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Un viaje de ida y vuelta a París

Llevaba años queriendo hacer esto: encontrar un vuelo barato en un horario que me permitiera trabajar un viernes, un hotelito que estuviera bien y marcharme a una ciudad europea que ya conociera, sin estrés, sin ansiedad por visitarla como ocurre en toda primera vez que vas a un sitio que no conoces, regresando el domingo a una hora decente. ¿Por qué no París?…

La conjunción se produjo en Noviembre y en buena medida gracias a la App de Kayak que funciona de maravilla y permite hacer búsquedas de vuelos super rápidas, aunque convenga adoptar algunas cautelas y asegurarse de a quienes les compras los billetes…

La triunfadora fue París, donde celebré mi décimo aniversario de boda en el año 2009. El vuelo directo salía algo tarde (18:55 horas) y llegaba también algo tarde (21:20) a París. Entre el tiempo de bajar del avión y de trasladarse desde el aeropuerto, corríamos riesgo de acabar cenando en un Mac Donald’s, así que busqué un hotel en el Barrio Latino, a un paso de Notre Dame, donde imaginaba que un viernes de Noviembre y sin reserva podríamos cenar decentemente sin ningún problema. Cena y a la cama que vamos con niño y nos quedará luego un intenso día en París, para no hacer nada y procurar hacerlo todo o más bien hacer todo lo que nos apetece hacer, con caprichos incluidos. El domingo, el horario del vuelo permite una levantada sin madrugón y de nuevo al aeropuerto. Si todo va bien, estaré durmiendo la siesta en mi casa. Siempre he querido hacer una escapada como esta.

Paris en un día

Viernes noche, cena en París

Salimos algo tarde pero hemos ganado tiempo durante el vuelo. Son las 20:45 y en 30 minutos aterrizamos. Acaba de decir el piloto que fuera hay -61 grados y que estamos a 36.000 pies de altura. Tenemos una mesa reservada en un japonés muy normalito cerca del Panteón que llama Sushiko. Mi hijo dice que se va a comer 20 o 25 trozos de sushi 🍣, mi mujer quiere un arroz salteadito y yo voy a comer tempura y de postle, helado chino. La mesa la tenemos a las 23 horas y espero que no haya problema (aunque si lo hubiera habido os confirmo que en el Barrio Latino no hay ninguna dificultad para encontrar un sitio donde cenar tarde). Reservé en Sushiko a través de El Tenedor (primera vez que lo utilizo), aunque encontré el restaurante a través de Tripadvisor Había un japonés verdaderamente interesante en la isla de San Luis, pero me fui imposible reservarlo a través de ninguna App.

Paris-Orly está mucho más cerca que el Charles De Gaulle. Perdemos unos minutos esperando al chófer con el que contraté el transfer. Llega tarde y encima algo atolondrado. Nos lleva al hotel sin complicaciones y se despide con una disculpa por su retraso. El Hotel Central Saint Germain, tiene buen aspecto exterior y las habitaciones se ajustan a lo que esperaba y a las necesidades de este viaje relámpago.

Subimos a la habitación y en pocos minutos, guiados por el móvil (¡que gusto la desaparición del roaming¡), nos plantamos a pie en el Sushiko. El sitio está completamente vacío, tiene peor aspecto de lo que esperaba (y no esperaba mucho) y no parece que nos esperen. No exhibo mi reserva, ni me hace falta mencionar que había reservado a través de Tripadvisor-El Tenedor. Despachan comidas para llevar y ese es el único movimiento que hubo en el local mientras duró la cena. Estar en un sitio vacío no es buen síntoma y te sugestiona negativamente, pero la cena estuvo correcta y fue abundante, con buena relación calidad precio. Si no hubiera sido por el antojo del niño con el sushi, hubiera elegido otro sitio, es más, vistos los sitios que vi desde el hotel hasta la Rue Mouffetard, me hubiera instalado en unos cuantos antes que en este, sin que en Sushiko nos hubieran echado de menos, pero mantuvimos el plan y volvimos al hotel, después de cenar, paseando sin prisa y tomando un crepe por el camino como teníamos inicialmente programado.

Recortaron la calefacción en el hotel durante la noche. La empezamos acalorados y nos levantamos con un poquito de fresco.

Sábado, día en París

A las 10:30 estábamos en la calle después de desayunar en el hotel. ¡Qué buenos los cruasanes¡

Cogimos un autobús 🚌 (en la parada que nos indicaron en la recepción) hacia la Torre Eiffel a la que llegamos en unos pocos minutos. La ruta en autobús merecía la pena y fue el recepcionista (que hablaba español) el que me la sugirió cuando le pregunté por el trayecto en Metro que había consultado en una estupenda app del suburbano de París.

La vieja y magnífica estructura se encuentra completamente afeada por el montaje anti terrorista que la rodea y que solo permite acercarse, tocarla y transitar por debajo de ella a los que tienen entrada para visitarla. Los que vamos sin intención de subir, porque este era un viaje de callejeo, de pateo, de mirón, sin poder programar visitas ni hacer esperas para nada, nos movemos entre un mogollón de gente, de vendedores de souvenirs a los que los policías en bicicleta espantan como se espanta a las palomas, que vuelven a donde estaban cuando desaparece el peligro. Aún así agradecemos haber elegido un fin de semana cualquiera para nuestro viaje relámpago de 22 horas despiertos y 14 dormidos puesto que París se encuentra bastante tranquila en este nublado y fresco (pero no helado) sábado de Noviembre.

Después cogemos un taxi de la Torre a la tienda del PSG de los Campos Elíseos a satisfacer el siguiente capricho del niño. Es pequeña y te hace comprender porque se paga lo que se paga por un futbolista. A 150 Euros la equipación del famoso Neymar, Jr. Tres tiendas oficiales en París. Pongamos una compra por minuto durante ocho horas de apertura de la tienda, por tres tiendas y una media de 50 Euros por comprador. Son 72.000 Euros al día y más de 25 millones de Euros al año (¡y solo en París¡).

De allí, otro taxi, y a la Plaza Vendome. Cogimos cuatro taxis durante el día. Teniendo en cuenta que el billete normal de autobús costaba dos Euros, el taxi es una opción razonable pues excepto uno que por razón del tráfico fue más caro, la media pudo estar en los ocho o nueve Euros por carrera. Magnifica la columna de la plaza y su historia y curioso el primer metro del mundo que allí se representa recordando su invención junto al Ministerio de Justicia.

Visitada la plaza, salimos hacia el norte y nos dirigimos hacia el Hotel Drouot, zona de anticuarios, pasando por la Ópera, divisando las Lafayette y visitando una famosa galería de jugueterías (Village JouéClub) que, por lo visto, es la más grande de París. Las guías de viajes deberían advertir de los días y horas en que algunas de sus recomendaciones son visitables porque a veces fallan cuando no vas a la hora oportuna y te llevas grandes chascos, después de haber hecho un esfuerzo por llegar. El gran ambiente de chamarileros y anticuarios era inexistente un sábado por la mañana sobre las doce horas. Las tiendas estaban cerradas y el ambiente era nulo. Así que no nos alejamos más, administrando nuestras fuerzas, y no llegamos a la zona del Drouot.

Vuelta de 180 grados que nos lleva por una calle con varias tiendas de disfraces y artículos de broma, pasando por varios restaurantes en los que el público guarda disciplinadamente enormes colas, camino de la Rue Montorgueil. En este caso sí que acierta la guía. La calle es casi peatonal y está llena en ambas aceras de restaurantes, tiendas de alimentación y puestos de mercado con frutas y pescados. La recorremos de punta a punta y nos decidimos a quedarnos en “La Grappe D´Or”. ¡Qué buenos profesionales¡ Ambiente francés y buen yantar. Estupendas las ostras con su ostrero in situ que las abría en el acto. Además de las ostras, tomamos un wok, un entrecot y un parmentier de canard. Terminamos con una tarta sacher y con una auténtica tatin. Bebimos un correcto Bordeaux blanco y salimos repuestos y satisfechos, recorriendo la calle de nuevo hacia el sur, hasta toparnos con las Halles.

Fantástica la tienda de Lego que permite entretener a los niños montando sus propios muñequitos que luego puedes comprar con su embalaje y todo. Pasamos por el Pompidou y embocamos hacia Notre Dame, los puentes del Sena y de nuevo al Barrio Latino.

Hicimos una breve visita al hotel y vuelta a la calle, para coger otro taxi, hacia la Bastilla. Tenía previsto dar una vuelta por el Village Saint Paul (otro fracaso de la guía para un sábado por la tarde, que nos hizo cansarnos demasiado) pero antes avanzamos en sentido contrario hacia la Rue de Charonne, donde tal vez debíamos haber cenado en Chez Paul, volviendo luego sobre nuestros pasos hacia Le Marais y el inhóspito, en sábado de noviembre a las 19 horas, Village de Saint Paul. Salimos al Sena, a la altura de la isla de San Luis y cansados nos subimos a otro taxi que nos lleva hasta la Rue Sant Severin donde cenamos en el primer sitio que nos gustó: “Le Marmiton de Lutéce”. Atractiva la carta que incluye fondues y raclettes, malo (¡pero malo, malo, malo¡) y caro el Bourdeax tinto, que nos recomiendan, flojo el pan (¡estamos en París comiendo una fondue de queso¡), aceptable el foie y flojos también los embutidos locales (a quien se le ocurre, pero los niños son los niños…). Terminamos, ya en la calle, con un crepe, unos dulces 🍫 libaneses y regresamos a la Rue Champollion para dormir.

paris, la visita

Domingo, París-casa

Nada relevante el domingo, salvo el soleado día otoñal y la comodidad de Orly para viajar. Fred, el del transfer, estaba más despejado el domingo por la mañana.

Creo que repetiremos este formato de viaje que me ha permitido dormir el domingo la siesta en mi casa y disfrutar de un corto fin de semana que a la vuelta al trabajo me pareció que había sido larguísimo. Creo que muchos fines de semana tirado en casa, se me hacen más cortos que este.

Tal vez Londres sea nuestro próximo destino exprés.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

2 comentarios

  1. Muchas gracias Justito por compartir tantas cosas con todos tus “fósforos”. Fantástica la crónica y el reportaje gráfico, enhorabuena!!
    Estaría bien que alguien vuelva a llamar a tu puerta para regalarte otra “tablet”, eso sí, con la condición de que después nos lo cuentes.
    Un fuerte abrazo.

    • Querido FerFer:
      Pues la verdad es que ha quedado muy bien para mi gusto. Aunque sé que eres amante de otro estilo de viaje, podríamos en alguna ocasión hacer una escapada de este estilo. Los regalos son siempre bienvenidos¡ Un abrazo y gracias por la participación y el comentario. Justito El Notario.

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