
La foto es de la isla Kunta Kinteh en Gambia.
Poco a poco, entre recuerdos familiares, noticias de prensa, esquelas, documentos y la aparición providencial de algún pariente lejano, he podido ir completando mi árbol genealógico y, en algunas de sus ramas, remontarme hasta ocho generaciones.
Raíces maternas
Mis raíces maternas se dividen entre las familias Gil Varela, profundamente arraigadas en Lugo, y Escudero, que me llevan desde La Coruña y Zamora hasta la Maragatería leonesa.
Los Gil Varela: mi abuela Carmucha
Mi abuela Carmucha Gil Varela, nacida en 1914, era hija de Álvaro Gil Arias (Lugo, 1878-1937) y de Josefa Varela y Varela.
Buena parte de lo que he podido averiguar sobre esta familia procede de El Progreso de Lugo, periódico del que mi familia fue suscriptora durante muchos años, aunque algunos documentos me han permitido remontarme todavía una generación más.
Mi bisabuelo Álvaro trabajó como oficial mayor de la Diputación de Lugo y jefe de personal y, además, desde 1918 fue profesor de Dibujo en la Escuela de Artes y Oficios, de la que llegó a ser secretario. Era un hombre culto y destacado dibujante, especialista, entre otras cosas, en realizar pergaminos de honra, como los que el Ayuntamiento de Lugo entregaba a sus hijos adoptivos o predilectos. Murió en 1937, a los 59 años, precisamente el mismo año en que nació mi padre.
Gracias al acta de nacimiento de su hijo mayor, Álvaro Gil Varela, he podido remontar una generación más. Los padres de Álvaro Gil Arias eran Eustaquio Gil Saavedra y Manuela Arias Díaz, naturales de San Pedro de Lugo. Los padres de mi bisabuela Josefa eran Juan Varela Sanfiz y Juana Varela Yáñez, naturales de Santiago de Lugo. Además, mi tatarabuelo Juan Varela Sanfiz fue concejal del Ayuntamiento de Lugo en el tránsito del siglo XIX al XX.
Álvaro Gil Arias y Josefa Varela y Varela tuvieron seis hijos. El mayor fue Álvaro y la pequeña, mi abuela Carmucha. Entre ambos nacieron Pepucha, Avelina —Lina—, Saleta y Emilio —Milucho—. La fuente que he consultado llama Evangelina a Lina, aunque mi madre siempre sostuvo que su verdadero nombre era Avelina. Lina fue maestra; Saleta se casó con Luis Cedrón del Valle, y Milucho estudió Ciencias Naturales —Biológicas— en Madrid después de la Guerra Civil.
Mi bisabuela Josefa Varela y Varela murió en 1914, el mismo año en que nació Carmucha. Las circunstancias de su muerte no están claras. Una de las fuentes que he encontrado afirma que murió en el parto de Carmucha, mientras que en mi familia siempre se sostuvo que no murió en el parto. Dejo, por tanto, constancia de ambas versiones.
Después de su muerte fue la tía Teresa quien se hizo cargo de los seis niños y de la administración familiar. Al parecer era hermana de mi bisabuelo Álvaro Gil Arias, aunque tampoco tengo confirmado este parentesco.
Por los Varela he podido ampliar además las ramas colaterales. Josefa era hermana de Victorino Varela y Varela, funcionario y jefe de los servicios municipalizados de Lugo, casado con Consuelo Vázquez Morán, y de Daniel Varela y Varela, veterinario muy conocido en Lugo, casado con María Piñeiro Piñeiro.
Por los Gil aparece un parentesco artístico interesante. Mi bisabuelo Álvaro Gil Arias era hermano de Gertrudis Gil, madre del pintor y grabador lucense Manuel Castro Gil (Lugo, 1891-Madrid, 1963). Álvaro era, por tanto, tío del grabador y Manuel Castro Gil era primo hermano de mi abuela Carmucha.
La familia Gil Varela vivía en Los Loureiros, número 11 de Recatelo, en Lugo. Allí se crio Álvaro Gil Varela y aquella casa parece haber sido bastante más que una simple residencia familiar. Por ella pasó buena parte de la juventud lucense de la época y allí se habló de iniciativas culturales como la creación de la revista Ronsel y de exposiciones de arte.
Existe además una pista sobre la relación de la casa familiar con el conocido arquitecto vigués Gómez Román, aunque no tengo todavía claro si se trataba de la casa de mis bisabuelos, de la de Castro Gil o si ambas referencias corresponden en realidad a la misma casa.
Los Escudero: mi abuelo Fidel
La otra mitad de mis raíces maternas es la de mi abuelo Fidel Escudero González y me lleva desde La Coruña hasta Mombuey, en Zamora, y la Maragatería leonesa.
Mi bisabuela Salvadora Josefina, madre de mi abuelo Fidel, era de La Coruña. Durante mucho tiempo se había contado que era ella la que procedía de Castrillo de los Polvazares, pero no era así. La maragata era su madre, mi tatarabuela Josefa Nieto Puente, de Castrillo de los Polvazares (León), una maragata de pura cepa.
Josefa Nieto Puente se casó con un hombre, mi tatarabuelo, natural de Santa Catalina de Somoza, que llegó a tener más de mil fincas, o eso contaba mi querido abuelo Fidel.
El padre de mi abuelo fue Fidel Escudero Lobo, natural de Mombuey (Zamora) y propietario de los almacenes Nuevo Mundo.
Una noticia del 6 de diciembre de 1942 permite asomarse por un momento a la vida de esta familia:
«Casaban María de los Ángeles Escudero y el culto joven del negociado de Abastecimientos y Transportes Jesús Cedrón del Valle. El novio vestía uniforme de oficial de Infantería. Fue padrino de la ceremonia el padre de la desposada, Fidel Escudero, dueño de los almacenes “Nuevo Mundo”. Los innumerables invitados fueron agasajados en el Bar Ybor».
La novia, María de los Ángeles Escudero, era hermana de mi abuelo Fidel, y aquel Fidel Escudero que ejerció de padrino era Fidel Escudero Lobo, mi bisabuelo.
Gracias a otro viejo ejemplar de El Progreso, esta vez de 1939, he sabido también que mi abuelo Fidel tuvo un hermano llamado Antonio, que había fallecido muy joven el 28 de agosto de 1934, creo que de tuberculosis, aunque no tengo confirmada la causa de la muerte. Precisamente gracias a su esquela pude conocer el nombre de mi tatarabuela de Castrillo, Josefa Nieto Puente.
Los hermanos de mi abuelo Fidel fueron Antonio, Josefina, María de los Ángeles, José Luis, Jesusa y Conchita. Sus padres eran, por tanto, Salvadora Josefina, de La Coruña, y Fidel Escudero Lobo, de Mombuey. Según la información que llegó hasta mí, alguna de las hermanas podría vivir todavía, aunque no tengo certeza de ello.
Y aquí aparece una de esas coincidencias familiares que más me gustan: una hermana de mi abuela y una hermana de mi abuelo se casaron con dos Cedrón del Valle.
Saleta Gil Varela, hermana de Carmucha, se casó con Luis Cedrón del Valle, mientras que María de los Ángeles Escudero, hermana de Fidel, se casó con Jesús Cedrón del Valle. De esta forma, los Cedrón del Valle enlazaron por matrimonio con las dos familias de las que procedían mis abuelos maternos, los Gil Varela y los Escudero, antes de que ambas ramas confluyeran en la mía.
Así, mis dos abuelos maternos me llevan inicialmente a Lugo y La Coruña. Al remontar generaciones, la rama de Carmucha permanece profundamente arraigada en Lugo, con las parroquias de San Pedro y Santiago y los apellidos Gil Saavedra, Arias Díaz, Varela Sanfiz y Varela Yáñez. La de mi abuelo Fidel amplía el mapa desde La Coruña y Mombuey hasta la Maragatería leonesa, con Castrillo de los Polvazares y Santa Catalina de Somoza.
Raíces paternas
Por la rama paterna la historia nos lleva en una dirección completamente distinta: hacia Salamanca, Murcia, Cartagena y Pozo Estrecho.
Aquí fue fundamental la aparición en 2020 de Vicente Salinas, un pariente mío en séptimo grado. Nuestro antepasado común era tatarabuelo mío y bisabuelo suyo.
Vicente es nieto de María García Nieto, hermana de mi bisabuelo José García Nieto, al que en la familia llamábamos el abuelín.
Gracias a Vicente he conseguido remontarme hasta ocho generaciones.
Mis tatara-tatara-tatarabuelos, es decir, los abuelos de mis tatarabuelos, fueron Ildefonso Nieto y Florentina Lorente. Ellos fueron padres de José Nieto Lorente, mi tátara-tátarabuelo, que se casó con Feliciana Blaya Navarro, mi tátara-tátarabuela.
De esta familia procedía Florentina Nieto Blaya, nacida en Pozo Estrecho en 1844.
Florentina se casó con José García García, natural de Murcia. Aquí subsiste, sin embargo, una pequeña incógnita. En la primera información facilitada por Vicente nuestros antepasados comunes aparecían como «Mariano y Florentina, de Pozo Estrecho»; posteriormente los identificó de forma más precisa como José García García y Florentina Nieto Blaya. Por el momento no sé si José se llamaba también Mariano, si era conocido por ese nombre o si simplemente se produjo una confusión familiar. Prefiero dejar la duda abierta.
José García García y Florentina Nieto Blaya fueron mis tatarabuelos y padres de mi bisabuelo José García Nieto, el abuelín.
José García Nieto se casó con Piedad López, cuyo segundo apellido creo que era González, aunque no estoy seguro. De este matrimonio nacieron, además de mi abuela Florentina, Piedad, Alberto, José —Pepe—, Manolo y Marichu.

Mi tío abuelo José García López, Pepe, fue el conocido actor José Nieto, de modo que el cine aparece también en esta rama de la familia, igual que por la materna aparecía el arte a través del pintor y grabador Manuel Castro Gil.
Mi abuela Florentina García López (Murcia, 1906-Galapagar, 1999) se casó en 1936 con mi abuelo Plácido Prieto Galache (Aldea del Obispo, Salamanca, 1900-Madrid, 1969). Fueron los padres de mi padre, José Prieto García (Castro Urdiales, 1937-Murcia, 2014).
La línea puede seguirse, por tanto, desde Ildefonso Nieto y Florentina Lorente, pasando por José Nieto Lorente y Feliciana Blaya Navarro, José —tal vez también Mariano— García García y Florentina Nieto Blaya, José García Nieto y Piedad López, y Florentina García López y Plácido Prieto Galache, hasta mi padre, José Prieto García, y las generaciones posteriores.
Pozo Estrecho pertenece actualmente a Cartagena, donde precisamente vivo, aunque fue municipio independiente entre 1812 y 1814. De modo que por esta parte de la familia mis antepasados eran murcianos y cartageneros.
Hay además un nombre que ha recorrido esta rama durante más de doscientos años: Florentina —y también Florentino—. Florentina Nieto Blaya había heredado el nombre de su abuela Florentina Lorente; mi propia abuela fue Florentina García López y Vicente me contó que tanto él como sus hermanos fueron bautizados añadiendo a su primer nombre Florentino o Florentina, según fueran hombres o mujeres. Es una pena que el nombre haya desaparecido en las tres últimas generaciones de mi familia.
La rama de Vicente aporta además alguna historia más. Mi bisabuelo José García Nieto tenía una hermana, María García Nieto, que se casó con Eduardo Salinas Romero. Se conocieron en casa de otra hermana, la tía Concha, casada con Alberto Estirado. María y Eduardo vivieron en Valencia, donde ella murió en 1924. La tía Concha también murió en Valencia, en 1942.
María García Nieto y Eduardo Salinas Romero fueron los abuelos de Vicente.
Vicente contó además que su padre, nacido en 1913 y fallecido en 1996, y él, siendo ya mayores, fueron hasta San Javier para intentar localizar la tumba de Florentina Nieto Blaya, abuela de su padre, bisabuela de Vicente y tatarabuela mía. Iban preparados para no encontrarla porque en el propio Ayuntamiento no habían podido proporcionarles información, y efectivamente no consiguieron localizarla.
Yo continué la búsqueda muchos años después. En 2020, aprovechando las salidas que permitían las restricciones de la pandemia, intenté localizar algún antepasado en el cementerio de Pozo Estrecho. Tampoco tuve suerte: había muy pocas tumbas antiguas y las más viejas que encontré eran de finales del siglo XIX, así que no apareció ninguno de los nombres que buscaba.
Gracias a Vicente, en cualquier caso, esta rama de la familia ha podido remontarse hasta ocho generaciones, desde mi hijo, Miguel como yo, hasta Ildefonso Nieto y Florentina Lorente, cuyos nacimientos podrían situarse a finales del siglo XVIII.
El cabo suelto de mi abuelo Plácido
Y resulta curioso que, después de haber conseguido retroceder más de doscientos años por algunas ramas de la familia, sea precisamente de uno de mis cuatro abuelos de quien menos sé.
De mi abuelo paterno Plácido Prieto Galache (Aldea del Obispo, Salamanca, 1900-Madrid, 1969) apenas tengo información sobre sus ascendientes.
Lo poco que sé es que su padre podría haberse llamado Juan y que lo apodaban «el Claras» o «el de Clara». Tal vez aquel apodo tuviera que ver con su madre y esa Clara fuese, por tanto, una antepasada cuyo nombre sobrevivió en el apodo familiar. Pero, de momento, no tengo documentación que me permita afirmarlo.
Así queda por ahora mi mapa familiar. Por el lado materno, las raíces pasan por Lugo, La Coruña, Mombuey, Castrillo de los Polvazares y Santa Catalina de Somoza; por el paterno, por Aldea del Obispo, Murcia, Cartagena, Pozo Estrecho, Valencia y San Javier.
En unas ramas he llegado hasta Ildefonso Nieto y Florentina Lorente, probablemente nacidos a finales del siglo XVIII; en otras han aparecido concejales, funcionarios, dibujantes, maestros, veterinarios, comerciantes, un pintor y grabador como Manuel Castro Gil, un actor como José —Pepe— Nieto, noticias de bodas, esquelas, casas donde se reunían jóvenes artistas y hasta una tatarabuela maragata cuyo nombre pudimos recuperar gracias a la esquela de un nieto muerto en 1934.
Y, en cambio, una parte mucho más próxima continúa casi en blanco: Plácido Prieto Galache, su posible padre Juan y aquel enigmático «el Claras» o «el de Clara».
De momento, el árbol se queda ahí.
Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario
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El blog de Justito El Notario Nihil prius fide & nihil prius manducare




