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soñando con una opositora

Una opositora viene a verme

He soñado con una opositora que conozco de Instagram.

La historia es que me despierto un día de la siesta (probablemente es también verano) y me encuentro a la opositora en mi casa hablando con mi mujer.

Como suele ocurrir en los sueños, mi casa no era exactamente mi casa, ni mi ciudad tampoco era exactamente mi ciudad, pero la opositora sí que se parecía mucho a la imagen que tengo de ella a través de las fotos de Instagram, aunque aparecía altísima y triste, casi sin inmutar palabra.

Por lo visto se encontraba de visita turística en mi ciudad y sabiendo dónde vivía se había presentado en mi casa, tocado el portero automático y subido a verme.

Había comido con su pareja y sus padres (él Notario) en un restaurante que en la realidad está haciéndose bastante conocido y en el que, por cierto, una compañera estuvo comiendo (en la realidad, no en sueños) hace pocos días. Me enteré casualmente y la pista me la dio su foto en su perfil de Whatsapp.

Cuando conseguí soltarme (en mi sueño) de los brazos de Morfeo y me costó bastante hacerlo (como hoy me estaba ocurriendo en la realidad), estaba anocheciendo; salí de mi habitación y avancé en penumbra por mi casa hasta llegar al salón donde me encuentro a la opositora hablando con mi mujer.

Sorprendido por la visita nos saludamos, yo hablo, pero ella no dice casi nada, sólo que su pareja y sus padres nos esperan abajo. Le digo que suban ellos también y mientras esperamos a que suban me dice al oído que está embarazada. Me lo dice de una forma extraña, triste, compungida, misteriosa, más bien avergonzada.

Llegan los demás, nos saludamos pero pronto nos vamos a la calle.

opositora viene a ver justito

Antes de salir, la madre me explica algo así como que su hija va a ser Notario como su padre y que así no tendrá importancia este desliz de haberse quedado embarazada.

En la calle ya solo estamos el padre y yo; los demás han desaparecido.

El padre es un tipo menudo pero fibroso, con bigote fino y algo puntiagudo. Le quedan cortos los pantalones y no lleva calcetines. Aunque creo que es verano lleva una prenda de abrigo.

Le llevo a visitar un museo que está frente al mar, al borde de una playa. Unos potentes focos que iluminan hacia el agua nos causan un espejismo al salir del museo que nos impide darnos cuenta de que nos hemos metido en el mar con los zapatos puestos. El chapoteo nos devuelve a la realidad, hace desaparecer el efecto óptico y nos descubre que estamos en el agua.

Volvemos sobre nuestros pasos con los zapatos encharcados y entonces le preguntó al padre y compañero que cómo va la vida notarial por su ciudad, que como están las cosas, que si se jubila alguien o si se amortiza alguna notaria (como ocurre en mi ciudad).

El padre se encuentra incómodo con los zapatos encharcados y se excusa un momento para acercarse a secarse un poco al museo del que hacía un momento habíamos salido.

Y ya no contestó a mis preguntas porque en ese momento me he despertado y me he encontrado con la cara de mi hijo preguntándome si nos íbamos ya a la piscina.

¡Qué raros son los sueños¡ Muchos (como los relacionados con la oposición) suelen repetirse. A mi padre le gustaba interpretarlos. Utilizábamos un libro que había en casa que tenía una cierta gracia y un cierto misterio, aunque diría que escaso acierto.

También mi psicólogo, el de la prueba de la manta, me interpretaba los sueños o más bien quería que yo me los auto interpretase. Me pedía que los apuntara en cuanto me despertara  y así procuraba hacerlo aunque no es fácil, pues el sueño pierde nitidez por momentos y casi se borra de la mente al poco de despertar. De hecho ahora que repaso las líneas escritas en mi móvil al despertar de la visita de la opositora, casi no recuerdo nada de lo que soñé hace solo un par de días.

Por cierto, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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