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consolar del suspenso a un opositor

Consolar a un suspenso

Saben mis lectores, saben los opositores que me siguen, que los miércoles son los días en que salen mis posts sobre la oposición. Los opoflashes pueden salir en cualquier momento, aunque últimamente me prodigo más en fin de semana que entre semana. Hoy hago una excepción para consolar a alguien que me interesa especialmente y a quien quisiera poder ayudar y decirle que hasta a mi me ha sido amargo su suspenso.

Hace pocos días consolé a otros opositores con los que me trato, por eso me ha parecido bien recuperar el opoflash en que lo contaba y continuar luego hablando sobre el sabor amargo del suspenso.

Al primero que suspendió le dije:

“Que difícil es decirte algo en estos momentos. Cuando sale la nota, lo normal es que uno se venga abajo. Las primeras horas, los primeros días son muy, muy duros. Solo tienes el apoyo de unos pocos. En mi caso tenía el de mis padres, mi novia/mujer, mis hermanos y el de mi preparador. El resto suele aportar muy poca cosa y hasta puede hacerte daño con sus comentarios. Refúgiate y pasa estos momentos tan durísimos amparado por ellos, con los que sabes que seguro que te van a entender y proteger. Cuando el dolor del suspenso comience a menguar ya tomarás decisiones. Yo recuerdo los instantes y días posteriores a mis tres suspensos como los más tristes de mi vida (exceptuando el divorcio de mis padres y la muerte de mi padre). Luego remontas. Estoy seguro de que lo harás de un modo u otro. No te digo más. Ya hablaremos si te apetece. Ánimo y tranquilidad, un abrazo.”

A la segunda solo me salió decirle esto:

“Ya vi el suspenso de ayer. Cuesta trabajo hasta escribirlo. Encajarlo es muchísimo peor. Ahora hay que ampararse en los más próximos y recuperarse poco a poco. Ánimo”.

También puede que al pobre opositor le aparezca ese que no sabe consolar, el del nunca pasa nada, el de la fábrica de Coca-Cola, el que cuando está todo el mundo con el corazón partido (opositor, pareja, familia cabal y los escasos amigos que comprenden la situación) viendo como se le han ido por la borda 3, 5, 7 o 9 años de estudio, parece que es incapaz (incapaz congénito y recalcitrante) de entender que uno tenga encima una gigantesca tristeza, una superlativa desesperación, una precoz e incurable frustración y un miedo atroz a lo que va a hacer a partir de ese momento. Lo normal es estar destrozado, lo anormal es el “no pasa nada”.

“Bueno, – dijo aquel – yo me voy que esto parece un funeral. A la tercera vez que tuve que esperar la nota de un dictamen, ya no quise público en el salón de mi casa. Estuvimos mi mujer y yo los dos solitos. Si hubiera ocurrido la difícil (a priori) desgracia de un suspenso no hubiera podido aguantar más estupideces sobre la Coca-Cola y los funerales.

También es cierto que hay gente que no tiene la palabra apropiada en ninguna circunstancia de la vida que te pueda suceder, pero eso ya es otra historia …

El sabor del suspenso

Una cosa en la que probablemente no piensan nunca o casi nunca los que nunca suspendieron (o los que no preparan o no han preparado nunca o no están próximos a los opositores), es en el sabor amargo, en el sabor a hiel de los suspensos. Con esta nueva convocatoria de la oposición en marcha voy viendo pasar sesión a sesión, un día sí y otro no a opositores que conozco, con los que me trato, a alumnos de, a hijos de, a amigos de, y sufro ese mini vuelco al corazón, ese desagradable desasosiego, cuando al mirar con temor el resultado de la sesión del día encuentras que Fulano o Mengana no han aprobado. Desgraciadamente solo sobre el 10% de los que firmaron la oposición lo harán en esta convocatoria y es bien fácil, ahora que conozco a tantos opositores, que aquellos a quienes conozco no estén en el porcentaje de los elegidos. Por supuesto, el retirado se vive de otro modo, aunque no sea lo mismo retirarse con tres años de preparación que con el doble.

En estos días alguno que no lo ha conseguido me ha tocado especialmente la fibra sensible y me he visto ojeando mis viejas libretas de la oposición (que tengo pendientes de seguir escrutándo para completar la serie de posts sobre ese tema) en busca de mis sentimientos de entonces y de herramientas de consuelo que puedan servirme para ahora.

En la agenda de 1995, tengo anotado que el domingo 5 de marzo, nos fuimos a Madrid para examinarme del segundo ejercicio en la que fue la primera convocatoria a la que me presentaba. Ese día estudie 6 horas y cuarto, hice además el viaje y apuntalé algunos temas de Hipotecario que imagino debía llevar más lejanos en mi cabeza. Solo me faltaban por repasar 17 temas y me dio tiempo a repasar 15 entre el lunes y el martes por la mañana. Solo me quedaron el 13 y el 50 de Mercantil, pero se los había cantado a MAC el viernes anterior, así que parece que no debían preocuparme mucho y los consideré repasados con el cante previo al examen. Aquel día después de anotar los temas repasados y las horas de estudio, escribí en mi libreta: LA SUERTE ESTÁ ECHADA. Desgraciadamente lo siguiente que escribí fue: SUSPENSO.

Y ya no escribí nada más hasta el 8 de Mayo de 1995, hasta casi dos meses después. Aquel día escribí esto: “Vuelta a estudiar. Cuando suspendí se me vino el mundo abajo, pero la sensación duró solo un par de horas; luego sorprendentemente, empecé a encajarlo y salvo un par de veces que lloré, lo cierto es que creo haberlo encajado totalmente. No me extraña que con los años se te olvide la oposición, porque con solo dos meses que han pasado, el suspenso está superado. Ahora ya hay que afrontar la nueva situación. No olvides nunca lo que han hecho por ti”.

Lamentablemente aquellas primeras impresiones no fueron reales, es más fueron completamente equivocadas. El 3 de Octubre de 1995, cinco meses después de escribir esas líneas dejé de estudiar y no lo retomé hasta el 11 de Enero de 1996. Iba a cumplir 28 años y llevaba ya 4 años y 5 meses con la oposición. Todo 1996 y 1997 fueron desastrosos, ni siquiera pude presentarme a la convocatoria de Sevilla, aunque no tiré la toalla y oficialmente seguía estudiando o intentándolo hacer. Pasada la oportunidad de Sevilla, otra convocatoria aparecía en el horizonte y entonces llegó el momento en que decidí que no podía seguir así, que era la última vez, que iría a sacar las bolas, pensando en que con toda probabilidad me retiraría y dejaría la oposición. Fue aquella decisión la que obró el milagro, liberándome de una presión e incertidumbre que no me dejaban vivir ni estudiar con normalidad. El 8 de Junio de 1998, volví a aprobar el primer ejercicio. Habían pasado casi cuatro años desde que lo hice por primera vez en 1994. Estaba vivo o más bien: HABÍA RESUCITADO.

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Aún me faltaban 4 años (ya había cumplido los 30 y aprobé a los 34) para aprobar la oposición y dos convocatorias más, pero desde entonces volví a estudiar con bastante normalidad.

Hay mucho tiempo por delante, no te desanimes, no os desaniméis, podéis conseguirlo, aunque hay que valorar bien las aptitudes y la evolución personal; ser realista y tomar la decisión de no continuar o la de seguir insistiendo.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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