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Restaurante Magoga, Cartagena

Hoy va a ser mi cuarta visita a Magoga. Un restaurante que va creciendo poco a poco, que tiene fama desde hace un tiempo de haber hecho las cosas muy bien y de seguir haciéndolas cada día mejor. Doy fe, nunca mejor dicho. En contra, únicamente, el sambenito del sitio caro, que no entra en los esquemas de muchos, que en realidad están muy lejos de ciertos conceptos gastronómicos y que no consiguen encajar la categoría, la calidad y el precio en sus esquemas mentales de comer y beber bien. A ver cómo sino (si no es pagándolo) se mantiene una aventura empresarial con mucha gente a bordo y muchos gastos, ofreciendo servicio, local y, lo que es más importante, buena gastronomía en una ciudad como la nuestra.

Lo cierto es que no recuerdo gran cosa de mis visitas previas, lo que no parece ser bueno para empezar a hablar de un restaurante. Recuerdo solo un par de detalles menores, como que quise comer erizos y no los había (lo mío con los erizos es una persecución ulisíaca, pues siempre se me escapan de las manos) y que había un camarero parecido al diabolo de un anuncio de perfume que resultaba algo invasivo, cosa que no soporto. También recuerdo que siempre he comido muy bien y que el nivel del local siempre ha estado en constante crecimiento y mejora. Diría que Magoga es un sitio que va a más de una visita a la siguiente que les hago.

No me gustan los sitios con demasiadas rimbombancias, ni con platos de colorines y bocados demasiado cortos; no me gustan los espumarajos, ni las esencias, ni los bocatos di cardinale, sobre todo si son más bocatos que “di cardinale”. En mis visitas anteriores, con familia, con amigos en la terraza (que ya no la tienen) y con amigos dentro no hubo nada de eso. Comida elaborada pero en raciones suficientes. La elaboración, la sofisticación sigue creciendo, pero puedes comer suficiente sin tener que comerte quince platos. Comerías más de casi todo, pero también es cierto que en la gastronomía moderna, el atiborrarse y salir como una boa constrictor de los sitios, no es lo que prevalece, no es lo que se lleva. Para esos conceptos, existen otros sitios. Me encantó por cierto, en esta línea, el artículo escrito por Abraham García, dueño del Restaurante Viridiana, en el último número del magazine Tapas. Parece que comparto filosofía del comer con este tipo, salvando, por supuesto, la gigantesca distancia que en estos asuntos existe entre él y yo. Ya le he dicho a Zetacé que tenemos que ir a Viridiana en mi próxima visita a Madrid.

Por otra parte, la sala es ahora más grande, está mucho mejor decorada, resulta apacible y espaciosa con lo que te predispone a una buena comida, cosa que escasea en Cartagena.

Hoy he ido como mejor se puede ir a un sitio: invitado por unos amigos agradecidos por un buen trabajo. Comer gratis le va a dar un plus a Magoga. Voy a terminar de vestirme y a la vuelta, continúo.

Los aperitivos

El polo de salmorejo. Super refrescante. Una pequeña porción de sabor concentrada del siempre rico salmorejo.

La corteza con mojama. Ligerísima corteza y más aún de la mojama, que se transparentaba como una radiografía.

Y las flores de harina fritas con un toque de sobrasada. Lo reconozco, de estas me hubiera comido siete u ocho. Con ese toque que deja siempre la sobrasada en el paladar que la hace inconfundible aunque los nutricionistas no sean muy fans de este sencillo y tradicional producto.

Magoga

Los entrantes

Ensaladilla. ¿Vas a pedir ensaladilla? Hombre, pues claro, yo no perdono ni una ensaladilla, ni unas croquetas, ni una tortilla de patatas. En condiciones, claro está, y ya desde mi primera visita a Magoga vi que la ensaladilla era de esas que no se podían dejar pasar, como la de Pere i Pepa en mi pueblo.

Tartar de atún rojo de almadraba. Los siempre insípidos nachos hacen su habitual pareja con el aguacate y se convierten en brutal combinación con el atún de almadraba que también fue famoso por estas tierras. Ahora se cría y los japoneses, que saben de esto, vienen a llevárselo.

Ravioli de rabo de ternera y crema de foie. Delicado plato, aunque pueda pensarse que un rabo de toro nunca pueda serlo.

Magoga

Los principales

Rape asado sobre brasas de encina. Nos llevo un rato saber qué brasas comestibles eran aquellas. Al final conseguimos acertar: era boniato. Churruscado y comestible, perfecto por dentro. Menudo descubrimiento un rape asado pero bien hecho, yo que soy tanto de horno y que hasta me he atrevido con él en una ocasión.

Solomillo de vacuno mayor madurado, emulsión de piquillos y crema de patata. Fue muy difícil tomar la decisión del plato principal, pero a un buen trozo de carne siempre me cuesta trabajo decirle no. Así que ni rape, ni pochas, ni pichón, ni manitas, ni cochinillo. Había que decidirse y probar el resto de descartados será una buena razón para volver otra vez (la quinta) a Magoga.

Pochas de Navarra guisadas con rabo de ternera. No sería capaz de diferenciar, a priori, el rabo de ternera del de toro. Además este no fue mi plato, aunque lo probara. Tal vez el toro sea más fuerte que la ternera, pero no estoy seguro. El guiso estaba espectacular, suave, cremoso, delicioso.

Magoga

La bodega de Magoga

Un Godello, que pedí porque pensaba que no lo conocía (me gusta probar referencias y soy de poco repetir) y que resulto que sí que lo conocía, aunque no lo reconocí hasta que vi la etiqueta: Pedrazais.

Y tras el Godello, un Syrah de la bodega jumillana Casa Castillo: Valtosca.

El primero fue elección mía y el segundo de mi amigo Ramón, apasionado de la Syrah. No nos equivocamos ninguno de los dos.

Queso y postre

Selección de seis quesos de temporada. El carro de los quesos de Magoga es espectacular no, lo siguiente. La excusa para pedir queso fue, como tantas veces, acabar el vino, pero no hace falta tener vino para disfrutar de semejante material y de las completas explicaciones que nos dieron.

Magoga

Terminamos el festival con las texturas de chocolate y algarroba, que entusiasmaron a todos, incluidos los niños que no sabían lo que estaban comiendo. Es la magia de hacer pasar unas cosas por otras y de disfrutar de cosas que casi nunca has comido antes y/o que estaban totalmente fuera de las cocinas “modernas” como es el caso de la sencilla algarroba.

Magoga

No puedo hablar del precio porque me invitaron, aunque puedo hacer un cálculo y algo vi de reojo ;)). Fantástico. Sin duda, el mejor restaurante de Cartagena en este momento y disparado como un cohete hacia otras metas mucho más altas.

Me ha entrado hambre terminando el post unos días después de la visita…

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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