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El amparo del preparador y los padres del opositor

Ayer le dije a mi preparador algo que tal vez nunca le había dicho o que tal vez hacía mucho que no le decía o solo le había dicho en cierta forma.

Le dije: MAC (Miguel Ángel Cuevas de Aldasoro), si no fuera por tu amparo tal vez no habría conseguido ser Notario. Si yo hubiera tenido que cambiar de preparador en algún momento tras mi primer (y único, como sabes) suspenso en un oral, unos tres años y medio después de empezar la oposición, probablemente, nadie, ningún preparador (o casi ninguno) hubiera aguantado mi situación de interminable e insoportable crisis, sin decirme antes o después (más pronto que tarde o más tarde que pronto, no sé) que tenía o debía dejarme la oposición, que no valía para esto o que no iba a conseguirlo. Tú nunca me dijiste nada de eso. Lo máximo que me dijiste fue “Justito, ya no sé qué decirte” o “Justito, esto es serio” en una ocasión en que en un dictamen salí por los cerros de Úbeda y acabé mandando a una de las protagonistas a que hiciera una declaración de apostasía“.

Hace poco te concedieron la Cruz de San Raimundo y hace menos días has ingresado en la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia de la Región de Murcia con un discurso y con un libro que creo que va a ser pronto una obra de referencia e indispensable en los despachos de Notarios y otros profesionales jurídicos que se titula “El título sucesorio de los ciudadanos británicos en España”. Eres una persona intachable y un Notario íntegro y sabio. Un ejemplo. Me conmovió cuanto te concedieron la Raimunda, oírte decir lo que te hacía sufrir el suspenso de tus opositores. No habrás tenido a uno tanto tiempo como a mí. Me tuviste que empujar para que me fuera a cantar temas con otros y yo, aunque me resistí todo lo que pude, acabé haciéndote caso. Al final, todo nos salió bien y ayer hablando contigo me di cuenta de que quizá no te lo había agradecido nunca lo suficiente ni, insisto, te había dicho que sin tu amparo y protección, sin tu paciencia infinita conmigo, con muchas probabilidades, no estaría ahora mismo en mi despacho de Notario escribiéndote estas líneas.

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La importancia de las decisiones de preparadores y opositores a lo largo de la oposición

Ayer también hablábamos de la importancia de las decisiones. ¡Cuántas hay que tomar a lo largo de la oposición¡ Nunca sabremos qué habría pasado de haber hecho lo contrario a lo que hicimos, pero empeñados yo en seguir y tú en aguantarme llegamos a la meta y por eso te estaré siempre agradecido.

Así que si no te lo había dicho lo suficiente: GRACIAS y enhorabuena por tu ingreso en la Academia.

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Los hijos y los padres

Continuamos hablando del hijo de MAC que también está opositando y de algún otro opositor que prepara con él y al colgar el teléfono me puse a pensar en mi propio hijo y en la posibilidad de que algún día quisiera preparar notarías. Pensé en el miedo enorme que me da poder influirle, arrastrándole a un camino que en ocasiones puede resultar muy, muy empinado y frustrándole si no lo consigue. “Difícil ser duro como preparador y amparar como padre”, fue lo que me dijo MAC refiriéndose al momento en el que un hijo se encuentra ya opositando, si le preparas tu.

Mi abuelo influyó a mi padre, mi padre me influyó a mi y yo, aunque me encantaría que mi hijo fuera también Notario, he huido hasta ahora de la tentación de influirle, más que levemente.

En estos tiempos de tantas conversaciones con opositores, refrescando lo que se sufre durante la oposición, veo la cicatriz que casi once años dejaron en mi y me planteo cómo vivieron mis padres, mi novia, mis hermanos, mi abuelo y mi preparador mi sufrimiento. Me consta que todos sufrían por mi, que seguramente desearían por momentos que me lo dejara, hasta incluso pensarían (mis padres) que para qué me habrían abocado a aquel embrollo sin salida. Mi madre me recordaba cuando le conté la conversación con MAC, que ella sí que me lo pedía, cuando llegaban los duros momentos de los suspensos.

Ahora que soy padre, tengo claro que hay que encauzar a los hijos y correr el riesgo de que no les salga lo que pretendan y el de que te lo reprochen en algún momento, “si no te hubiera hecho caso” podrían llegar a decirte. Yo estuve predispuesto a la vocación, mis padres consiguieron que anidara y medrara en mí, pero ¿y si el resultado anhelado se retrasa o no llega nunca? Yo he tenido mucha suerte con mis padres y mis padres creo que han tenido suerte con sus hijos. Nos orientaron a todos y lo hicieron bien, pero ¿y si con mi hijo no pasara lo mismo?

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Así que me he visto en estos días pensando: “¡Glups¡, si Junior quisiera ser Notario y sus genes fueran más de los míos que de los de mi padre o mi hermana, ¿cómo lo vamos a pasar? ¿debo abocar a mi chaval a una cosa que causa escoceduras solo de pensar en encerrarse de cuatro a ocho años? (si tienes suerte…)” Creo que, de momento, el cuerpo me pide estar calladito e intervenir si llega el caso, prestando el máximo apoyo.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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