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Parador de León

Magnífico edificio y en nuestro caso una buena habitación (aunque no de GL).

Se siente uno reconfortado e importante cuando llega a la explanada-plaza en la que está el Hostal y contempla su imponente-apabullante fachada.

Luego entras y te da un stendhalazo; ¡que claustro¡ (deberían quitar las mesas cuando no hay eventos), ¡que escaleras¡, ¡que cuadros¡, pero poco más adelante traspasas el umbral de una puerta y te encuentras en un mundo completamente diferente que te hace pensar que lo anterior era un decorado, ya no estás en un mundo magnificente, has vuelto a la cruda realidad, de príncipe a mendigo (bueno, mendigo de postín …) y a jugar a la ruleta con la habitación que te toque. Estas en el edificio anexo que es más bien ramplón y con vistas a nada que merezca la pena en el caso de las habitaciones que nos tocaron en aquella ocasión.

He oído de todo a diferentes visitantes: habitaciones mínimas con patios interiores; habitaciones con vistas; habitaciones grandes y pequeñas; yo estuve de suerte: me tocó una habitación muy grande con el clásico toque paradores que, menos mal, comienza a caer en el olvido aunque practiquen el reciclaje mobiliario más de lo que a uno le gustaría.

Se entiende perfectamente ahora esta noticia, ¿verdad?:

“Tras casi ocho meses de actuación, las obras avanzan a buen ritmo y han ‘vaciado’ el interior del edificio histórico para darle un aire moderno y vanguardista | Se habilitarán 52 habitaciones que podrían estar abiertas al público en 2020”

Punto y aparte merece el personal: altivo y ciertamente desagradable en algún caso concreto. Nos recomendaron algún sitio para comer (se resistieron a hacerlo y no sé porqué extraña u oculta razón) que era completamente prescindible.

¿Y su propio restaurante? Pues tomamos una abundante ración de rica cecina, pero cortada demasiado gruesa, y punto, porque el vino era corriente, la ensalada de verduras asadas con bonito estaba, sin medias tintas, mala, y la pasta infumable; sí, sí, muy elegante, pero muy flojo. Se nos rompió una copa de vino, no la recogieron y simplemente nos aconsejaron llevar cuidado con los pies.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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