Inicio / Nihil prius Fide / Opositers
opositers haters

Opositers

Sinceramente me acabé riendo cuando hace unos meses día leía a @jurista89 en Instagram decir que:

“Hay determinadas cosas que sobrepasan mi entendimiento y me indignan porque soy de ese sector de la oposición que no es de Mr. Wonderful sino de “mecagoentó” dos horas al día y la mala xxxxia en vena. Se ha hecho de opositar una nueva moda -a las papelerías les encanta esto- y soy la primera en caer en la tentación de creer que necesito cincuenta tipos de bolígrafos/subrayadores porque si no, no estudio bien. Cada cual que haga en su vida lo que quiera, faltaría más, pero la gilipollez de este siglo nos está consumiendo. Avisadme cuando se nos empiece a denominar “opositers” para precipitarme del mundo directamente”.

Ya sé que es un poco bestia, pero ¿cuántos nos hemos sentido así (de mal) mientras opositábamos? Parecía realmente enfadada. Ahora mismo no recuerdo nada que me hiciera cabrear tanto como a mi amiga de Instagram. ¿Las esperas en el preparador? o  tal vez los plantones que algunos de ellos te daban. Si pienso un rato, seguro que me acuerdo de unas cuantas cosas más.

Yo en papelería gastaba poco. Bueno pegamento gasté mucho porque como fotocopiaba los viejos temas de Fernando y los tenía tan llenos de anotaciones, les hacía un corta y pega, quitando sus anotaciones hasta donde era posible y los pegaba en un folio nuevo que luego fotocopiaba. Casi no me hacía falta subrayar porque ya los había subrayado Fernando. Las fotocopias me salían gratis porque las hacía en la notaría de MAC, mi preparador, y escribir, escribía más bien poco. Folios, pegamento y tijeras fue todo lo que gasté, pero mala leche y frustración gastaba también un montón véase sino este documento de mis archivos de opositor que he rescatado gracias a @jurista89:

“No sé qué me pasa. No tengo ilusiones. Mi vida es una mierda, me siento solo, sé que hay cosas mucho peores, pero han sido cuatro años y medio luchando por una cosa y ahora no sé por qué luchar. Estoy desbordado, no sé cómo animarme, todo me asusta, nada me complace. Mi cabeza va a reventar. No tengo con quién hablar y parece que nadie entiende lo que me pasa.

Cada uno tiene sus problemas y la amistad es una mierda, todo es una mierda, lo que yo no haga por mí mismo nadie lo hará por mí, la gente no me importa, me importo yo, que le den por culo a todo, pero ¿para qué?”.

opositers haters

Traspasada mi última frontera con el post de Doping, química y oposiciones (ahora veo que había en mí alguna razón más para recurrir a la química en mi pasada vida de opositor) me parece que he encontrado una más que hoy también cruzo: la de los escritos de tipo destroyer o hater.

Antes no teníamos las redes sociales, Whatssapp o Telegram para largar y rajar a diestro y siniestro. No había las vías de escape que hay ahora. El incipiente mail (incipiente al menos para mi) y el teléfono y las sufridas familias y novi@s para aguantarte a modo de permanente diván eran, junto con los compañeros y (en cierta medida) los preparadores, la única forma de liberarte. Además estaban el papel (en mi caso folios reaprovechables por una cara) y el bolígrafo para dar forma a las frustraciones. Muchas notas y cartas (muchas dirigidas a mí mismo) tengo escritas durante la oposición y he conservado un taco de ellas. Una de las “más divertidas”, vista quince años después, es la que he transcrito aprovechando el comentario de @jurista89. Las hay de muchos tonos.

Mucho más amables, sugerentes y divertidas eran las cartas que mi novia me escribía, a veces desde sus vacaciones en Suiza (qué bien suena para un par de días que pasó por allí) y a veces desde el cuarto de al lado en el que también estaba estudiando sus oposiciones. Son las cartas desde el Opozulo que dieron lugar a sendos posts en mi blog.

Los opositers

A mi lo que me más sorprendió desde que llegué a las redes sociales (véase “De Just-ito a Notartic”) y empecé a tratarme con muchos opositores (un vistazo a mi sección “Oposiciones” da prueba de ello), es esa categoría de opositores molones que se autocalifican de vividores y de cosas similares. Supongo que serían los auténticos opositers, mucho más que los obsesionados por los artículos de papelería y similares del comentario de @jurista89.  Creo que esa estirpe de opositores siempre ha existido y no es otra que la de aquellos a los que siempre les decíamos (más bien de los que siempre pensábamos) “este no va a aprobar en la vida”. ¡Ojo¡, que yo he salido bastante durante la oposición, hasta que pude hacerlo, hasta que me apeteció hacerlo (hasta que la noche empezó a confundirme y a cansarme) y he tenido vacaciones decentes durante los tres primeros años de oposición, pero de ahí a que casen dos términos casi antagónicos como opositor y vividor, hay mucho trecho, salvo que seas el Ventura de “La Colmena” que tenía muy pocas ganas de estudiar y muchas de irse con su novia (interpretada por Victoria Abril en la película de Mario Camus), a la casa de citas.

El opositor vividor es generalmente un sujeto condenado al fracaso, al no aprobado…al suspenso y al abandono.

Yo me consideraba más bien “un puto opositor” y la oposición fue siempre “la puta (o puñetera) oposición”. En mi día a día no había más colores que los de la fecha del día en el calendario. Hablé de ello en mi post conmemorativo de los 26 años desde que empecé la oposición. En eso debía emplear los rotuladores de colores, porque por lo demás mis temas son en blanco y negro, grises, con pegotes de pegamento e incluso crucificados a papel celo. Supongo que si los sacara de sus carpetas correrían el riesgo de caerse a trozos. Algún día les daré el sitio de honor que merecen en mi biblioteca. Los llevaré a mi encuadernador y les daré brillo y esplendor, como hizo mi padre con los suyos.

opositers flipados y haters

Oposiciones restringidas o entre Notarios

Pero lo de los “opositers” es genial. Habíamos hablado de opozulos y oposicidios, se habla de veggies, de runners, de foodies y de no sé cuántas cosas más, pero un opositer, alguien que presume de ser opositor y le mole, es como un masoquista (y que me perdonen los masoquistas o masoquisters) de las oposiciones, un raro entre los raros y no me atrevo ni a creerme que esa especie pueda existir (¿o sí?).

Unos pocos de los que aprobamos notarías, continúan estudiando, poco o mucho tiempo después, para presentarse (algunos lo han hecho varias veces) a las que llamamos oposiciones restringidas o “entre Notarios” a las que solo podemos acceder, presentarnos, los que ya somos Notarios. Estos son entre los nuestros, en mi opinión, los auténticos opositers, en un buen sentido del término, gente que se queda con ganas de estudiar, que le gusta estudiar, que le gusta investigar y que quiere conseguir el premio consistente en una mayor antigüedad para aspirar a mejores plazas que las que pueden estar a su alcance con su puesto en el escalafón.

Por si alguien tiene interés en saber como funcionan, se regulan en los Artículos 97 al 108 del Reglamento Notarial.

Curiosamente en el Artículo 97, el Reglamento se refiere a los concurrentes más aptos. En las oposiciones libres hay aptos y no aptos. En las restringidas solo unos más aptos que otros, pero todos aptos. Siempre hubo clases

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

Deja un comentario