«No tengo la sensación de felicidad extrema que imaginaba»

 

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Decía un opositor a judicaturas hace pocos días en Twitter que «van dos semanas desde que aprobé y la verdad es que son días muy raros. No es una sensación de felicidad extrema como me imaginé. Siento que tengo que ponerme a estudiar, o irme ya a casa porque voy apurado, y me cuesta recoger todo de la mesa. Mi cabeza aún no lo ha asimilado».

Cuando le leí, me vino a la cabeza lo que cuento en la contraportada de mi libro «Nada antes que opositar (Nihil prius oppositio)»

 

«Todo acabó la tarde del 29 de junio de 2002. Mi padre estaba en Madrid. Fue al Colegio Notarial a esperar la salida de las notas y me llamó a media tarde para darme la noticia: «Miguel, eres notario», me dijo».

Cuando después de casi once años Miguel Prieto Escudero, Justito El Notario, aprobó las oposiciones al título de notario todos los que le felicitaban le decían «estarás muy contento» o «no te lo creerás» o «estarás en una nube». Y sí, lo estaba, aunque él lo sintió y lo cuenta de otra manera bien distinta:

«Después me instalé en una nube, en una nube de alivio, en una inmensa nube de alivio en la que aún vivo, aunque mi nube tiene dos agujeros por los que saco las piernas para así poder mantener los pies en el suelo».

Como dijo en su primer número de protocolo, hilo conductor de esta historia, «para terminar, quiero manifestar que espero no olvidar nunca el esfuerzo y sufrimiento que me ha supuesto conseguir lo que siempre había anhelado: ser notario, y también que si lo he conseguido ha sido, desde un punto vista estrictamente personal, gracias a la que modestamente considero que ha sido mi fundamental virtud: la fuerza de voluntad».

 

Así que comprendo perfectamente al recién aprobado aunque desconozco si ha opositado mucho tiempo o no tanto o mas bien poco. A mi modo de ver, la sensación de felicidad es inversamente proporcional a la de alivio si se trata de opositores con mas años de oposición. Tal vez pudiera hacerse una fórmula matemática.

Por supuesto, habrá opiniones para todos los gustos pero en mi caso fue alivio (de la que me he librado) lo que sentí y alivio lo que sigo sintiendo aun. Puede que la auténtica felicidad me llegará cuando puse el pie en Mondoñedo y comencé a disfrutar de lo conseguido. Los meses que transcurrieron entre el aprobado y la toma de posesión (lo que mi padre llamó «El estado mas feliz del hombre») fueron también de tranquilidad y disfrute pero mas que nada de ALIVIO.

El resto de la historia está disponible en el libro que también está a la venta en Amazon. Si alguien lo quiere dedicado que me escriba a justitonotario@hotmail.es

 


Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario