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La notaría de la Villa de Pinoso

 

Nota: Este es el primer post de mi blog que no ha sido escrito por mi. Es un placer dar la venia a mi oficial Antonio Manuel Beltrá Escolano que lleva diez años trabajando conmigo en la notaría. Es un amante de las costumbres y tradiciones de su pueblo, Algueña, y también de las de Pinoso donde trabaja y siente la notaría, nuestra notaría, la notaría de Pinoso, como propia. Gracias Antonio por querer compartir tu trabajo en mi blog.

 

El 12 de enero de 1826, reinando Fernando VII, se firmó en Palacio la Carta-Privilegio por la que se aceptaba la petición de los vecinos de Pinoso de segregarse de Monóvar, concediéndosele tanto el título de villa como el derecho a tener escribano real, profesión que hoy conocemos con el nombre de notario. La concesión de la notaría –que refleja la importancia que había alcanzado Pinoso- debió basarse en cuatro circunstancias: que a partir de ese momento ya era municipio independiente, el incremento del número de habitantes que había experimentado, la ubicación de la nueva villa respecto a otras notarías, y la existencia de un volumen de transacciones que justificara el trabajo del escribano.

Escribanos y notarios

Desde los comienzos, el oficio de escribano fue imprescindible, ya que en épocas donde casi nadie sabía leer y escribir, era la persona encargada de poner por escrito las decisiones de otros, dando fe con su firma de que ello coincidía con la voluntad de quien le había dictado de viva voz. Con este sistema los escribanos redactaban las leyes del rey, las sentencias del juez o el testamento del agricultor.

Con el tiempo, este sencillo trabajo de escribir fue volviéndose más complejo, a la vez que eran numerosos los tipos de escribanos que se podían encontrar en España -escribanos del Rey, de Juzgado, de Ayuntamiento, de Marina, de Minas, etc.- sin que estuvieran bien regulados los méritos necesarios para desempeñar esos puestos.

Esta situación cambió con la Ley del Notariado de 1862, que se propuso, entre otras cosas, dignificar el oficio exigiéndoles ser especialistas en Derecho, profesionalizando el cargo endureciendo los requisitos para desempeñarlo, y asignándole las labores fundamentales que todavía hoy tienen: redactar documentos que luego firmarán él y los particulares, expedir copias de estos, autorizar dando fe con su firma de que lo escrito es cierto, y conservar los documentos originales formando protocolos. También fue la ley que les cambió el nombre, pasando a llamarse desde entonces notarios.

notario de pinoso

El protocolo

Aunque antaño los documentos eran escritos a mano y cosidos en su lomo, y hoy se realizan con ordenador y después se grapan, lo que no ha cambiado es que cada notario se preocupa de personalizarlos a través de dos de sus elementos: la redacción (dentro de unas estructuras comunes) y, lo más evidente para los clientes, las carpetas que los contienen, que son una muestra del gusto de cada notario y también de las modas del momento, tal y como se puede comprobar en los ejemplos que acompañan a este artículo.

Aunque el documento no estuviera redactado por el notario sino por alguno de sus empleados, siempre ha existido la obligación de que la fórmula final contenga tres elementos escritos de su puño y letra para darle autenticidad: su nombre, la firma y su signo. Éste último elemento, muy curioso y poco conocido, es un pequeño dibujo que acompaña siempre a la firma, y que el escribano no podía modificar nunca, ya que era su símbolo personal. El signo sirve tanto para identificarle como para garantizar que el documento es válido, y en origen era simplemente una cruz, en referencia a que invocaba a Dios como testigo de que lo que había escrito era lo que le habían dictado.

El conjunto de todos los documentos que se firman en una notaría se llama protocolo, y desde 1862 es obligatorio darle a cada documento un número, comenzando cada año con el 1 y terminando con el que corresponda, poniendo de forma correlativa los documentos firmados por el notario sin separarlos por tipos. Antiguamente cada escribano era dueño de su protocolo y podía hacer con él lo que considerara oportuno. Para evitar esta situación y garantizar que los originales siempre estuvieran disponibles para los ciudadanos, la Ley de 1862 estableció que fueran propiedad del Estado, quedando los notarios como responsables de la guarda y custodia de las matrices, nombre que reciben los originales que se guardan en las notarías. Esta custodia, que llega al extremo de que incluso la encuadernación debe realizarse en las propias dependencias de la notaría, solo tiene una excepción: el traslado al archivo.

El archivo del actual protocolo de Pinoso (1838-2018) está organizado de la siguiente manera: Los documentos entre 1838 y 1965 se encuentran en Monóvar, cabeza del partido judicial al que Pinoso pertenece. Los documentos elaborados desde 1966 hasta 1992 se encuentran en Elda, donde está la notaría-archivo del Distrito. El resto, es decir, los últimos 25 años, se encuentran aquí, en nuestra notaría, custodiados por el notario de la villa, Don Miguel Prieto Escudero. Puesto que la norma establece que en Pinoso sólo pueden archivarse el año corriente y los 24 anteriores, en 2019 se enviarán a Elda los tomos correspondientes a 1993, al año siguiente los de 1994 y así sucesivamente, a fin de mantener en Pinoso sólo 25.

Don Pascual Galinsoga Hernández ¿primer notario de Pinoso?

Hasta ahora se consideraba a Don Francisco Bautista Toda como el primer notario de Pinoso, ya que el documento más antiguo que se conserva en el archivo está firmado por él. Ante la falta de documentación con la que cubrir los doce años que van desde la creación de la notaría en 1826 hasta la llegada de Toda en 1838, siempre habíamos pensado que la notaría estuvo vacante. Sin embargo, durante la elaboración de este artículo encontré un dato que cambió esta visión: en el primer reparto de herencia conservado se indica que éste se realiza en 1838 “según el testamento otorgado por Don Pascual Galinsoga que fue de esta Villa escribano” ¿Quién fue este notario anterior a Toda y por qué no hay rastro de él en Pinoso?

Buscando en otros archivos noticias sobre él -que pudo ser quien inaugurara la notaría- he encontrado que en 1827-28 estuvo vinculado a la villa de Aspe, en la que trabajó como escribano del Ayuntamiento y también como Secretario de Aguas. No sabemos cuándo llegó a Pinoso, pero aunque no existen documentos notariales de su paso por aquí, en el Archivo del Ayuntamiento sí que hemos encontrado documentos firmados por él. Esto se debe a que en 1832-33 simultaneó dos trabajos, tal y como él mismo indica al presentarse como “escribano real por su Majestad con residencia en esta villa del Pinoso y secretario de su Ayuntamiento”.

La siguiente noticia sobre Don Pascual Galinsoga abre aún más incógnitas, pues en su edición del domingo 8 de septiembre de 1850, el periódico liberal “Clamor Popular” indica que se ha acordado el nombramiento de nuevos notarios en España reponiendo, además, “en sus respectivos oficios de que fueron privados por motivos políticos, a Don José Garrafa, notario del número y caja de Gerona, y a Don Pascual Galinsoga, notario de Pinoso, trasladándole su residencia a Rojales”, lugar en el que ejerció hasta su fallecimiento en 1865.

Los motivos políticos que pudieron originar el cese de Galinsoga los desconozco, aunque pudieran estar relacionados con la primera guerra carlista y la situación política generada al inicio del reinado de Isabel II. Respecto al traslado de residencia, en mi opinión éste pudo deberse al hecho de que Don Francisco Bautista Toda llevaba ya doce años ocupando nuestra notaría – en la que estaría quince años más– y a la que ahora sabemos que llegó por la expulsión de Galinsoga. En el Archivo del Colegio Notarial se ha encontrado un documento que contiene una copia de su nombramiento, el 4 de mayo de 1838, en el que se indica “…hallándose vacante una Notaria del Reino, con residencia en la Villa del Pinoso por separación de Pascual Galinsoga, que la servía…”

La última noticia que de momento he encontrado sobre Galinsoga se refiere a un pleito en el que se vio envuelto en 1858 acusado de falsedad en un poder notarial realizado por él. En aquel momento, además de notario de Rojales, era desde 1857 escribano de Marina del distrito de Torrevieja. Como podemos ver, Don Pascual Galinsoga simultaneó al menos en dos ocasiones el empleo de escribano real con otras escribanías –de Marina en Torrevieja y de Ayuntamiento en Pinoso- algo que desde la ley de 1862 ya no se pudo hacer.

Algunas de las preguntas sobre este notario que quedan pendientes para el futuro son: ¿En qué año llegó a Pinoso? ¿Fue nuestro primer notario? ¿Qué ocurrió con su protocolo notarial y por qué no hay ningún documento suyo en el Archivo? ¿Cuáles fueron los verdaderos motivos políticos que le privaron de su oficio?

Además de Pascual Galinsoga, la lista de los notarios de Pinoso se completa con los siguientes nombres:

1838-1865 Fco. Bautista Toda Ortega 1972-1974 José Manuel Misas Barba
1866-1885 Francisco Antonio Sanchís 1974-1977 Antonio Trigueros Fernández
1886-1909 Ambrosio Martí Gasent 1977-1979 José Javier de Pablo Carrasco
1909-1918 Ángel Lolumo y Barrio 1979-1981 Julio Esteban Berberena Loperena
1919-1933 Marcos Antonio Nogueroles Lloret 1981-1984 Juan Pablo Merino Fernández
1933-1934 Faustino Gª Aranda y Arroyo 1984-1986 Notaría vacante
1934-1940 Marcial Meleiro Fernández 1986-1991 Juan Carlos Gutiérrez Espada
1940-1945 Notaría vacante 1992-1993 Luisa José Feijóo Martín
1945-1956 Narciso Martín Abril 1993-1996 José Luis Moler Bienes
1956-1958 Augusto Vidal González 1996-2007 José Alberto López Gómez
1959-1960 Joaquín Madero Valdeolmos 2008-actualidad: Miguel Prieto Escudero
1961-1971 José María Molina Mora

Notarías vacantes

Cuando en una población hay varias notarias, el cierre de una de ellas porque el notario no está no es un problema, ya que el servicio queda cubierto por las demás. Pero cuando la notaría es única, su cierre obligaría a los ciudadanos a irse a otro lugar para ser atendidos, lo cual está prohibido por ley. Para evitar esto, en ausencia del notario -si es el único en la población como ocurre en Pinoso- hay establecido un orden de sustitución por el Colegio Notarial, a fin de que el servicio no se interrumpa. En nuestro caso, normalmente es Monóvar la notaría que sustituye, aunque en ocasiones haya sido Elda, Petrer o incluso Aspe. Esta es la razón por la cual algunos de quienes me leen han firmado en Pinoso en presencia del notario de Monóvar, por ejemplo, ya que era el sustituto en ese momento.

Corredores de fincas

En un lugar eminentemente agrícola como Pinoso, hay una figura que ha tenido siempre mucha relación con nuestra notaría: los corredores de fincas. Su labor empezaba por poner en contacto a las partes, para después intentar convencerles de que llegasen a un acuerdo en el precio y en las condiciones de la venta, cerrando el trato con un apretón de manos. Trato que se materializaba en la correspondiente escritura, para lo que previamente habían llevado la documentación necesaria a la notaría. Eran hombres que, a pesar de tener pocos estudios, tenían unos principios morales y unos conocimientos que les permitían incluso asesorar, si la familia se lo requería, en particiones de herencias, opinando sobre la valoración de las hijuelas.

En el caso de nuestra notaría debemos mencionar al tío Victorino, el tío Canicio, o Félix Albert, el cual llegó a dejar su casa en Algueña para que  el notario firmara allí una vez por semana la documentación que él le había presentado en la notaría. Por último, quiero tener unas palabras especiales para Antonio Vidal García, “Toni el coixo”, gracias al cual sé hoy muchas cosas de la historia y la cultura de Pinoso.

Escribir este artículo ha sido un reto fascinante. No sólo porque soy un amante de mi profesión y de la historia, sino porque ya en los primeros años del siglo XX un antepasado mío trabajó en la notaría. Por si fuera poco, durante la elaboración del artículo me ha ocurrido una anécdota extraordinaria que demuestra que el protocolo notarial está lleno de sorpresas.

Gracias a la gestión de los notarios de Pinoso y Monóvar pude acceder al primer libro del protocolo pinosero. Cuando comencé a leerlo me di cuenta de que los nombres y apellidos que aparecían en él me eran familiares, por lo que los comparé con los datos que ya tenía en mi árbol genealógico. Con gran sorpresa confirmé  que el documento que tenía en las manos, y que fue elaborado en septiembre de 1838, contenía la partición de la herencia e inventario nada más y nada menos, que del tatarabuelo de una de mis bisabuelas: ocho generaciones me separan de aquella herencia. Sorprendente.

Con este artículo espero haber dado a conocer un poco más la historia y el funcionamiento de una notaría que cuenta ya con casi dos siglos. 192 años asesorando desinteresadamente a sus clientes y generando y custodiando historia al servicio de Pinoso y Algueña, y cualquiera que quiera utilizar sus servicios. Una notaría añeja, como nuestro vino, con al menos cuatro ubicaciones y por la que han pasado 22 notarios, muchos empleados, y un número incontable de clientes.

Para terminar, quiero dar las gracias a quienes me han facilitado información para la realización de este artículo: Lourdes, oficial de la notaría de Monóvar; Clara, archivera municipal de Pinoso; Pilar Soriano, oficial del Colegio Notarial de Valencia; Jorge Espinosa, encargado de la digitalización de los documentos que aquí aparecen; Carmelo, antiguo empleado de la notaría; y Rosa Amorós, mi compañera y amiga. Y por supuesto, agradecerle a mi amigo César la oportunidad de dar a conocer otra faceta de la historia de Pinoso: su notaría.

 

Antonio Manuel Beltrá Escolano.

Oficial 2º de la Notaría de la Villa de Pinoso.


 

2 comentarios

  1. Es un placer leerte desde cualquier publicación.
    Lástima que no lo podamos hacer desde un publicación propia de nuestro pueblo.
    un abrazo.

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