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Desistir de firmar una escritura

Vamos a hablar hoy de los desistimientos notariales, de desistir del otorgamiento de una escritura. De no querer firmarla, de arrepentirse, de no cerrar el trato o cualquiera de sus detalles o flecos, de no convenirnos, de preferir firmarla en otra notaría, de no querer ya el préstamo, de habernos peleado con la novia, el socio o a la mujer y de no querer ya firmar lo que teníamos previsto y (casi) perfectamente programado.

Los Notarios tenemos nuestra propia norma para la cancelación de otorgamientos, una norma para el desistimiento, que es el término exacto, de otorgar un instrumento público.

La recoge el Arancel Notarial en sus normas de aplicación y concretamente en la Séptima que dice lo siguiente:

Séptima.– Cuando, de conformidad con los interesados, se hubiere redactado un documento y no llegare a autorizarse por desistimiento de alguno o de todos, el Notario percibirá la mitad de los derechos correspondientes a la matriz, con arreglo al Arancel, los cuales serán satisfechos por el que haya desistido. El Notario tendrá derecho a percibir íntegramente los gastos anticipados.

He echado un vistazo a mi programa informático y me encuentro con unos cien desistimientos recientes. Si me voy a mi Outlook donde tengo una carpeta titulada “ESCRITURAS QUE NO SE FIRMAN” me encuentro con doscientos desistimientos. Hablamos entonces de algo más de trescientos desistimientos en diez años (y tengan en cuenta que hace años que no veo el número 900 de protocolo, que actualmente llevo ya casi doce años aquí y que el dato de los trescientos es, por tanto, de hace dos años). Multipliquen, multipliquen, porque serían muchos más en mis casi diecisiete años como Notario; días y días, meses en realidad, de trabajo tirados a la basura, aunque de vez en cuando algún asunto se rescate y te lleves doble alegría porque ya está hecho y porque recuperas lo que invertiste en su día en él. En cualquier caso, se trata de datos difíciles de computar o recopilar, pero las cifras son importantes, se lo aseguro.

desistir firmar escritura. no quiero firmar la escritura

Adiós a los honorarios

¿Cuántas veces he cobrado después de que alguien opte por desistir?

Aunque siempre he oído aquello de “no hay mejor escritura que la que no se firma” y puede que haya casos en que hasta para mi mismo haya sido mejor no firmar (hay algunos asuntos que solo generan disgustos), ¿saben cuántas veces he aplicado esa norma arancelaria? Pues lo he hecho una sola vez y fue a una gran compañía eléctrica que convirtió el otorgamiento, el no-otorgamiento, el desistimiento, en una auténtica tomadura de pelo hacia mí y mi oficina por lo que le cobré lo que correspondía. Nunca más (aunque he tenido ganas de hacerlo muchas más veces y me las he reprimido) he cobrado a un desistidor. Sí que he cobrado gastos que se me habían generado en algunos casos de desistimiento, con base en la misma norma arancelaria, pero solo esa vez que cito cobré el importe que me permitía cobrar el Arancel Notarial que es de la mitad de los derechos correspondientes a la escritura matriz.

Cobro por servicios no efectivamente prestados

Las causas de los desistimientos son muy variadas (ya lo apunto al principio) pero los Notarios no tenemos costumbre (pregunten sino a los que conozcan) de sacar partido de las circunstancias que motivan los desistimientos notariales y ello aunque nuestro Arancel nos lo permita, así que no cobramos cuando se cancela el otorgamiento por causas no imputables a nosotros y sin haber prestado el servicio que fundamentalmente constituye nuestra función. Rompo otra lanza por este colectivo, el mío, que hace muchas más cosas gratis de las que pueda pensarse. Por cierto, es completamente inusual que el desistidor se disculpe o entone el “¿qué se debe?” o un “¿se debe algo?”.

Un caso real y reciente relativo a una agregación o agrupación

“¿Qué pasa si encargo una agregación de fincas y, el Notario, 24 horas antes, me dice que no puede ser una agregación, que tiene que ser una agrupación, hace la escritura sin mi consentimiento y pretende cobrarme el arancel porque no he firmado?”

Dice el Artículo 48 del Reglamento Hipotecario:

“La agregación de una o varias fincas inscritas o de una o varias partes que se segreguen, a otra también inscrita, podrá realizarse siempre que ésta tenga una extensión que represente, por lo menos, el quíntuplo de la suma de las que se agreguen.

La inscripción correspondiente se practicará en el folio de la finca mayor, sin alterar su numeración, pero expresándose en ella la nueva descripción resultante y la procedencia de las unidas, con las cargas que las afecten. Se harán, además, las oportunas notas marginales de referencia”.

¿Qué pudo pasar en este caso? Pues que el cliente encarga la agregación pero no se cumplen los requisitos del Artículo 48 RH por lo que el Notario prepara una agrupación en vez de una agregación. La diferencia en la escritura es de cuatro o cinco palabras, pero esas cuatro o cinco palabras (esa imposibilidad de aplicar el Artículo 48 RH) tienen unas importantes consecuencias en la minuta de la notaría (cobramos por el valor de las agrupadas o no por el valor de las agregadas) y sobre todo en el impuesto de AJD (se paga por el valor de las agregadas y no por el valor de las agrupadas). No estoy seguro de la repercusión en la factura del Registro (se cierran hojas de las agregadas pero no se abre folio para una nueva finca, pues la más grande que “recibe” la superficie de las agregadas no desaparece), pero imagino que también supone un ahorro el agregar frente al agrupar.

Véamoslo con números. Yo hice la semana pasada una agregación de una finca de media hectárea a una finca de más de mil setecientas hectáreas. Pongan un euro metro cuadrado para hacer la valoración de cada una. Si fuera agrupación se pagaría por la suma del valor de ambas. Siendo agregación se paga por el valor de la finca pequeña. Es notable la diferencia, ¿verdad? Bueno, pues parece que la notaría descubre que no se puede agregar y agrupa y el cliente no está interesado en agrupar y no firma. El Notario quiere cobrar y el cliente, sorprendido, no quiere hacerlo.

¿Quién tiene razón? 

Pues no lo sé, pero a mi me ha pasado esto en los dos sentidos, es decir, íbamos a agrupar y se podía agregar (el cliente se pone muy contento) e íbamos a agregar y había que agrupar (el cliente se enfada). A veces no se te enciende la bombilla. A veces no está tan claro efectuar el cálculo como pudiera parecer. A veces el cliente se equivoca. Pero creo que sin circunstancias que pudieran hacer el caso “sangrante” yo no hubiera facturado ese desistimiento.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

2 comentarios

  1. Ricardo Merelo Martinez

    Leo con interés sus comentarios sobre situaciones que le ha ocurrido en ejercicio de su notaría y ello me lleva a recordar situaciones análogas que ya había olvidado. Un aludo.

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