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20 años en Roma

No, no me voy 20 años a Roma, ni llevo 20 años en Roma, ni hace 20 años que no voy a Roma … Lo que ocurre es que me voy, nos vamos, a celebrar 20 años de matrimonio en Roma.

Cuando celebramos el primer aniversario de boda yo aún era opositor (un puto opositor que diría Julio), lo mismo que cuando celebramos el segundo y el tercero. Los 5 años, ya por fin Notario, los debimos celebrar en Mondoñedo. Para los 10 nos fuimos a París en la que fue nuestra primera visita a la ciudad del AMOR. A los 15, la celebración fue una buena cena (con Justito Junior incluido entre los comensales). Luego hemos vuelto a París en otra ocasión que conté aquí. Ahora han llegado los 20 años (20 años no son nada, pero han pasado muy rápido como pasa toda la vida en general, excepto la oposición, que se pasó muy lenta la puñetera), y como tras París, las siguientes ciudades del AMOR son Venecia (a la que ya fuimos en el año 2007 y a la que no me importaría nada volver) y Roma, pues Roma ha sido la elegida esta vez. Será nuestra tercera visita y la primera vez que vamos solos. Será una escapada fugaz. Vista y no vista, algo que siempre he tenido ganas de hacer. Como en las películas …

Llegaremos sobre las 18 horas y nos vienen a recoger los del hotel que he elegido. Se llama Charme & Chic Luxury y me decanté por él porque era uno de los pocos calificados con un 10 en Booking. Eso es que está abierto hace poco porque un 10 es muy difícil de mantener (de hecho ayer ya me pareció ver días después que lo habían perdido). Un hotel recién abierto, sea de la categoría que sea, es un bien a valorar y si tiene buena pinta más aún. Centré la búsqueda en la Fontana de Trevi, en el centro histórico de la ciudad y a poca distancia de la fuente estaremos. Cuando hace 4 o 5 años fuimos por allí, la Fuente estaba en obras, así que la volveremos a disfrutar en su máximo esplendor como cuando fuimos en el año 2003.

La siguiente operativa ha sido buscar un buen restaurante para celebrar un día tan especial. Me compré la Guía Michelín en italiano (en español no la hay) y me fui a por los restaurantes recomendados en el Centro Histórico. Se recomiendan 20 restaurantes. Buscábamos cocina italiana, así que centré mi búsqueda en los siete restaurantes que daban ese perfil:

    1. Le Jardin de Russie
    2. Casa Coppelle
    3. Mercerie
    4. Le Tamerici (recomendado por Carlos Maribona)
    5. Da Armando al Pantheon (mi elegido y comentado aquí por Alberto de Luna)
    6. Casa Bleve
    7. Y Colline Emiliane (la gran finalista)

Quizá me hubiera gustado un local más elegante, pero primé la comida y, por supuesto, la pasta. Da Armando está especializado en comida romana y Colline Emiliane en cocina emiliana. Roma contra Bolonia y Roma ganó a Bolonia cuya cocina típica quedará para otra ocasión. El resto de locales no me convencieron y de hecho los dos finalistas fueron los dos primeros clasificados para la gran ronda final.

Ahora nos queda organizar alguna visita interesante que no hayamos hecho en nuestros viajes anteriores, aunque me gustaría volver a ver el Moisés con menos prisas que cuando lo vimos por primera vez y, si nos sale al paso, visitar la Exposición de Warhol+Pollock y la Escuela de Nueva York. Para lo demás no tengo ninguna preferencia especial. La comida del día del post-aniversario, será sobre la marcha. Tal vez en el Trastévere por el que siempre apetece dar una vuelta.

Una posible ruta

Cuando hicimos hace un año y medio un viaje de ida y vuelta a París señalé en un mapa (de la guía Lonely Planet, “Paris de cerca”) lo que quería hacer y luego, sobre el terreno, hicimos lo que pudimos dando preferencia a las zonas de la ciudad donde había más concentración de cosas que queríamos ver o hacer. Esta podría ser también ahora una buena estrategia, así que la voy a organizar recurriendo a la guía “Roma de cerca” de Lonely Planet:

A nuestra llegada daremos una vuelta por la Fontana, la Piazza Navona, la Plaza de España y el Panteón (al que me gustaría volver al día siguiente a mediodía cuando los rayos de sol penetren por el óculo).

Al día siguiente, sin prisa y sin pausa, creo que podríamos coger un taxi desde el hotel que nos lleve a la Plaza de San Pedro. No debe irse uno de Roma sin pasarse (de nuevo) por allí. Recorreremos la Vía della Conciliazione hasta el Castillo de Sant´Angelo y cruzaremos el Tíber por el puente del mismo nombre que el castillo. Caminando llegaremos hasta la Via del Governo Vecchio (buen comercio) y bajaremos hasta el Campo de Fiori (mercado de día y bares y restaurantes de día y de noche), la Piazza Farnese (donde está el Palazzo Farnesse que alberga la embajada francesa que tiene unos frescos de Annibale y Agostino Carracci que bien podrían rivalizar con los de la Capilla Sixtina). En la Piazza Farnese está la Fontana del Mascherone y el Arco Farnese. Terminaremos la visita a la zona con un recorrido por la empedrada Vía Giulia, desde donde divisaremos el Trastévere. A continuación nos dirigiremos a la zona del Foro Romano. La aproximación será por la Vía del Portico de Ottavia, que es la zona del viejo gueto judío, junto a la que está el Teatro di Marcello (un coliseo en miniatura del año 11 A.C.). Desde esta zona divisaremos la Ísola Tiberina. Para ver el Foro Romano hay grandes vistas desde el Palatino y el Campidoglio o desde el mirador de la parte superior de la Rampa Imperiale. El Campidoglio es una plaza considerada de las más bellas de Roma. Tiene varios accesos y el más espectacular es por la Cordonata, una elegante escalera que sube desde otra plaza que se llama d’Aracoeli. La visita podría terminar con el Vittoriano o Altare della Patria que se sitúa por encima de la Piazza Venezia. El ascensor Roma del Cielo sube a lo alto y proporciona fantásticas vistas (360 grados) de Roma. Por la Vía del Foro Imperiali nos dirigiremos al Coliseo, a la Domus Áurea y llegaremos a ver al Moisés en la Basílica de San Pietro in Vincoli. De nuevo en taxi, saltaremos hasta las Termas de Diocleciano, la Piazza de la República, el Palazzo Barberini y la Piazza del Quirinale (desde la que se puede divisar uno de los mejores atardeceres de Roma). Si no estuviéramos desfallecidos, el final de nuestra ruta serán las vías del Condotti (calle comercial de altos vuelos próxima a la Plaza de España) y Margutta. Via Margutta es una calle peatonal y empedrada con anticuarios, galerías de arte, boutiques, palacios y fuentes. Finalizaremos la vista en la Piazza del Pópolo y el Obelisco que, en su día, vino desde Egipto.

Veremos que somos capaces de hacer. Será imposible llegar a más, pero, por si acaso, en el Trastévere está la Galleria Corsini que alberga parte de la colección nacional de arte de Italia con el “San Juan Bautista” de Caravaggio o la obra “Salome con la cabeza de San Juan Bautista” de Guido Reni o el Tríptico de Fra Angélico, más una abundante obra de Rubens, Poussin y Van Dick. Igualmente imposible será llegar a Villa Borguese que es un complejo enorme con la galería del mismo nombre y muchos museos más. Allí está el “Rapto de Proserpina” y “El Niño con un cesto de frutas” de Bernini y Caravaggio, respectivamente.

Algunas lecturas de interés

Cosas a tener en cuenta para ver El Moisés – Los Viajes de Carol | Periodismo Turístico por Carolina Sellés

Los 5 Mejores Miradores de Roma son Gratis – Guía Low Cost

Cómo subir a Terraza Cuádrigas Roma | Viajar a Italia

Lo que finalmente sucedió

Un poco más tarde de lo previsto (por culpa de la cinta porta equipajes) nos plantamos en el hotel que se encontraba al principio de la Via Della Madallena a pocos pasos del maravilloso Panteón. Poco antes de llegar nos llamaron del hotel y como no escuché la llamada, me escribieron por Whatsapp para darnos las instrucciones del checking. Nunca había ido a un hotel con un sistema similar. Una clave para acceder al edificio, otra para traspasar la puerta de la segunda planta en la que se encuentra y la puerta de la habitación cerrada sin llave y esta en el interior, sobre el escritorio. Como no vimos a nadie, tuve que escribirles para comentarles la hora del check out (¡querían que nos fuéramos a las 10 de la mañana¡, así que negocié que fuera a las 11, alegando el aniversario de boda y no me pusieron pegas), para contratar un transfer de vuelta (ellos me contrataron el de ida, aunque la tarifa a los aeropuertos en Roma no tienen sorpresa alguna con los taxis pues son 30 € a Ciampino y 48 € a Fuimicino) y para asegurarme de poder dejar las maletas al día siguiente mientras pateábamos toda la ciudad. Todo se resolvió satisfactoriamente, aunque el desayuno era hasta las 10:00 y no pudimos hacerlo (no lo teníamos pagado). El hotel está a estrenar y eso es fantástico. Nos hemos sentido como en casa de unos amigos por la decoración de la habitación más propia de una buena casa que de un impersonal y frío hotel. El establecimiento es muy aconsejable, aunque conviene dejar claro el asunto del check out y el del desayuno.

Al poco de llegar estábamos en la calle. Vía Condotti, Piazza de Spagna, Fontana de Trevi, cerveza en Baccano (donde ya estuvimos hace cuatro años) y de ahí al maravilloso Panteón. Te da un vuelco el corazón cuando se te aparece tras doblar cualquiera de las esquinas que dan a él. Es un monumento impresionante como pocos. De los más impresionantes que he tenido la suerte de ver. Después nos fuimos a cenar a Armando. Coqueto y acogedor local en el que es imprescindible reservar. El local me gustó más de lo que esperaba de las fotos que había visto en Internet. Súper aprovechado el espacio. Un sitio especial para ir en pareja y menos especial para ir en grupo numeroso. Buen servicio, atento, muy agradable, manejando el español. Pasta para comenzar en raciones asequibles de cantidad (y precio) y un segundo compartido que me gustó menos. Tendría que hacer pedido la trippa. Hubo postre y un agradable blanco de la zona del Lazio. Al salir, paseamos hasta Piazza Navona y terminamos el día en que cumplimos 20 años de casados con una asquerosa copa de grappa caliente que no pudimos ni terminar y que pudo habernos dado una tormentosa nochecita de haberla ingerido entera. Cosas que pasan …

Buena dormida y desayuno americano frente al Panteón. Magnifico y precioso día y a partir de ahí, el plan cumplido sin salirnos casi de lo establecido (bueno, solo llegamos hasta el Moisés, por lo que el resto de la ruta quedará para otra ocasión y pudimos ver la exposición de Warhol&Pollock). La comida fue en el Trastévere. Un local llamado Dar sor Olimpio al Drago al que solo le faltó agilidad en el servicio, pero con muy buena pasta, que acompañamos con una varieté de quesos italianos y un rico pulpo en tempura. No llegamos al postre y de nuevo nos dimos a un fresco (y biológico) vino blanco de la zona del Lazio.

Ahora estoy volando a casa y escribiendo. Creo que hemos pasado unas 24 extraordinarias e INOLVIDABLES horas en Roma. Espero volver por cuarta vez a la Ciudad Eterna (y del Amor) a pesar de que no lanzamos en esta ocasión la moneda a la Fontana de Trevi …

Arrivederchi Rooooma….

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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