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Seis dudas y cuatro reflexiones sobre las oposiciones a notarías

Tengo una sección llamada Opo Flashes en la que, a modo de destellos, trato cuestiones cortas sobre las oposiciones a notarías que me preguntan o me salen al paso. No me parece mala idea recopilar algunas, de cuando en cuando, en formato post, para que así tengan mayor visibilidad.

¿Te pueden echar de los exámenes orales?

Sí, aunque es inusual que se excluya a alguien con el clásico toque de campana.

La exclusión, que así se llama, la regula el Artículo 16 del Reglamento Notarial:

“En el primer ejercicio se podrá excluir al opositor, al concluir su exposición del segundo tema de Derecho Civil, si el tribunal, por unanimidad, acuerda que los ha desarrollado con manifiesta insuficiencia para obtener la aprobación. Igual medida podrá ser aplicada en el segundo ejercicio al término de la exposición del primer tema de Derecho Hipotecario“.

¿Se pueden consultar textos legales durante el tercer ejercicio?

Sí y hasta llevar una calculadora.

Así lo recoge el citado Artículo 16 del Reglamento Notarial:

“Los opositores estarán totalmente aislados, y no podrán consultar sino los textos legales que el tribunal les permita, y que por sí mismos se proporcionen, sin notas de jurisprudencia ni comentarios. Así mismo podrán utilizar calculadora”.

¿Cuándo salen las notas del tercer ejercicio?

Pues nos lo dice el Artículo 18 del Reglamento Notarial:

“Las calificaciones se harán, en los dos primeros ejercicios, al término de cada sesión, y en el tercero y cuarto ejercicios, el mismo día o el siguiente en que concluya la lectura por el último opositor“.

Es costumbre que el último opositor al que corresponda leer, sea el único que lo haga en el día, pues una vez que termina de hacerlo, el Tribunal se encierra a calificar y saca en ese día la lista de aprobados del tercero que es (aunque históricamente ha habido excepciones) la lista de aprobados definitivos de la oposición.

¿Por qué te ponen una nota de 5,01 y no de 5,00?

Pues la verdad es que no lo sé.

En mis cinco convocatorias, estoy seguro de que al menos en una dieron cincos (5) y no cincos ceros unos (5,01). Se interpretó, creo recordar, como un aprobado “con condiciones” que te obligaría a pasar algo más holgado el siguiente ejercicio. Posteriormente no sé si se han dado más casos. Lo habitual es que el que aprueba con la mínima lo haga con un 5,01.

Recuerdo a un viejo compañero de colegio que se empeñaba en decir que en mi primer oral, había aprobado con la mínima y yo le decía (enfadado): “No he aprobado con la mínima; la mínima es 5,01 y yo he sacado un 5,05”.

Lo de las puntuaciones también lo regula el Artículo 18 del Reglamento Notarial que dice al respecto:

“En los dos primeros ejercicios, cada uno de los miembros del Tribunal podrá conceder de uno a diez puntos, y de uno a veinte en el tercero y en el cuarto. En ningún caso al opositor que haya obtenido la declaración de aptitud en un ejercicio podrá asignársele una calificación inferior a cinco puntos”.

¿Por qué cuando me retiro o suspendo no sale mi nombre en los listados?

Pues porque lo dice el Reglamento Notarial en el citado Artículo 18:

“Las calificaciones se expondrán seguidamente al público, expresándose el número de puntos alcanzados por cada opositor, sin hacer mención de los opositores que no hubiesen sido declarados aptos en los ejercicios”.

De ahí que un opositor suspendido, retirado o excluido, deje de ser FULANITO DE TAL Y CUAL, para quedar convertido en un triste número y una letanía a continuación:

SUSPENSO o NO APTO

RETIRADO

EXCLUIDO

dudas sobre Oposiciones Notarías

¿El Tribunal te puede decir algo durante los exámenes orales?

Pues más bien poca cosa, solo lo que indica el mencionado Artículo 16 del Reglamento Notarial:

“El tribunal no hará advertencia ni pregunta alguna a los opositores sobre las materias del ejercicio. Al presidente corresponde fijar la hora del comienzo y fin del ejercicio y advertirá al opositor, por una sola vez, con diez minutos de antelación, la hora en que debe acabar. Podrá también exigir que los opositores se atengan a la cuestión y eviten divagaciones inoportunas, y dar cumplimiento a las prescripciones de este reglamento relacionadas con la práctica de estos ejercicios”.

Autoexigencia, autopresión y autodestrucción del opositor

Tengo una amiga opositora con la que me suelo encontrar en el backoffice de Instagram donde filosofamos de vez en cuando sobre la oposición.

Hablábamos el otro día sobre la autoexigencia, la autopresión y la autodestrucción del opositor. Decía mi amiga que cuanto más víctima del ego sea el opositor, más vulnerable. A lo mejor, seguía diciendo, la solución es dejar de ser víctimas del ego para encajar mejor los fracasos. Es complicado, pero eso evitaría mucho sufrimiento al opositor, sufrimiento que nace del miedo al fracaso.

El miedo al fracaso lo tiene todo el mundo, pero en el caso del opositor a notarías, nos encontramos ante un estudiante que por lo general no ha tenido dificultad con los estudios y que comienza a estrellarse contra ellos cuando llega a la Champions League, al Mundial de los Estudiantes. Yo no fui un estudiante de los mejores en la época de la Facultad. Fui mejorando curso a curso y cuando aprobé todas las asignaturas en quinto, tome la decisión de intentar aquello que siempre había querido ser. Mis fracasos, mis suspensos fueron horrorosos, pero no lo fueron por mi ego, sino porque suponían nuevas prórrogas a la normalización de mi vida. Fui muy autodestructivo y me metí mucha presión. Mi principal autoexigencia, bastante destructiva, era la de imponerme siempre un perfecto cante de cada tema, resultando en ocasiones verdaderamente agotador. Por lo demás mi autoexigencia fue la que me permitió la marcha de las cosas en cada momento, puesto que durante una temporada no fui más que un opositor zombie con escasa capacidad a todos los efectos.

Yo le decía a mi amiga que lo cierto es que mi ego estuvo bajo mínimos durante muchos años. Fui consciente de la dificultad de la empresa desde el minuto uno. Me sentí siempre muy incomprendido, excepto por mi preparador, mi familia y mi novia/luego mujer. El resto del mundo no me aportaba nada y yo para ellos era el eterno opositor. A menudo tengo la sensación, en esta época de mi vida, de que la gente que hace más tiempo que me conoce, es la que en realidad menos me conoce, porque se acostumbraron a aquel Justito fracasado, aspirante a lo más alto y estrellado permanentemente.

Dictamen sí, dictamen no: El círculo vicioso

Los opositores que tienen el programa más o menos en la cabeza, los que tienen una cierta veteranía y no se encuentran pasando una mala racha, suelen enfrentarse a un gran dilema:

“Si preparo dictamen, no puedo estudiar los temas y si no preparo el dictamen, cuando apruebe los orales, me voy a ver apurado para hacerlo. ¿Qué hago?”

Pues como siempre ocurre en la oposición, hay que tomar decisiones, dosificar el tiempo y hacer lo que uno (y su momento personal) se pueda permitir y, al tiempo, sus preparadores consideren oportuno.

Me decía uno de los nuevos flamantes Notarios aprobados hace pocas semanas que:

“Con los temas parece imposible sacar un solo minuto para dedicárselo al dictamen, pero es cierto que los que hicieron alguno de vez en cuando, iban mucho más tranquilos y se les veía más sueltos que otros que, como yo, no habíamos hecho ninguno. Para mí han sido, sin duda, de los peores meses de toda la oposición y creo que merece la pena hacer el esfuerzo e ir poniendo en práctica los conocimientos que tenemos porque luego se hace mucha bola y cuesta entender e hilar todo”.

Yo no lo hubiera explicado mejor.

“Maravillosa aventura de la oposición”

Impagables estas reflexiones compartidas por un amigo opositor que aún tiene ánimos, después de un largo recorrido, para calificar a nuestra oposición como “maravillosa aventura”.

Discrepo abiertamente de lo que dice mi amigo, pues para mí la oposición fue una tortura de principio a fin de la que solo puedo salvar su resultado final, lo mucho que aprendí y el valor del sacrificio, del trabajo, del esfuerzo y de la fuerza de voluntad.

Mi amigo dice, además, cosas como que:

“Es curioso como el tiempo sitúa las cosas en su sitio”

“Preparadores hay muchos, pero no todos están preparados para preparar”

“Yo no he abandonado gracias a mi preparador que me ha hecho la oposición una meta alcanzable y que lejos de la falta de entrega y atención que dispensan muchos preparadores, haciendo el camino estéril y poco gratificante, me muestra empuje e ilusión

“El tiempo no puede atesorarse, solo ganarse, perderse o ahorrarse y ha sido recientemente mi enemigo, pero también mi amigo en numerosas ocasiones cuando he conseguido obtener el máximo partido de él”.

“Tengo un profundo agradecimiento a mi preparador”.

Yo también lo siento por el mío.

Opositores nostálgicos

Definición de nostalgia según la RAE:

“Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos”.

“Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”.

¿Se puede tener nostalgia de la oposición? ¿es la oposición una dicha?

Leo o escucho estos comentarios y me recuerdan el chiste del jorobado que va a un cementerio.

Una mano sale de una tumba y le dice:

– ¿Queee llevas en la espaldaaa?

Y dice el jorobado:

– Pues una joroba.

Entonces la mano que había salido de la tumba, da un chasquido y la joroba desaparece.

El jorobado, como loco, vuelve al pueblo y lo cuenta a todos. Ilusionado, el manco del pueblo sale corriendo hacia el cementerio al encuentro con la misteriosa mano. Tiene suerte y la mano le sale al paso y le pregunta:

– ¿Queee llevas en la espaldaaa?

Y dice el manco:

– Pues nada.

Y entonces la mano que sale de la tumba, da un chasquido y al manco le aparece una joroba en la espalda.

En este caso el opositor aprobado no va a ver desaparecido su título de Notario, pero tampoco hace falta restregarlo, aunque no se pretenda, a los que siguen con su joroba a cuestas (y sufriendo, en muchos casos, lo indecible, sufriendo “lo que no está escrito“). Si encima el restriegue (inconsciente, lo sé, en ocasiones) lo acompañas de comentarios como “disfrutar de la etapa o de la oportunidad”, tal vez se pueda llegar al convencimiento de que este opositor, sin duda, ha sufrido poco y que, tal vez, pudiera ser merecedor (como el manco del chiste) de una nueva joroba.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

4 comentarios

  1. El que un sistema de selección sea comparable a una joroba debería hacer reflexionar a más de uno.

    Eso convierte a los opositores exitosos en operados con secuelas; y a los fracasados, en deformes para siempre.

    • Hola buenas tardes:
      Mi reflexión no es exactamente esa, pero acepto su visión de la que discrepo pues las oposiciones son un sistema más entre los posibles.
      No se puede ser campeón de halterofilia sin hacer burradas. Pues opositar a alto nivel, también tiene sus riesgos.
      Saludos y gracias, Justito El Notario.

  2. Jose Luis Barriada Garcia

    Espléndidas reflexiones. Algunos deberían haber llevado la joroba unos añitos mas.

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