El pasado 19 de junio de 2026 tuve el honor de recibir el III Premio Laurini a la Excelencia Jurídica, concedido por la Unión Internacional de Profesores y Académicos Notarios (UIPAN).
En los días siguientes desde Quorum, la magnífica revista de UIPAN, me formularon una serie de preguntas.
¿Qué ha supuesto para usted recibir el III Premio Laurini a la Excelencia Jurídica?
Pues un espaldarazo. Mi trabajo, al margen del puramente notarial, es solitario. Siempre digo que cuando falla el blog por incidencias informáticas es cuando más mensajes recibo. Si las cosas funcionan, la gente no me agradece tanto la labor, pero, acercándome ya a los 8 millones de visitas, el reconocimiento que se recibe es ínfimo en comparación con la cifra de visitantes que abrevan en mi blog.
En la notaría la gente no suele valorar el trabajo excelente. No se sabe distinguir una escritura corriente de otra pulcra y cuidada hasta la última coma que, además, no dé problemas (o al menos eso se intenta) fiscales, registrales o catastrales.
Por su parte, el opositor, enfrascado en sus cosas, no suele ser cuidadoso con los agradecimientos, así que, en general, este premio, sin llegar a creerme que yo sea un jurista excelente, me anima a continuar en la línea que llevo en los más de diez años anteriores sin preguntarme tanto “¿para qué hago yo esto?” o decirme: “a final de año lo dejo y me dedico a firmar escrituras y a disfrutar del tiempo libre” (que actualmente casi no tengo).
Por lo expuesto, estoy más que agradecido a UIPAN, CEDEU y la Universidad Rey Juan Carlos por este reconocimiento.
A lo largo de su trayectoria ha combinado la función notarial con la divulgación jurídica. ¿Por qué considera tan importante acercar el Derecho a los ciudadanos?
Al igual que un opositor a notarías no puede dictaminar sin “rudimentar”, es básico que el ciudadano tenga unos rudimentos jurídicos esenciales.
Si no los tienen, pues para eso estamos los profesionales, para velar por ellos y por sus intereses, ofreciendo un producto inmaculado, lo que no supone que, si los tuvieran, todo sería mejor para ellos y, por qué no decirlo (aunque suene cómodo o egoísta), más fácil para nosotros, porque partiríamos de un conocimiento superior de las cosas, de las instituciones, de los instrumentos, de sus consecuencias, etc.
También es sumamente importante ese acercamiento a fin de evitar que la gente crea cualquier contenido jurídico obtenido vía redes sociales o webs de todo tipo que explican cuestiones que no son ciertas o que poco tienen que ver con la auténtica realidad jurídica.
Es el caso de la famosa “cláusula de libre disposición” en los testamentos, que ha generado un cierto volumen de consultas en las notarías españolas.
Hasta tenemos que competir con modelos de escrituras de todo tipo que la gente obtiene de la inteligencia artificial, a la que pueden llegar a hacer más caso que al notario.
Su blog Justito el Notario se ha convertido en una referencia para miles de profesionales. ¿Cuál cree que ha sido la clave de su éxito?
La practicidad, la enorme cantidad de contenidos (especialmente modelos de instrumentos públicos de todo tipo) y el tono.
La gente busca respuesta rápida a sus problemas y no grandes posicionamientos doctrinales (aunque siempre sean necesarios para llegar a las soluciones más apropiadas o para resolver los problemas más difíciles).
Además, el tratar el tema de las oposiciones y del Manducare (el segundo lema de mi blog es el “Nihil Prius Manducare”), que fueron mis modestas pretensiones iniciales, le da al blog un perfil blanco que gusta, aunque, por supuesto, también tengo mis detractores y mis haters.
Alguno de ellos me ha reportado quebraderos de cabeza y disgustos que ya tuve ocasión de comentar en un artículo publicado aquí en Quórum sobre los límites del asesoramiento notarial.
¿Cómo ha cambiado el ejercicio de la función notarial en los últimos años y cuáles son, a su juicio, los principales retos que afronta la profesión?
Si mi padre, que fue notario, levantara la cabeza… esto no tiene nada que ver con lo que era hace veinticuatro años cuando ingresé en el cuerpo, ni con lo que fue en 1962 cuando lo hizo mi padre.
En 2003, año de la toma de posesión de mi primera notaría, los índices se enviaban en disquetes, se dieron los primeros pasos del que luego se llamó Índice Único, las relaciones con el Catastro eran rudimentarias y poco podíamos hacer los notarios en ese ámbito, y no había absolutamente ningún cauce telemático, si no me falla la memoria.
Actualmente, el reto sigue siendo la digitalización, aunque reconoceré que temo la desaparición del papel.
No será nunca lo mismo autorizar escrituras en papel que hacerlas en un único formato electrónico, porque los fallos y errores se deslizan con mucha más facilidad en el formato electrónico que en el papel.
Lo digo muchas veces en los otorgamientos cuando la gente se sorprende de que se detecten errores en ese momento crucial, pero en el papel se ve todo de forma mucho más clara.
Quizá el caballo de batalla del acceso a los libros del Registro sea muy importante, aunque no veo yo a nadie buceando en los libros y asumiendo la responsabilidad que eso comporta.
En todo caso, esa cuestión parece actualmente una utopía, más que una batalla perdida, y apostaré por el caballo ganador de la escritura electrónica.
Otro reto que no quiero dejar de mencionar, puesto que constituye una de mis especialidades, es la de contribuir en mucha mayor medida a la coordinación del Catastro y el Registro de la Propiedad a través del esencial cauce del expediente de subsanación de discrepancias catastrales que regula el artículo 18.2 de la Ley del Catastro Inmobiliario, sobre el que he escrito ya mucho en los últimos años.
La formación continua ocupa un lugar destacado en su carrera. ¿Qué consejo daría a los jóvenes juristas y a quienes inician su trayectoria en el ámbito notarial, como notarios o trabajadores?
Es sencillo: que no dejen de estudiar nunca, que se especialicen y que busquen un nicho de trabajo que, en la medida de lo posible, les guste y sea productivo.
Hay que ser ambicioso y aprovechar las oportunidades. Además, hay que estudiar desde el primer día hasta el último. Estancarse constituye el final de la trayectoria de un jurista verdadero.
No soporto que los profesionales jurídicos, especialmente los que hemos opositado, reconozcan sin rubor (aunque sea en tono humorístico) que “ya no saben nada” o “que cada día saben menos”.
Particularmente, no hay día de mi vida que no siga estudiando.
Me atrevería a recomendar, además de nuestras oposiciones —para las que estamos en un momento dulce, como tuve ocasión de decir en mi pequeña intervención en la entrega del premio—, el trabajo en la oficina notarial en cualquiera de sus posiciones (especialmente en la de los tradicionalmente llamados oficiales) o en los despachos jurídicos que se dedican a las problemáticas que más tocamos los notarios: inmobiliario, registral, catastro, fiscal o mercantil.
Si tuviera que elegir el mayor aprendizaje que le ha proporcionado su vida profesional, ¿cuál sería?
Saber tratar a la gente para ofrecerles la mejor solución a sus problemas. No la que nos piden, que muchas veces no es la buena, sino la que más les conviene.
A veces la mejor solución es no hacer nada. Siempre se ha dicho que no hay mejor escritura que la que no se firma.
No es una cuestión fácil el trato con el público en una oficina como la notarial, que se percibe, por desconocimiento, como algo más bien de tipo particular, exigiendo o reclamando cosas que quedan fuera de nuestro margen de actuación como funcionarios y, al tiempo, profesionales del Derecho.
La notaría se practica mucho en estos tiempos “a cara de perro”, con muchas discusiones y conflictos.
Quedaron muy atrás aquellos años en los que mi padre me contaba que su oficial en un pueblo de la provincia de Toledo le decía a la gente que a la notaría se viene a firmar o que al notario no se le pregunta.
Ahora, en cuanto eres mínimamente accesible, el bombardeo es importante, aunque es fácil que cualquiera te espete algo como “pero está usted seguro de eso” o “eso no puede ser así”.
Después de este reconocimiento, ¿qué proyectos o ilusiones le gustaría desarrollar en los próximos años?
Bueno, a alguien que le gusta arrimar el hombro le proponen muchas cosas a menudo, pero no todas me apetecen.
Ya voy limitado de tiempo con los opositores, la docencia, mis libros, el blog y, por supuesto, la notaría. Con lo que diría que quiero seguir —y seguiré seguro— es con el blog y con la docencia.
Tengo un nuevo libro sobre Catastro en imprenta, tengo otro con mini casos para opositores, compendio de mi trabajo en los dos últimos años, tengo ideas para otros y estaré abierto a lo que pueda surgir que me resulte estimulante.
Si las cosas se hacen obligatorias, se convierten en una carga y ya no se disfrutan.
Creo que en cuanto terminemos la entrevista me voy a preparar un reel para Instagram que me ha propuesto una magistrada sobre el matrimonio notarial.
Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario
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El blog de Justito El Notario Nihil prius fide & nihil prius manducare





