes y el mismo ahora que el mío, por eso hago esta parada y me explico: cuando digo antes me estoy refiriendo a la época del único ejercicio oral (antes de 1987) y cuando digo ahora me estoy refiriendo a la época de los dos orales (después de 1987), con los matices que correspondan por la existencia o no de las llamadas dispensas o reservas de nota que luego comento.

Dicho esto, sigo….

Número de firmantes

Como escribí en mi post “De mayor quiero ser Notario”:

“Manuel Bagües profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Aalto en Helsinki, ha analizado detalladamente  aquí los datos sobre firmantes de las convocatorias de las oposiciones al título de notario de los últimos años. No me atrevo a apuntar, ni a examinar las causas, solo a constatar un hecho: el “cuerpo” de opositores a notarías es cada vez menos numeroso. Agradezco a mi compañero Marcos Serrano, autor del blog “Opositar a notario” que me enlazara con el profesor Bagües y a éste el caudal de datos que nos proporciona sobre nuestra cantera. No me resisto a mencionar, por si no pincháis el enlace, a deciros que en 1993 firmaron la convocatoria 1.463 opositores y que en la de 2014 lo hicieron solo 830. En la que comienza en unos días, han firmado 841 opositores”.

Evidentemente, el número de firmantes influye en que la oposición sea más o menos difícil y podríamos decir que existe una acusada tendencia a la baja en los últimos 25 años. Los firmantes en las actuales oposiciones en curso han sido 852 (22 más que en la de 2014). A menos firmantes y más plazas, mejor ratio. No dispongo de datos más allá de 1993 (mi primera convocatoria y en la que comienza el análisis del profesor Bagües) por lo que no puedo desarrollar más esta linea argumentativa, aunque me gustaría hacerlo (siempre puedo recurrir a la Gestoría Calvo que podría también indicarme el número de plazas de cada convocatoria)Me atrevería a decir, sin embargo, que los firmantes en otras épocas más lejanas debieron ser muchos menos y que tal vez el incremento pudo producirse a partir de los setenta. En consecuencia, a efectos de firmantes, tal vez se haya pasado por varios ciclos de subidas y bajadas.

En privado un compañero me da su opinión sobre el asunto de los firmantes y me permite incluirla en mi post (¡gracias¡), puesto que me parece muy interesante:

“La disminución significativa en el número de opositores que se presenta actualmente provoca que la ratio opositor/plaza sea ahora bastante interesante. Tal vez la disminución pueda deberse a que por la crisis ya no se considere tan interesante ser Notario desde el punto de vista económico y a que con los nuevos planes de estudio, las asignaturas son cuatrimestrales y no anuales como eran antes, por lo que falta costumbre de hacer exámenes únicos con un gran número de temas”

Los temas y los preparadores

En la facilidad para encontrar temas, para prepararlos, hacerlos o corregirlos, en el acceso a preparadores y a academias de preparación (que son muchas más que antes) y a las becas (que también se han incrementado), gana, diría que, por goleada, la época reciente. Mi padre estudiaba el Castán y el Roca Sastre, se hacía los temas, con suerte a máquina, y muchas veces de su puño y letra. Actualmente hay opositores que se siguen haciendo los temas, pero aún en ese caso, las facilidades, incluyendo sobre todo las de tipo técnico, son enormes frente a las que había décadas atrás.

Las mujeres

Las mujeres no pudieron acceder al notariado en España durante años. Consuelo Mendizábal Álvarez (promoción de 1942), Margarita Baudín Sánchez (promoción de 1944) Carolina Bono Huerta (promoción de 1947), fueron las únicas (como excepción y por una situación de transitoriedad que se explica en el primer enlace de este párrafo) que consiguieron serlo antes de la modificación de la norma que lo impedía. La prohibición que impedía a las mujeres participar en toda clase de oposiciones se mantuvo hasta 1961.

La primera mujer en conseguir ser Notario tras la desaparición de la prohibición fue María Rosa Cameno Iglesias (promoción de 1969), que se jubiló en 2013 al cumplir la edad reglamentaria. Cameno fue la única mujer de su promoción, pero se tardó más de quince años en que hubiera una cierta cercanía entre el número de aprobados de cada sexo pues en las cinco siguientes oposiciones las chicas fueron 1-4-2-2-2 (estas dos últimas en la convocatoria de 1978). Quince mujeres Notarios (o Notarias, según preferencias) durante toda la época franquista, merecedoras del mayor de los reconocimientos posibles.

En las últimas oposiciones, las mujeres superaron por primera vez en la historia del Notariado español a los hombres: el resultado fue un 49-41 y en las oposiciones en curso (a día de hoy) van tres mujeres aprobadas en el segundo, por cada dos hombres. En unos años, nos situaremos en vías de extinción. Dicen que las mujeres son mejores opositoras que los hombres, pero casi mejor que dejo este tema para otro día…

El servicio militar

La supresión de la mili supuso que los opositores masculinos dejaran, desde 2001, de destinar un largo periodo de tiempo a hacer el servicio militar o las milicias universitarias. La mili era un tiempo de parón en el estudio que no sufre el opositor actual. El servicio social que las mujeres también tenían que cumplir en la época franquista, no creo que tuviera casi ninguna influencia en las opositoras de entonces, por sus características y por las pocas que pudieron intentar ser Notarios en aquellos años y verse afectadas por su obligatoriedad.

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Organización de los exámenes

La mejor organización de las convocatorias, de los exámenes, permite encarar de otro modo la recta final de cada ejercicio y prever el día en que uno se examinará; la calidad de las comunicaciones por tierra y aire para organizar los desplazamientos al Colegio celebrante de la convocatoria; la formación de uno o varios tribunales examinadores (no es lo mismo uno, que dos, que tres) que repercute en la rapidez de la oposición y en la distancia entre los ejercicios (que se disminuye) y el ritmo que se autoimponga el Tribunal, son otras circunstancias que, sin duda, se han de tener en cuenta.

Remontada de los suspensos y reservas o dispensas de nota en las oposiciones a notarías

Otro argumento a considerar podríamos encontrarlo en el análisis de la vuelta al estudio de los temas tras un suspenso en el primero o en el segundo (cuando ya había dos ejercicios).

En la época de un solo ejercicio, tras suspender, uno tenía todos los temas frescos en la cabeza e imagino que mantenerlos así hasta la siguiente convocatoria, era relativamente sencillo. Sin embargo con dos ejercicios orales, el suspenso en el primero te fuerza a darle caña al segundo, olvidando el primero. El suspenso en el segundo, te aboca a un importante repaso del primero que te hace olvidar el segundo que acabas de empollarte.

El profano podría pensar que después de tantos años estudiando, un suspenso no es más que una postergación del momento del aprobado y que todo es pan comido en adelante, pero la oposición es como la preparación de una final olímpica o de una maratón: todos queremos llegar en perfecto estado de forma al día del examen; unos lo consiguen otros no y los que no lo consiguen, tienen que comenzar la preparación de un nuevo ciclo desde mucho más atrás de donde estaban porque el momento dulce de tener todos los temas en la cabeza y en situación de aprobar es efímero.

De todas formas, este argumento es inescindible del asunto de las reservas de nota. Lo tengo contado en otro post, pero lo traigo a colación también en este.

Las reservas aparecen con la reforma del Artículo 20 del Reglamento Notarial en 1984 (aún en la época del oral único). El único ejercicio oral que comprendía todos los temas del programa en aquellas fechas, se dividió en dos ejercicios orales a partir de 1987 y en ese año vuelve a modificarse el  Artículo 20 para extender la reserva al nuevo segundo ejercicio oral. De la reserva de nota se pasaba a la que los opositores llamábamos “doble reserva” que era la que te libraba de presentarte a los orales en la siguiente convocatoria, frente a la reserva del primero que solo te libraba de éste. Las convocatorias en que las reservas de nota se pudieron conseguir y utilizar fueron las comprendidas entre los años 1984 y 2004. En la convocatoria de Valladolid del año 2006 dejaron de existir. Si no me equivoco fueron estas las catorce convocatorias con reservas (con una buena parte del cuerpo notarial actual aprobado con este sistema):

2004, 2002, 2001, 1998, 1997, 1995, 1993, 1991, 1990, 1988, 1987, 1986, 1985 y (tal vez) 1984.

Con las reservas, el varapalo del suspenso cambiaba radicalmente para los que la o las conseguíamos (yo fui doble reserva) para la siguiente convocatoria, pues o te centrabas en el tercer ejercicio (como fue mi caso) si tenías la doble y olvidabas los temas o te centrabas en el segundo si la habías conseguido para el primero. Sin duda, las reservas han influido enormemente en la dificultad de las oposiciones que no ha sido la misma en la época del oral único, sin reservas o con reservas, en la de los dos orales, con reservas primero y sin reservas después y hacen decir y pensar mucho de las promociones que desde 2006 ya han lidiado las oposiciones sin el capote de la reserva. Probablemente, el sistema de las dispensas de nota suavizó los rigores de la oposición para aquellos opositores que tenían la suerte de presentarse a su primera convocatoria aprobando el primero y el segundo y que aprobaban el tercero en la siguiente o para los que en su primera convocatoria aprobaban el primero y suspendían el segundo, aprobando el segundo y el tercero en la siguiente. Fuera de este caso, la reserva de nota, podía ser un handicap cuando luego llegaba el suspenso en el segundo o en el dictamen de la siguiente convocatoria y tocaba comenzar desde el principio en la siguiente. Perder la reserva era, sin lugar a dudas, un auténtico infierno que se habrá llevado a muchos opositores a la tumba.

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Las distracciones

¿Hay ahora más distracciones y tentaciones? Sin duda pero no creo que esto sea realmente representativo porque un buen opositor debe saber mantenerse al margen de todas las tentaciones, aunque “haberlas haylas”. Pronto escribiré sobre lo que Marcos Serrano ha denominado un opositor “cómo debe ser”.

¿Ha variado el nivel de exigencia de los temas?

Actualmente se sigue repitiendo aquello de que el Fiscal y el Notarial “se van a exigir” y, por supuesto, la presencia del Procesal y el Administrativo sigue siendo simbólica. ¿Acompañaba alguna materia más al Fiscal y al Notarial en la época del ejercicio único?

Las medias para aprobar

La promoción de 1986, si tomamos como punto de partida de la preparación de la oposición los 23 años, empleó una media de 4,73 años de preparación, mientras que la mía empleó 7,04 años. La promoción de 1981 aprobó con una media de 26,68 años y la mía aprobó con una media de 30,04 años. En mis convocatorias (aquellas que firmé entre 1991 y 2002), oscilamos entre los 28,36 de la primera (que fue una convocatoria de pocas plazas) hasta los 31,21 de la quinta y última (en la que fuimos 98 los aprobados). Desde que aprobé se ha oscilado entre los 30,33 de la última (la de Cataluña) hasta los 31,66 años de la convocatoria de 2009 (los más viejos de media de la historia). Es también interesante el dato de que las mujeres en esa última promoción (Cataluña) son, de media, casi dos años más jóvenes que los hombres (emplean de media casi dos años menos que los hombres en prepararse y aprobar).

“El Notario más joven”

Creo que, como argumento en sede de dificultad, puedo aportar el listado de los más jóvenes que se puede consultar en mi post “El Notario más joven” pues está plagado de compañeros aprobados hace décadas y contiene muy pocos nombres recientes. Creo que mi listado, es demostrativo del posible (no me atrevo a decir que claro) aumento de la dificultad en la época de los dos ejercicios (especialmente sin reservas), aunque la competición entre los de antes y los de ahora nunca arrojará un seguro ganador porque por encima de todo está la valía de cada opositor y esta ha sido (pienso) siempre la misma en todas las épocas.

Conclusión sobre las épocas más difíciles

No obstante, como al final el público quiere que uno se moje, como me pasó con este post, voy a tomar mi decisión.

Argumentos en favor de la mayor dificultad actual:

1 Dos orales

2 Incontinencia

3 Tercer ejercicio

4 Incorporación de las mujeres

5 Nivel de exigencia

6 Distracciones

Argumentos en favor de la mayor dificultad anterior:

1 Oral

2 Facilidades de preparación

3 Servicio Militar

4 Organización de las convocatorias

Argumentos neutros:

Número de convocatorias

Número de firmantes

Las reservas de nota

Para mi influyen tanto en la dificultad de la oposición que obligan a formar cuatro grupos de opositores: los del único oral sin reserva, los del único con reserva, los de los dos ejercicios con reserva y los de los dos ejercicios sin reserva. Mi ordenación, por grado de dificultad, entre los cuatro grupos sería:

dos ejercicios sin, en primer lugar,

dos ejercicios con,

un ejercicio sin,

y, por último, un ejercicio con.

Mi posicionamiento completamente subjetivo nada tiene que ver con la cosecha de cada época, de cada convocatoria, pues el fruto de las oposiciones no es directamente proporcional a la dificultad de conseguir ganarlas, lo que nos llevaría al análisis de si las oposiciones son o no el mejor método de selección, aunque esa ya es otra historia…

Seguiremos….argumentando, con el ánimo de pasar el rato. Gracias a todos.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario

Postdata: He comprobado que mi tema 9 de Civil, ocupaba trece folios por una sola cara, pero con un numero de líneas superior a las del tema de mi padre. Mayor extensión, mayor condensación. Multipliquen por 360 temas.

 

 

2 comentarios

  1. Interesante artículo. Además, aunque parezca una tontería, los opositores actuales (según mi opinión) tenemos una batalla mucho más dura contra las distracciones, que a la vez, son más “adictivas”. Internet, smartphones, whatshapp, más canales… Si no superas la batalla, la productividad del estudio disminuye considerablemente. Un saludo.

    • Hola David:
      Me parece un dato a considerar, porque sin duda las distracciones hoy en día pueden ser mucho más grandes. Con tu permiso haré un apunte en el post. Gracias por la participación y el comentario. Un abrazo. Justito El Notario.

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