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26 años desde que empecé la oposición a notarías

Sí amigos, exactamente hoy y me da horror pensarlo porque han pasado muy rápido, tanto los años malos, que fueron casi once, como los buenos que ya son quince. El horror en cualquier caso es relativo porque lo importante es poderlo contar, lo malo sería no poder hacerlo. El tiempo pasa rápido y ya hemos celebrado el XVº desde el aprobado.

Una noche me desvelé y en mi desvelo, se me ocurrió que podría plantearme este post y articularlo a razón de un recuerdo por año transcurrido.

Y estos son los XXVI recuerdos que me han ido viniendo a la cabeza sobre la oposición

I.- Hacia la mitad de la oposición desarrollé una manía agotadora: volver a empezar a cantar los temas, cuando me atascaba o pronunciaba mal una palabra o no me gustaba como había dicho algo. A mi mujer que me los tomó decenas de veces, la desesperaba, así que cuando veía que me iba a atascar me decía “sigue, sigue, sigue, no te pares”. Eso mismo me lo decía cuando me quería parar porque pensaba que no me sabía el tema. Después de todo fue un extraordinario entrenamiento para evitar levantarme de la silla aquel día de “está aguantando, está aguantando” que  os contaba en este otro post.

Con los artículos largos y especialmente con los del Código Civil sobre la adopción me atascaba muchísimo. Recuerdo un día en que repetí el Artículo 173 del Código Civil hasta quedar completamente agotado y desquiciado.

II.- Los temas de Derecho Foral me llevaron siempre bastante loco, hasta el punto de que cuando mi orden de estudio de los temas, tras años de oposición, llego a ser completamente anárquico y no hacía casi caso a MAC, mi preparador, acumulaba todos los Forales al final de cada vuelta. Pretendía llevarlos más frescos, aunque la realidad es que los atrasaba porque se me atragantaban y me costaba mucho estudiarlos y repasarlos. En una de las convocatorias a las que me presenté me salió el Tema 122 (no sé con cual se correspondería actualmente) que incluía las “Especialidades forales en materia de legados y donaciones mortis causa”. Con este y otros 3 temas más conseguí la doble reserva que me salvó de volverme a examinar de los dos primeros ejercicios en la siguiente convocatoria.

Si en el primer ejercicio el Foral podía conmigo, en el segundo ejercicio los que se me atragantaron fueron los temas relativos a la letra de cambio.

Pero pesar de mi odio al Foral, a los temas de la letra, al de la adopción, al del título preliminar del Código Civil, y en general a los de los artículos largos, mi problema para aprobar la oposición no fueron los temas (hice tres primeros y tres segundos y aprobé cinco ejercicios orales). Mi problema fue el puñetero dictamen. El primer día que canté un tema (el Tema 2 de Civil creo que fue) mi preparador ya me dijo “¿habías cantado alguna vez?”, “pues muy bien para ser la primera vez”.

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III.- Mi tema favorito fue sin duda el Tema 49 de Civil, el de las servidumbres legales. Dos veces lo saqué en un primer ejercicio. Es un tema cargadito de artículos del Código Civil que me salió bien la primera vez que me enfrenté a él delante de un tribunal y mejor aún cuando repetí con él en otra convocatoria. Mira que es difícil, pero también suceden estas cosas en las oposiciones. Seguro que siempre habrá alguien que diga “¡qué suerte¡”, como si aguantar en la cabeza los 50 artículos que (aproximadamente) incluye durante varios meses y hasta durante años fuera tan sencillo.

IV.- Para mi tercera convocatoria, sufrí un cambio de programa. Empecé con el de 1988 y pasé por el de 1996. Cuando aprobé, ya había un tercero, el de 2000 que se utilizó en las oposiciones convocadas desde el 1 de enero de 2002 y que es el que ha sido recientemente sustituido (si no me equivoco) por otro nuevo que lo están sufriendo los opositores en este momento. Una oposición larga no suele librarse de un cambio de programa. Con mala suerte, no se libra de dos cambios de programa. El cambio de programa es absolutamente traumático para los opositores.

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V.- Ya desde mi primera convocatoria empecé a dormir con tapones en los oídos. En principio, los utilizaba en la siesta, pues había más ajetreo en casa, pero luego empecé a utilizarlos también por la noche. Solo me ponía el de la oreja que tenía boca arriba. El otro oído me lo tapaba cuando me daba la vuelta y así durante toda la noche mientras que no estuviera profundamente dormido. Esta curiosa habilidad también la desarrolló mi hermana (que también opositaba y aprobó notarías) y ambos seguimos compartiéndola actualmente.

VI.- En mi devenir semanal había dos momentos generalmente felices. Uno era después de cantar los temas, salvo que no hubiera tenido una buena semana o un buen cante. Me relajaba tanto que hasta un extraño hormigueo me sacudía las mandíbulas. Liberación de la tensión acumulada, tal vez. Me sigue pasando cuando me desestreso, pero de tanto en cuando.

El otro momento tenía lugar los sábados al medio día, cuando me tomaba la primera cerveza del fin de semana. Lo hacía mientras guardaba los temas en sus carpetas. Hasta llegué a inventarme un bailecillo y una canción. Se llamaba “Weekend, weekend”.

Seguro que muchos pensarán “¿descansabas un día y medio?” Sí, así era. Descansar solo los domingos me amargaba profundamente, así que los sábados procuraba madrugar más de lo habitual y apurar bien la mañana hasta la hora de comer, para luego quedar liberado.

VII.- Me gustaban mucho esos sábados por la mañana, cuando me iba al piso donde estudiaba y la ciudad era distinta. Menos gente, menos tráfico. Me cruzaba personas diferentes a las del resto de la semana. Con algunos de los que me crucé durante tantos días de tantos años, llegué hasta a saludarme. Incluso a alguno lo he conocido años después y hemos recordado que sólo nos conocíamos, aunque nos saludáramos, de cruzarnos por la calle.

VIII.- De vacaciones no anduve mal los primeros años. Con el paso del tiempo, las vacaciones eran periodos de pocos días entre aprobado y suspenso, entre aprobado y aprobado, entre una convocatoria y la siguiente. Llegué a tener jornadas maratonianas de 14 horas estudiando, llegué a no cambiar la hora de mi reloj cuando pasábamos del horario de invierno al de verano o viceversa para no alterar mis biorritmos. Recuerdo una mañana de cambio de hora, todavía de noche cerrada, que llegué a mi quiosco habitual. El quiosquero me dijo, “te has equivocado de hora, como yo, ¿no?” “no, yo no me he equivocado, sé que ha cambiado la hora y que es una hora más temprano”, le respondí. Aquel día supo el quiosquero a qué se dedicaba aquel extraño joven que le compraba el periódico y tabaco todos los días.

La vuelta de las vacaciones, ya fueran largas o cortas, fue siempre un suplicio para mí. Si ya me pasaba en el colegio, ¡no me iba a pasar en este trance de mi vida¡ ¡Si me sigue pasando actualmente¡ Tal vez este año ha sido diferente. Nada de propósitos, ni buenos, ni malos, mi propósito ha sido no tener propósitos. Me los sé de memoria, solo tengo que aplicarlos. Ojalá hubiera podido pensar de igual modo en la oposición. Entonces mi preparador me decía frases como aquel Justito, los árboles no te dejan ver el bosque”.

IX.- Creo que merece epígrafe independiente otra anécdota relacionada con el ahorro de tiempo. En el 95 o 96, me bailan las fechas, me tenía que examinar en Madrid y para no perder una buena parte del día sin estudiar, decidí viajar en tren, pero en tren expreso que era el que hacía el trayecto por la noche. Así que tras aprovechar todo el día estudiando, casi a medianoche, me fui a la estación de tren y me acomodé en mi coche cama para pasar la noche, con la idea de llegar fresco a Madrid, desplazarme hasta el hotel y ponerme a estudiar de inmediato en la habitación. No conté con los continuas paradas que estos trenes correo suelen hacer en su recorrido, ni con el traqueteo ni con los frecuentes silbidos. Resultado: que al llegar al hotel me tuve que poner a dormir unas horas, aunque creo que no perdí tanto tiempo como lo hubiera perdido haciendo el viaje de día.

X.- En el piso en el que estudiaba recibía con relativa frecuencia las visitas de mis amigos. Siempre me venía fatal y me alteraban todos los planes, pero esas visitas, la radio y el tabaco eran las únicas distracciones en un mundo sin teléfonos móviles, tabletas o portátiles, aunque la mirilla de la puerta y el ajetreo de la consulta médica al lado me tenían entretenido y convertido en un auténtico opositor voyeur. Fui como un James Stewart en “La venta indiscreta” pero con mirilla en vez de cámara.  Bueno, mirilla y prismáticos que también los tenía para entretenerme cuando miraba por las ventanas.

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También el piso nos sirvió para echar buenas partiditas de cartas y tomar unas cuantas cervezas. Me daba apuro que mis amigos leyeran, cuando me visitaban, mis eslóganes escritos en folios reciclados y pegados con celo a las paredes:

      ESTA NO ES TU OPOSICIÓN PERO PODRÍA SERLO

       LOS TEMAS TE LOS SABES

         NO TE PONGAS MÁS PRESIÓN DE LA QUE YA TIENES

Y similares como estos….

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XI.- Mis temas siguen teniendo sitio en mi despacho. Ya me voy perdiendo entre los números, pero aún saqué uno el otro día para consultar la cuestión del acrecimiento en la legítima.

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En una ocasión entraron a robar en mi piso de estudiante. Cuando me enteré salí corriendo hacia allí para comprobar que mis temas estaban en su sitio. Solo me robaron las gafas de ver, pero los temas estaban intactos. A fin de cuentas, ¿quién iba a quererlos?, tal vez ¿un secuestrador de temas?

En otra ocasión debí (al haber cerrado de noche y sin luz en el descansillo de la escalera) dejar abierta la puerta de mi opozulo, con el consiguiente susto a mi regreso por la mañana y sin que mis temas sufrieran tampoco daño alguno.

Por cierto, no conozco a ningún opositor que, cumpliendo la promesa que todos hacemos e incumplimos, haya quemado los temas tras haber aprobado la oposición. Yo, de hecho, quiero encuadernarlos como hizo mi padre con los suyos que ahora guardo, como oro en paño, en mi librería.

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XII.- El surmenage. Cuando los exámenes están cerca, el opositor desarrolla un gran temor a ponerse enfermo. Unos días antes de mi primer examen en mi primera convocatoria, me encontré mal. Tenía unas décimas de fiebre. Inmediatamente fui al médico que me diagnosticó “surmenage” o “síndrome de Burnout”.

Tomo prestada de la Wikipedia la definición de este síndrome:

“El síndrome de Burnout es un padecimiento que a grandes rasgos consistiría en la presencia de una respuesta prolongada de estrés en el organismo ante los factores estresantes emocionales e interpersonales que se presentan en el trabajo, que incluye fatiga crónica, ineficacia y negación de lo ocurrido”

El diagnóstico, que el Doctor Montoro, mi internista, clavó, me sentó de maravilla. ¡Surmenage¡ Menos mal que no era una inoportuna gripe a pocos días del examen. Desde entonces creo que viví la oposición afectado de manera permanente por ese síndrome.

XIII.- En periodos de tiempo tan largos como los que pueden abarcar unas oposiciones como estas, hay que tener una cierta suerte para no sufrir enfermedades propias o en la familia o no pasar por algún fallecimiento o por cualquier otra circunstancia de la vida que pueda afectar de forma importante al estudio o a los exámenes. En mi caso si se dio esa circunstancia que fue el divorcio de mis padres que se consumó a pocas semanas de ese mismo primer examen, el del surmenage. Hice lo que pude para aguantar ese pressing añadido y aprobé. Las circunstancias me dieron fuerzas, pero el agotamiento físico y mental fue importante.

XIV.- Otra manía: Asegurarme de haber puesto el despertador.  Antes de apagar la luz y aún con ella apagada lo comprobaba unas cuantas veces. Sonaba a las 8:00 y remoloneaba hasta las 8:20. Luego me levantaba con los ánimos bajo mínimos. Conservo todavía esta manía aunque muy disminuida gracias al teléfono móvil que facilita la organización de las alarmas periódicas.

XV.- El expreso de medianoche”. Coincidió el enésimo pase de esta película (una de mis favoritas) en la tele con mi primera histeria como opositor. Mi triste vida me daba derecho, o así lo consideraba yo, a elegir en casa la programación de la tele. Aquella noche no hubo quorum y me marché muy enfadado a casa de mi hermano mayor, ya casado, a ver la película. A la vuelta, aunque tal vez no fuera el mismo día, aporreé la pared de mi dormitorio porque mis hermanas, que estaban en el dormitorio contiguo, reían y no me dejaban dormir. Mis padres acabaron comprándome un aparato de televisión con vídeo incluido para evitar aquellos prontos míos.

XVI.- Allá por la primavera de 2002 los que estábamos preparando el Dictamen, el tercer ejercicio de las oposiciones, en la Academia de Madrid, íbamos recibiendo la visita de amigos o conocidos opositores que se examinaban y que aprobaban o suspendían. Dependiendo del grado de amistad y, por supuesto, si se aprobaba, había algo de fiestecilla.

Hubo una noche memorable creo recordar (perdón si me olvido de alguno o sitúo allí a quien no estaba) que con Miguel Delgado (que era el que había aprobado), José Luis Navarro, Sergio García-Rosado y Victoria Pámpano, en un karaoke de la Calle Huertas, en el que acabamos cantando y ya que estábamos solos en el establecimiento, cambiando las letras de las canciones.

Estuve inspirado aquella noche en la que, entre cervezas y chupitos, me salió esta versión Dictamen de “Me colé en una fiesta” de Mecano que titulamos “Me colé en el Dictamen” y que fue la siguiente:

              “El segundo aprobé y en el dictamen me planté

              donaciones para todos, lo pasaré bien

                 Yo me preguntaaaaba ¿quiéeeeeeeen colaciooooonará la donación?”

No recuerdo como seguía. Han pasado ya 15 años, pero estoy seguro de que la tengo escrita por algún sitio.

XVII.- Al hilo del anterior recuerdo me viene a la cabeza otra historia. La preocupación por un eventual Dictamen sobre colación como el que hubo para uno de los dos Tribunales en Sevilla en la convocatoria 96-97. Volvíamos locos a Alfonso Ventoso Escribano, que accedió a hacernos un “Especial COLACIÓN”. Era un dictamen muy sencillo en base al supuesto de las oposiciones de Valladolid de 1954. Junto al supuesto de hecho, un poco de cachondeito para animar el asunto como podéis ver en la foto.

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XVIII.- Hay que ver que apocado está uno mientas que oposita. Mis queridos José Luis y Sergio y yo, cuando vivíamos en el León XIII, sufríamos considerablemente cuando nos tocaba llamar a alguno de los preparadores para citarnos con ellos e ir a sus notarías (otros nos recibían en la Academia) a corregir los dictámenes. Acabamos recurriendo al palito más corto para decidir quién llamaba y nos despelotábamos de risa del que le había tocado llamar, que nos echaba de su cuarto mientras hacía las llamadas.

XIX.- Entrando por primera vez en mi blog en cuestiones escatológicas, recuerdo que con un preparador, cuyo nombre por razones obvias no puedo citar, con el que preparé Dictamen en Madrid tuvo lugar uno de los peores (o mejores, según se mire) momentos de mi vida de opositor.

Estando en su notaría corrigiendo un Dictamen, escuchamos (procedente de su asiento) un ruidito que pudo ser (o al menos lo parecía) un pedo pequeñito. Desde entonces nos referimos a aquel preparador como Peito López (nombre supuesto). Imagináos ese momento para los ocho opositores que estábamos allí, casi todos buenos amigos. Fue amargo el conseguir, a duras penas, aguantar la risa.

XX.- A la vuelta de la corrección de algún Dictamen en aquellos meses de Madrid, especialmente si nos habíamos pasado por la Calle Huertas, con nuestros Códigos a cuestas predicábamos en el Metro que nos llevaba de regreso a la Residencia el “Apocalipsis mercantil” que fue el nacimiento de mi famoso “pobres gentes”. Se trataba de enunciar los artículos del Código de Comercio en plan apocalíptico comenzando la lectura con voz profunda (aunque achispada, claro está) siempre con aquel “pobres gentes”.

Sería algo así como…

“Y sabed “pobres gentes” que son comerciantes para los efectoooos de este Códigooooo:

1.º Los que, teniendo capacidad legal para ejercer el comerciooooo, se dedican a él habitualmenteeee.

2.º Las compañías mercantiles o industrialeeeeees que se constituyereeeeen con arreglo a este Cóooodigo.

No sé si a alguien más le haría gracia y supongo que nos verían como inofensivos estudiantes, pero nosotros nos reíamos a más no poder.

XXI.= Una frase que me ponía de especial mala leche, probablemente la que más entre tantas tonterías que dicen los que no saben de oposiciones (para todo existe el cuñadismo), era la de “¿porqué te pones nervioso si te faltan tres meses para el examen?”. Por supuesto no fue la única frase inoportuna que tuve que escuchar a lo largo de 11 años de oposición. También estaban los que te decían “pero ¿porqué no puedes estudiar?”, los del “con el tiempo que llevas estudiando te lo sabrás ya todo”, y las de algunos preparadores, que en su ánimo corrector traspasaban el umbral de lo asumible por el opositor, que iban desde el “¿veis?, esto es lo que no hay que hacer”, ridiculizando en público la lectura de tu dictamen, hasta el “¡cómo sigas así suspenderás por tercera vez el Dictamen¡”, también en público durante una lectura, pasando por el “¿tú eres disléxico?”o el “te pareces a Mortadelo (nombre supuesto porque el real era mucho peor), estas últimas al menos en privado.

A 15 años vista del final de la oposición, aún hay cosas que te remueven el interior cuando las piensas. A pesar de la liberación que este blog mío ha supuesto en este y en otros temas, tengo una cierta reserva en comentar algunas de ellas, así que dejaremos las cosas en este punto, no sin antes decir que las impertinencias que sufre un opositor dan para mucho más que este pequeño retazo.

XXII.- Una cosa singular que yo hacía y que no creo que mucha gente haga, consistía en colorear los días con rotuladores en un calendario de pared. Utilizaba distintos colores y cada día podía tener un solo color o varios, de manera que la circunferencia que trazaba en torno al día tachado podía tener varias franjas como si fuera una especial carta de ajuste. Por supuesto que los mejores días eran los de color verde.

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XXIII.= La parálisis del sueño. Recurro de nuevo a la Wikipedia para describir correctamente este trastorno.

La parálisis del sueño es una incapacidad transitoria para realizar cualquier tipo de movimiento voluntario que tiene lugar durante el periodo de transición entre el estado de sueño y el de vigilia”.

Gracias a Dios, y no suele invocarlo, solo me pasó dos veces, pero esta pesadilla de estar dormido y estar despierto sin poderte mover, sin poder gritar, como si estuvieras pegado a la cama, como si una mano invisible te apretara el pecho contra la cama, es algo completamente terrorífico.

XXIV.- Ya he contado que me casé antes de aprobar la oposición y después de que mi novia, hoy mujer, aprobara la suya como teníamos convenido. Lo que no he contado es que nuestra boda fue una boda al borde de un ataque de nervios. Y así lo dijo el cura en el sermón: “Ya sabéis que Justito tiene una costilla rota y que Doña Justa tiene una endodoncia recién hecha, así que cuidado con los besos y los abrazos”. Lo mío fue el resultado de una mala caída en la despedida de soltero (bueno en una de ellas porque hubo varias) y lo de mi mujer una vieja infección que afloró como consecuencia de los nervios de aquellos días. Mi hermano, el de cuellotortuga, le dijo al cura (y a éste no le hizo ninguna gracia) que tal vez podríamos cambiar alguna lectura e incluir la de “la costilla de Adán. En fin, nuestra noche de bodas (a pesar de seguir el extraño consejo de mi hermano de “cómprate el mejor colchón”) y la luna de miel fueron más propias de una pareja del Inserso que de unos jóvenes de 32 y 31 años, aunque el esfuerzo nos ha finalmente recompensado y ahora nos reímos cuando recordamos aquellos momentos.

XXV.= Nos reíamos a menudo José Luis, Sergio y yo con las profesiones alternativas que tendríamos de no aprobar la oposición. José Luis, parece ser (porque nunca quedó claro) que hasta tuvo presentado su curriculum para ser operario en una fábrica de porcelanato en la provincia de Castellón, aunque nuestra profesión alternativa preferida era la de secuestrador de protocolos notariales. Curiosamente nunca pensamos en los libros del Registro, tal vez porque pesan mucho y ocupan más. No ahondaré más en la idea, no vaya a ser….Temíamos vernos haciéndonos caracolillos en el pelo o de cantantes en el Metro o recitando el Apocalipsis mercantil, pero no fue así, aprobamos los tres y dejamos atrás esta etapa de la vida que como las demás etapas pasadas ya no volverán más.

XXVI.= Recuerdo otra anécdota relacionada con José Luis y Sergio. Cuando estábamos en Madrid preparando el dictamen procurábamos movernos para conseguir hacer algunos con los preparadores que considerábamos mejores o que más nos gustaban o que más fama tenían. Un día se plantaron los dos en el despacho de un famoso preparador con la intención de llorarle un poco para que les aceptara en su grupo de opositores. Debió haber alguna confusión. Puede que estuviera esperando la visita de otro par de opositores, porque los recibió con los brazos abiertos y les acogió en su seno casi sin mediar palabra. Yo no les acompañé aquella mañana y me arrepentí de no haberlo hecho, aunque tal vez no hubiera sonado la flauta, si esperaba un dúo y le hubiera aparecido un trío de opositores.

Ya veis, al final de todo aprobé y me pasó como al Teniente Dan cuando, después de la tormenta, el “Jenny” continúa a flote: que me reconcilié conmigo mismo.

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Ánimo y Suerte a todos.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario

 

 

10 comentarios

  1. Impresionante. De todos modos, entiendo que Notarías es un caso aparte dentro del mundo de las oposiciones, algo así como un 8000 en alpinismo. Pasaba por aquí, porque estos días me estoy planteando muy seriamente hacer una oposición del grupo A1 y 150 temas, pero tengo ya 34 años y, aunque a nivel económico-vital podría permitírmelo, tengo miedo a… ¿marchitarme? en el camino, aparte de todas las penurias e incertidumbres que relatas. En mi familia hay tradición de opositores exitosa en la misma línea que parece haber en la tuya (de otros 8000 jeje), pero ni es una oposición para juristas, ni estudié Derecho, por tanto no sé cuál es realmente mi capacidad. Un saludo, y enhorabuena por el blog

    • Hola Rodrigo:
      Gracias.
      Me gusta eso del alpinismo…es muy ilustrativo. Tengo en preparación un post que se titula 54.000 policías y 840 notarios. ¿Porqué tanta gente quiere ser policía y tan poca quiere ser Notario? Si (permíteme la ironía y de eso irá el post) es muy fácil, si todo el mundo parece que sabe hacer nuestro trabajo…
      En fin, tengo otros posts en la sección Oposiciones que pueden ayudarte.
      Empezar a opositar “mayor” puede tener pros y contras. Yo me probaría y si te adaptas, pues continuaría.
      Gracias por la participación y el comentario. Saludos. Justito El Notario.

  2. Gracias por compartir tu experiencia. Me siento muy identificada en comprobar el despertador cada noche. Como opositora principiante que soy lo hago a diario. Un saludo.

  3. No he sido opositor, pero la gente se cree con Derecho a decirte de todo cuando lo eres, ese debe de ser un apartado muy duro de llevar.

    Gracias por contar estas anécdotas tan humanas y divertidas, estoy seguro de que todos los notarios podrían contar cosas parecidas. El buen humor es un aliado imprescindible para no derrumbarse. Un abrazo fuerte

  4. José María Cañal

    Buenisimo, que me he reido, algunas cosas casi me retratan en aquella época pero en la carrera de Susana que es compi, no suso en pasarselo a opositoras jóvenes para animarles en su loco devenir

    • Estimado José María: ¡Gracias por la participación y el comentario¡. Algunas cosas son de las que te ríes con el paso de los años, porque en aquel momento no tenían ninguna gracia, pero así es la vida. Saludos, Justito El Notario.

  5. Me he visto!!!!!!
    Yo siemore odie los forales pero tb las servidumbres y los arrendamientos rústicos, a los que por cierto debo el.aprobsdo
    Iba a comentar otras coincidencias, pero, si me das la venía, creo que dedicaré un.post a ello
    Un abrazo virtual que creo que en breve será real

    • Hola Susana: Sí¡ En unos días nos pondremos cara y voz¡ Genial. Me apetece muchísimo.
      Por supuesto que te doy la venia y estaré encantado de que alguien más se desnude como opositor que fue.
      Un abrazo. Justito El Notario.

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