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Compañerismo y oposiciones

Lo de los compañeros creo que es el último tema que me quedaba por tratar en esta sección de Oposiciones de mi blog. He hablado de preparadores impertinentes, de química y hasta de enchufes. Tengo otro post sobre compañerismo pero no lo escribí yo. Lo escribió una opositora que conozco que hizo un fantástico análisis de los perfiles más habituales en el mundo de la camaradería insanaLo recomiendo especialmente a todos los que puedan tener problemas con los compañeros de oposición.

Pero, ¿y yo?, ¿qué opino yo de la influencia de los compañeros en la preparación de la oposición?, ¿cuáles fueron mis vivencias?

Yo estuve muy solo. Oposité muchos años en solitario y mi verdadero compañerismo solo empezó con el grupo de dictamen de Barcelona 98-99.

Hubo varios compañeros que se prepararon con mi preparador, pero generalmente duraron poco y se lo acabaron dejando. En realidad, no recuerdo ninguno que aprobara y que me fuera coetáneo, excepto a mi hermana. No tuve un gran trato ni confianza especial con ninguno de los demás, excepto (claro está) con mi hermano mayor que opositó durante un par de años, con una chica que llevaba bastante tiempo y que finalmente lo dejó y con otro chico del que no recuerdo su nombre que estuvo poco tiempo y con el que tuve cierto feeling. Aparte de ellos recuerdo a otros dos (chico y chica) que se hicieron novios y a los tres veteranos (que tampoco aprobaron) que me dijeron en mi primer día de cante: “vete, ¡aún estás a tiempo¡”. Menos mal que no les hice caso.

Lo “malo” de mi hermana es que aprobó cinco años antes que yo y “me dejó solo”, así que cuando empecé a hacer dictámenes en grupo (cuando ya llevaba ocho años de oposición) me sorprendió encontrarme feliz trabajando con otros compañeros. Luego surgieron algunas cosas que no me gustaron y me sentí como el patito feo cuando siete del grupo aprobaron y suspendimos los otros dos. Solo uno de aquellos siete me ayudó materialmente; de los demás solo recuerdo que hubo algunas buenas intenciones por parte de otra compañera de aquel grupo de dictamen. El resto no hizo nada y aquella bien intencionada no llegó a hacer efectiva su intención de ayudarme. Estoy convencido de que yo no hubiera hecho lo mismo de haber sucedido al contrario. De hecho no lo hice … y animé a seguir a compañeros no aprobados, preparé dictamen con dos compañeros que aprobaron después y pasé material a quien me lo pidió (especialmente a otro compañero que también hoy es Notario). Tener compañeros ayuda a sobrellevar al camino y a sentirse más comprendido en un mundillo cerrado, más allá del cual la comprensión no abunda para quien opta por meterse en él. En aquel grupo pienso que podría haber hecho más por mi el compañero que nos preparaba los dictámenes que no llegó ni a aprenderse mi nombre, ni a interesarse por mi tras el suspendo. Le estoy muy agradecido.

compañeros oposición

Lo he contado demasiadas veces. Yo estuve casi once años. Firmé cinco convocatorias. Suspendí dos veces el dictamen. Mi preparador de siempre no consiguió meterme en la mollera la técnica de hacer los dictámenes y a la segunda oportunidad me dijo que había que buscar nuevos horizontes. Así que seguí con él pero comencé a ir con aquel grupo del 98. Tras el nuevo suspenso, ya no continué con él, ni con aquel compañero que preparaba al grupo del 98-99, ni con el otro suspenso de aquellos siete del 98.

Para mi tercera oportunidad (que fue la vencida), me fui con Eduardo Llagaria y después a la Academia de Madrid. Como tenía doble reserva estuve un año haciendo dictamen. Tuve la suerte de coincidir con otros dos dobles reservas en las clases de Eduardo y como estábamos en tres tribunales distintos, convinimos que podríamos trabajar juntos. Nos dejamos claro desde el principio que al enemigo ni agua. Uno de aquellos tres era un año más joven y el tercero era algo más joven que nosotros dos, pero ninguno de los tres estaba ya para bromas. Probablemente era nuestra última oportunidad. Remontar el suspenso tras una doble reserva era muy complicado y más a la edad de dos de los tres. Así que nos convertimos en un grupo cerrado que procuraba no soltar prenda de nada a nadie (aunque, por supuesto, había afinidades con varios compañeros que tenían también doble reserva o reserva del primer ejercicio y que hacían dictamen con nosotros). Aunque se piense que no hay competición entre opositores en el primer y el segundo ejercicio, sí que la hay, pero cuando llegas al tercero eres tú o el otro. Tres cuartas partes de los que aprueban están en un puño (en un margen pequeño de notas). Solo unos pocos se destacan con notas altas, así que cualquier detalle puede influir … No hace falta ser agresivo, ni descarado, pero un primo o un panoli tampoco puedes serlo. Tiene que haber reciprocidad, no remorismo, ni vampirismo.

A mi no me ayudó de manera significativa nadie ni en mi primer dictamen, ni en el segundo. Solo cuando llegó mi tercera oportunidad, tuve ayuda de otros compañeros. Siempre he pensado que yo recibía más de lo que daba. Ellos me dicen que mis ánimos en el día a día también eran fundamentales. Puede que sea así, pero a nivel jurídico yo aportaba menos que mis dos compañeros de Valencia aunque me encontré más en el nivel medio cuando llegamos al grupo de Madrid.

Algunos se han enfadado conmigo cuando les he contado mi opinión sobre todo esto, cuando revelo aquella estrategia. Seguro que los que se sienten molestos con esta filosofía, no han pasado por el trance de tener que llegar por tercera vez al definitivo tercer ejercicio.

La leyenda del documento basura

Cuando llega el momento del dictamen, circulan grandes cantidades de material para leer y estudiar al margen de los temas. Hay auténticos tochos que ocupa mucho tiempo leer para sacar de ellos pocas conclusiones en positivo. Son los que nosotros llamábamos documentos basura. Hay que procurar no ser un incauto que pierda el tiempo (el poco tiempo que suele quedar en proporción a la inmensidad del tercer ejercicio) para que no te cuelen esta clase de material y para aprender cuanto antes a distinguirlo del buen material, del material que merece la pena. No es material preparado para hacer perder el tiempo; es simplemente material de segunda porque es malo o porque no tiene posibilidades de salir en un examen o de ser decisivo. También hay mucho material anticuado y cuestiones superadas en las que no merece la pena perder mucho tiempo.  La ayuda de nuestros preparadores es fundamental para valorar las posibilidades de que ciertos temas tratados en aquella clase de documentos, puedan salir en un dictamen o ser fundamentales en los mismos.

Patadas por debajo de la mesa, malas caras y tráfico de material

Según la gente fue aprobando el primero y luego el segundo, los grupos de dictamen se iban incrementando. Cada vez que aparecía un nuevo compañero en cualquiera de los grupos era recibido con el mismo ánimo que un nuevo miembro de un grupo de terapia antiloquesea. El preparador decía: “Hoy se nos une un nuevo compañero. Se llama Manolo y es de Talsitio. Y todos con voz desgastada y alicaída decíamos: “Hooolaa, Maanolo“. 

compañeros de oposición

Cuanto más cerca estuvo el dictamen, mayor fue el nerviosismo y el miedo a suspender, con lo que te podían dar (o darla tu) alguna patada por debajo de la mesa para que no se contara tal cosa, no explicaras tal otra, no dijeras que tenías tal trabajo o que había salido tal resolución o tal sentencia.

En conclusión

Mi visión del compañerismo tiene dos etapas: los temas y el dictamen. Mientras que estudias los temas, ayudarse entre los que empiezan juntos o no se llevan demasiado tiempo en la preparación, está muy bien, pero cuando te pones a ayudar a quienes acaban de empezar, dándoles tu material y resulta luego que tienen más memoria y capacidad, más tranquilidad y serenidad que tú … puede que hayas hecho el tonto porque aprobarán con tu ayuda que luego puede que no te devuelvan y hasta pensarán que qué bonita era la oposición y que pena que se haya terminado … Luego llega el dictamen. En esta época hay que ser malo, malo, malo y requetemalo, y no permitir que nadie saque partido de tu trabajo, pues ya es un tu o yo …

Suena fatal, ¿verdad? Pues así lo veo yo. El compañerismo tiene que implicar absoluta reciprocidad, generosidad, confianza y ayuda (durante y después del aprobado para los que se quedan en el camino) y si no cumple estas condiciones, hay que blindarse frente a aquellos que puedan estar a punto de birlarnos nuestra plaza.

Para reírnos ya nos queda el resto de la vida … y para cuchillos afilados los que se gastan algunos cuando tienen ya el signo, rúbrica y firma …

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

4 comentarios

  1. “Memoria, capacidad tranquilidad y serenidad”. En eso podría resumirse el cómo afrontar la oposición.

    • Buenos días:
      La memoria me parece que es una capacidad o valor del opositor que aumenta sus posibilidades de éxito y, en consecuencia, algo que sirve para decantarse a iniciarla y contribuirá decisivamente al aprobado. En cuanto a la capacidad (que tiene muchas vertientes), opino lo mismo. Aunque la memoria y las capacidades pueden debilitarse con los años.

      Pero lo de la tranquilidad y la serenidad, son valores con los que se puede partir y que pueden desaparecer por el camino. Y si desaparecen, ¿me lo dejo y ya está? o ¿lucho contra mi falta de tranquilidad y serenidad?

      En resumen: Si todo va bien, es un buen resumen, pero es frecuente que no vaya bien y entonces hay que luchar con otras armas diferentes.

      Precisamente mi blog se caracteriza por intentar ayudar a los que no les va bien, aunque aproveche también a los otros.

      Muchas gracias por la aportación. Saludos, Justito El Notario.

      Si te ha parecido bien o te ha resultado útil mi contestación, puedes invitarme a una caña o hacer un donativo a una ONG; si quieres más información pincha aquí

  2. Interesante reflexión, sí señor, mi experiencia con los compañeros de fatigas durante la oposición no pudo ser más buena, competencia leal y apoyo mutuo, eso sí, plazas habían las justas y que gane el mejor!

    Un saludo.

    • Buenos días Borja:
      A fin de cuentas abogo por el compañerismo y por dejar de lado a aquellos que se aprovechan de los compañeros.
      De la misma manera abogo porque si hay que salvar un pellejo, tiene que ser el propio, sobre todo si eres veterano.
      Gracias, saludos, Justito El Notario.

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