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chino no entiende

“A mí me suena todo a chino”

Es frustrante que tras emplearte a fondo en explicar operaciones de préstamo o crédito personal o hipotecario, te digan:

– Pues no he entendido nada.

A mí me suena todo a chino.

O que le digan al del Banco:

– Luego me lo explicas en la oficina.

O que diga el del Banco:

– Luego te lo explico en la oficina.

O:

– Luego te vienes y lo punteamos.

Se ve que punteando se entiende todo mejor (debe ser pasando de puntillas)…

Lo que me ha tocado oír hoy es eso de “a mi me suena todo a chino” a lo que yo he respondido (aunque solo de pensamiento), “pues apaga y vámonos”, porque a veces nos suena a chino lo que nos interesa y nos hacemos los tonticos si es necesario para todo lo demás porque el caso de hoy es flagrante, por mucho que lleve de por medio una insoportable situación de dolor.

La muerte de un hijo

Se trata de un Señor que entra en mi despacho de riguroso luto; hasta la cara era de luto.

Le saludo y le digo:

“¿Qué tal?, siéntese por favor”.

“Digamos bien, por decir algo”, me responde en tono serio, muy serio.

Yo ya veo que esta persona está para pocas historias y explicaciones, a pesar de lo cual procuro, yendo al grano, explicarle las condiciones del préstamo personal que viene a firmar.

Cuando le menciono y comento la comisión de reclamación de impagados, el Señor empieza a soliviantarse y continúa haciéndolo cuando le digo que el interés subirá si no mantiene un saldo mínimo en cuenta. Ambas cosas le enfadan porque dice que nadie se lo había dicho hasta sentarse en mi despacho, a pesar de lo cual aún parece querer tomarla no sólo con los del Banco, sino también conmigo. De inmediato le digo que si quiere no firmar, que lo dejamos y que vuelva cuando tenga todo claro.

“Me obligan a pedirlo”

Entonces me cuenta que le obligan a pedir este préstamo para hacer frente a la devolución a la Seguridad Social del importe de la pensión percibida por su hijo en los tres últimos años. Resulta que su chaval estaba enfermo y percibía una pensión, si bien falleció hace esos tres años y el padre ha seguido percibiéndola por lo que ahora se le reclama su devolución con intereses.

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Se muestra indignado, alegando que él eso no lo sabía, que “¿porqué lo tenía que saber?”.

“Hombre -le digo- pues es bastante obvio, ¿no cree?”.

“Si su hijo ha fallecido y la pensión se la pagaban a él, pues usted debió avisar en cuanto vio que se la seguían abonando”.

“Es lo lógico”.

Pues no, a él no le parecía tan lógico, a él le tenían que haber avisado y ni imaginó que ya no tuviera derecho a seguir cobrando esa pensión (que no cobraba él, sino su hijo).

Tras nuestra conversación, le dije,

“Entonces qué, ¿firmamos?”.

“Sí, firmaré, aunque a mi todo esto me ha sonado a chino”.

Ganas me dieron decirle, “pues yo creo que usted sabe chino y probablemente sabe también hasta latín, pero cuando no le interesa no lo entiende y se hace el sueco.  

Pero no lo hice, insistí en que podía marcharse y desistió de hacerlo. Firmó él e intervine yo la operación a regañadientes, de mala gana, siendo consciente de lo difíciles que resultan algunas situaciones que, por otra parte, están a la orden del día.

También puede ocurrir que después de todas las explicaciones del mundo, alguien mire al del Banco y le diga: “Ya nos explicas, que yo no me he enterado de nada … “

Algunas veces le dan ganas a uno de hacerse objetor 

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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