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Quince años de mi primer número de protocolo

Tenía ya publicado en cuatro episodios el que fue el primer número de mi protocolo y ahora me ha apetecido volver a publicarlo entero, de una vez, aprovechando que hoy 19 de Febrero de 2018 se cumplen quince años desde que tome posesión de mi primera notaría, Mondoñedo. Tengo también la idea de publicar otra versión del post con un mayor grado de explicación de algunas cosas, entremezclando mis sensaciones a quince años vista con las de aquel 20 de Febrero de 2003 en que autoricé mi primer instrumento público que fue este Acta de Manifestaciones, por mi y ante mi, en la que contaba la historia de mis “largos años de opositor”.

El día 17 de Febrero de 2003, dejé atrás mi vida de estudiante y di término a “El estado mas feliz del hombre” para tomar camino a Galicia. Los viajeros (mi mujer, mis suegros y mi madre) hicimos noche en Benavente, donde tras una buena cena, nos acomodamos en el Hotel Tudanca para continuar viaje al día siguiente. La segunda parada, el 18 de Febrero de  2003, fue en Lugo para visitar a mi abuelo Fidel y el homenaje correspondiente tuvo lugar en el Mesón de Alberto, clásico de la restauración lucense. Al día siguiente terminamos viaje en La Coruña, donde nos instalamos en un hotel de la cadena Zenit, próximo a Riazor. La toma de posesión tenía lugar por la tarde. Allí nos esperaba mi padre que actuó como padrino de mi solemne toma de posesión de mi primera notaría: Mondoñedo. No hubo más fiesta aquella noche y ¡juro que me quedé con ganas¡ Supongo que ya habría habido muchas y que todos estábamos cansados y nerviosos por nuestras primeras firmas que tendrían lugar al día siguiente. Por la mañana tomamos camino a Mondoñedo y allí me estrené con mi acta que tenía completamente preparada desde hacía varias semanas.

En estos días los recién aprobados en las oposiciones que están terminando en Madrid, estarán pensado en su primera escritura. Esta fue la mía…

posesión protocolo

ACTA DE MANIFESTACIONES

NÚMERO UNO.

En mi residencia, a veinte de Febrero de dos mil tres.

Por mí y ante mí, JUSTITO EL NOTARIO, Notario de esta Ciudad, al llegar la fecha en que, tras largos años de espera, me encuentro habilitado para ejercer la función notarial con arreglo a las leyes, quiero que en el primer número de mi protocolo quede constancia de las manifestaciones que, como memoria de mi vocación notarial y de mis años de opositor, hago en este acta.

No sabría decir cuál fue el momento en que decidí preparar las oposiciones a notarías, pero sí que sé que soy notario porque mi padre también lo es. Yo siempre he querido ser lo mismo que mi padre y ahora que lo he conseguido he de decir que quiero ser un notario de la clase de notarios a la que pertenece mi padre, es decir, que quiero ser un verdadero servidor público, un auténtico profesional del derecho y un enamorado de mi trabajo. Espero que sus más de cuarenta años de ejercicio profesional guíen mis pasos a lo largo de toda mi carrera.

No me ha sido nada fácil llegar a este momento. Tomada la decisión de preparar la oposición en el verano de mil novecientos noventa y uno, comencé el estudio el veintiséis de septiembre de aquel año. A las pocas semanas dudaba de mi capacidad para conseguir el objetivo deseado, pero los meses fueron pasando y mi auto confianza se fue reforzando poco a poco hasta llegar al convencimiento de que la meta perseguida estaba a mi alcance. Por desgracia este convencimiento no siempre me ha acompañado en mi larga etapa de opositor pues he flaqueado en muchas ocasiones hasta el punto de que durante casi tres (horribles) años estuve a punto de abandonar la preparación de la oposición.

En julio de mil novecientos noventa y cuatro me examiné en Madrid por primera vez del primer ejercicio. Aprobé con un 5,05. La posibilidad de aprobar el segundo era bastante remota. MAC, mi preparador, me decía, para quitar presión, que aquella no era mi oposición, pero yo siempre pensaba que a lo mejor podía llegar a serlo, así que durante ocho meses estudié como nunca lo había hecho y conseguí plantarme, en febrero de mil novecientos noventa y cinco, ante el tribunal con todos los temas en la cabeza y, a mi juicio, en condiciones de aprobar. No lo conseguí y a partir de aquel suspenso comenzó mi declive. Cada día que pasaba menos estudiaba, hasta que después del verano de aquel año dejé de estudiar durante unos seis meses.

En la primavera del año siguiente retomé el estudio pero sin mucho éxito. Me dedicaba a repasarme el Código Civil. Me sabía los artículos de maravilla. Estos repasos que entonces me parecían totalmente infructuosos son posiblemente una de las razones de que hoy pueda escribir estas líneas, pues ese dominio del Código Civil me hizo aprobar, de nuevo, el primer ejercicio en las siguientes oposiciones que se celebraron en Madrid. Entre las dos convocatorias de Madrid hubo otras oposiciones que se celebraron en Sevilla. Las firmé pero no me presenté. No podía. La que sí que pudo (¡y de qué manera!, puesto que fue el número 3 de su oposición) fue mi hermana.

El aprobado de mi hermana fue agridulce. Por una parte estaba muy contento y por otra muy frustrado. Mi hermana es más joven que yo y siempre hemos tenido un pique particular en cuestión de estudios. En aquellos momentos nuestra sana rivalidad no me fue útil. Lo que sí me fue útil fue su ayuda en la preparación. Aquella ayuda, mientras opositábamos los dos, y la que me ha prestado hasta aprobar, han sido fundamentales. Una parte de mi éxito se lo debo a mi hermana. Hoy es un orgullo que los dos, como nuestro padre, seamos notarios.

En junio de mil novecientos noventa y ocho con un 5,01 aprobé el primer ejercicio por segunda vez. MIS CRISIS (ASÍ CON MAYÚSCULAS) habían terminado. Fueron tres años muy malos. No sé cómo aguanté, pero lo hice y… ¡menos mal que lo hice!. Es cierto que este aprobado tuvo algo de milagroso, pero mi recuperación para la oposición a partir de ese momento no lo fue, fue producto de mi esfuerzo, de mi trabajo, de mis repasos al Código Civil y de la ayuda de los que siempre han estado a mi lado.

Conseguido el aprobado en el primer ejercicio, volví a estudiar como antes y en unos cuatro meses me repasé el segundo ejercicio (a pesar del cambio de programa que habíamos sufrido) y conseguí aprobar, por primera vez, el segundo ejercicio. La nota (5,01) no importaba, pues me había plantado en el dictamen. En aquel momento no me imaginaba que me quedaban casi cuatro años más de oposición, solo sabía que había superado MIS CRISIS, que era lo que realmente me importaba, que me había demostrado que aún valía como opositor y que el aprobado final volvía a estar a mi alcance.

El suspenso en el tercer ejercicio fue merecido pero durísimo, mucho más duro que el de la siguiente convocatoria en Barcelona. En mi tribunal (eran tres) solo sobraban tres personas. Una de ellas fui yo. Esperar una llamada para saber si por fin eres o no eres notario es el peor momento de la oposición. Solo los opositores que hemos suspendido un dictamen lo sabemos. Sobre suspender sobrando tres en un dictamen de notarías, solo lo sabemos unos pocos. Nunca se me olvidarán los detalles, sentimientos y sensaciones de aquellos momentos. Tampoco olvidaré nunca que en esos malos momentos estuve bien acompañado. Aquella noche en que me comunicaron mi primer suspenso en un dictamen mi hermano mayor vino a casa e intentó hacerme ver que “había vida tras la oposición”, pero yo tenía claro que iba a seguir, que si había superado MIS CRISIS tenía que volver a estudiar y empezar desde cero otra vez.

Y así lo hice. Volví a estudiar aunque cambiando mis costumbres y mis horarios para adaptarme a mis más de siete años de oposición. Cada día era un reto y una incertidumbre, pues en cualquier momento me “atascaba” y entraba de nuevo en CRISIS. En febrero de mil novecientos noventa y nueve mi novia aprobó sus oposiciones y decidimos, conforme a lo que teníamos previamente acordado, casarnos. Lo hicimos el veinticuatro de abril de mil novecientos noventa y nueve.

La boda fue una gran decisión pues nuestro nuevo estado civil acabo con la rutina anterior e hizo que la última fase de la oposición se hiciera más soportable, al menos para mi y también para mi madre que sufrió la oposición en primera línea de combate hasta el día de la boda y en segunda línea hasta el aprobado. Sin mi madre y mi mujer no lo habría conseguido.

La mayoría de las parejas suelen reconocer que sus primeros años de convivencia son los mejores. En nuestro caso no ha sido así, pero estoy seguro de que con el fin de la oposición comenzaron nuestros mejores años y también de que mi matrimonio, al margen de su conveniencia en la preparación de la oposición, ha sido mi mejor decisión.

Una vez casados, el estudio con altibajos y CRISIS de mayor o menor intensidad, ha ido muy bien. En mayo de dos mil, por tercera vez y en Barcelona, me examiné del primer ejercicio. Volví a aprobar, pero lo hice con una buena nota (5,90) y conseguí reserva para la siguiente oposición. En aquel momento esperaba no tener que utilizarla.

En enero de dos mil uno hice mi último examen oral y también conseguí aprobar con nota (5,70) suficiente para la reserva. Aquel día tuve el convencimiento de que en aquella oposición o en la siguiente iba a conseguir ser notario.

En el dictamen volví a suspender. El mundo se nos vino abajo, pero no fue tan duro como la primera vez gracias a la doble reserva. Superado el golpe había que reorganizar la preparación aunque no sabíamos como.

Gracias a mis cuñados de Valencia contacté con Eduardo Llagaria y me uní a su grupo de preparación de dictámenes. Los meses que pasé en Valencia fueron divertidos y muy provechosos. Terminadas las clases con Eduardo empecé a trabajar con las dos personas que a la postre más me han ayudado en la preparación del dictamen: José Luis Navarro Comín y Sergio García-Rosado Cutillas. Con ellos me fui a vivir a Madrid durante seis meses en los que nos preparamos intensamente. La preparación ha sido provechosa y los tres somos notarios. Este triple aprobado ha supuesto una enorme alegría, ya que si alguno hubiera suspendido la inmensa felicidad que nos suponía aprobar no hubiera sido la misma. Quiero añadir que los últimos trece meses de oposición han sido los mejores; he conocido a mucha gente, he hecho buenos amigos, he aprendido mucho, y me han servido para que, en parte, olvidara lo amargo de los casi once años anteriores de oposición. Esta última fase de la oposición no ha sido un camino de rosas, pues probablemente han sido los meses en los que he sentido de manera más intensa el miedo al suspenso, ya que este me hubiera abocado de manera definitiva al abandono de la oposición.

En breve este es el resumen de mis años de opositor que terminaron tras cuatro intentos (y cinco oposiciones firmadas) en Madrid con un 14,45 en el tercer ejercicio el veintinueve de junio de dos mil dos, es decir, diez años, nueve meses, y tres días después de que comenzara el ya lejano veintiséis de septiembre de mil novecientos noventa y uno. No quiero alargarme más, pues, si bien tengo propósito de hacer una recopilación más extensa de mis recuerdos de los años de oposición, lo haré en otro momento y lugar

No puedo terminar sin manifestar mi infinito agradecimiento a una serie de personas.

A mi mujer pues estoy totalmente convencido de que soy lo que soy gracias a ella. Mi éxito es al cincuenta por ciento suyo. Sin ella no lo hubiera conseguido. Espero poder estar a la altura de lo que ella ha hecho por mí durante toda mi vida.

A mi madre que ha estado siempre a mi lado en los momentos buenos y en los malos, que ha aguantado mis frustraciones, mis desánimos, mis malas contestaciones, mis miedos, mis rollos, que me ha apoyado en todos los sentidos y que ha disfrutado como nadie de mi triunfo.

A mi padre que no ha interferido para nada en mi preparación, que me ha proporcionado seguridad material durante todo el tiempo que lo he necesitado (y aún después), que me salvó de la que podía haber sido la crisis menos oportuna de la oposición y que a fin de cuentas es la causa de lo que soy.

A mi hermano mayor que ha tenido intervenciones decisivas en los años de oposición, que me libró con su perseverancia y optimismo de la prestación social sustitutoria y me acompañó en momentos muy difíciles como son los de los exámenes y los de los suspensos. Quiero también agradecerle a mi hermano su sincera alegría por mi aprobado.

A mi hermana mayor, compañera de oposición hasta que me “abandonó” cuando aprobó ella, secretaria para todo, sufridora como la primera y unida estrechamente a mi en todo momento.

A mi hermana pequeña por ser tan buena y comprensiva y por saber escuchar tan bien.

A toda mi familia por no haber intentado hacerme abandonar mi gran ilusión y mi vocación, y por haber respetado mis decisiones.

A mis amigos y ahora compañeros José Luis Navarro Comín y Sergio García-Rosado Cutillasque aunque niegan su labor han sido fundamentales en mi preparación.

A mi preparador, amigo y al fin compañero Miguel Ángel Cuevas de Aldasoro que me ha enseñado, comprendido, apoyado, asesorado, escuchado, soportado, y que ha tenido intervenciones tan decisivas a lo largo de casi once años de oposición que hacen también suyo mi éxito.

A mis demás preparadores y especialmente a Carlos Fernández de Simón Bermejo a quien debo mi doble reserva, a Eduardo Llagaria Vidal, que me enseñó a hacer dictámenes, a Alfonso Ventoso Escribano, por su humanidad y sabiduría, y a Pablo y Antonio de la Esperanza Rodríguez, por abrirme los ojos y por sus enseñanzas prácticas.

A TODOS ELLOS GRACIAS.

Para terminar quiero manifestar que espero no olvidar nunca el esfuerzo y sufrimiento que me ha supuesto conseguir lo que siempre había deseado: SER NOTARIO, y también que si lo he conseguido ha sido, desde un punto vista estrictamente personal, gracias a la que modestamente considero que ha sido mi fundamental virtud: LA FUERZA DE VOLUNTAD.

Del contenido de este acta que se extiende en siete folios de papel timbrado de uso exclusivamente notarial, serie XXXXXXXXXX y números XXXXXXXXXX y los seis folios siguientes en orden de numeración, yo el Notario, Doy fe.= Signado y sellado.- Firmado: “Justito El Notario”.- Rubricado.

ARANCEL NOTARIAL. DERECHOS DEVENGADOS. Arancel aplicable, números: 1, 4

DOCUMENTO SIN CUANTÍA. TOTAL: CONDONADO (Impuestos excluidos)

Por cierto, mi segundo número de protocolo fue una fabulosa concentración parcelaria que me reportó la mejor factura de mi vida profesional hasta hoy y la tercera una sencilla aportación a gananciales. Esa aportación a gananciales fue mi reentrada en la vida, mi encuentro con esa vida laboral que tanto deseaba y que tanto me costó conseguir.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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