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anécdotas notariales

Chistes y anécdotas Notariales: Episodio XXIV

Más anécdotas del día a día de la notaría (de la mía y de las de los compañeros).

Correctores

Esta corrección me surge escribiendo un post sobre el STI. El ordenador se empeña en cambiar descotejar por desorejar.

Siempre decimos que Hacienda nos quiere cobrar por todo y eso sucedería si el Impuesto de Transmisiones quedará convertido por un lapsus mental o por culpa de los correctores, en el Impuesto de Tradiciones como le sucedió a alguien que me escribía un mail el otro día.

Rolleros

Para un día que me domino y salgo pitando del despacho a las 18:06 para ir a ver a mi madre que vive en la ciudad de al lado, y tengo que ir a toparme con un cliente que, ininterrumpidamente, durante unos larguísimos 15 minutos, a pie de calle, con una reja de una obra de por medio, casi como si me estuviera cantando un tema, pero sin epígrafes, ni programa, ni compasión, me suelta un rollo sobre construcción de caminos y canales que me deja noqueado. Algunos hablan tanto, que solo necesitan oírse a sí mismo, no necesitan de interlocutores.

Dinero negro

Unos herederos firman su escritura, se llevan su documentación, liquidan los impuestos, se llevan la pasta del Banco y con el dinero en la mano me llaman y me dicen:

“¿Le podemos pagar la factura en dinero negro?”

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¡Qué poco me deben¡

Los Notarios multiusos también nos ocupamos de controlar a los que se retrasan en pagar o no pagan. El otro día saqué hoy uno de mis habituales listados quincenales para ver que tenemos pendiente de cobro y al verlo tan corto pienso:

“¡Qué poco me deben¡”

Tras mi inicial alegría, inmediatamente me recorre un sentimiento de angustia. Si no me deben, es que no firmo, si no firmo, no cobro, si no cobro…Reviso el listado, porque no puede ser tan corto, tiene que haber algún error y finalmente, aliviado, lo descubro: he imprimido un mes de menos. Respiro aliviado.

¡Me deben más de lo que pensaba¡ Menos mal.

Justito nunca se enfada

Una firma tensa termina con alivio por la salida del despacho (tras el otorgamiento) de los que habían provocado la tensión.

Un intermediario habitual de mi notaría y amigo me dice:

“Casi te enfadas conmigo”.

La apoderada de la entidad que firmaba la hipoteca que seguía a la compraventa dice entonces:

Justito nunca se enfada”.

“Pues me da alegría que pienses eso de mí”, le dije yo a ella.

Así es, me da mucha alegría que en estos tiempos (más aún viniendo de una bancaria) en que hacemos notaría, muchas veces, a cara de perro, alguien me diga eso, aunque no es verdad que no me enfade. Sí que me enfado, y creo que me enfado por culpa de que los demás se enfadan. Yo soy paciente, si detecto algún problema y paro una firma o se retrasa el otorgamiento, solo estoy pretendiendo hacer bien mi trabajo en beneficio de todos (y de mí mismo, por supuesto), pero si el de enfrente se enfada, me reconcomo por dentro y me resulta difícil disimular que me he enfadado.

Notarios con barraquitas

“Al salir de las oficinas públicas en Nicaragua, los Notarios tienen su barraquita, para captar a la gente que necesita de algún papeleo”, según me cuenta un cliente. Me dijo que eran como los carritos de los helados, más o menos. Enseguida me vino a la cabeza la foto que viene a continuación. Tengo aquí unas cuantas fotos más de notarías.

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Anécdotas de los que esperan

“Hombre, Fulano, otra vez por aquí”.

“Sí, en el banquillo de los acusados”, responde. Y entonces se pone a hablar de la Gürthel, del Bigotes y del curso de cocina que está realizando en la cárcel y hasta del Antiguo Régimen y de la Monarquía Absoluta.

“Si no necesita más de mí querría irme, es que estoy haciendo un curso de cocina y estábamos pochando”, dijo el Bigotes.

Y es que siempre hay excusas para todo. En la notaría también pasa.

Nos vemos en el Episodio XXV. Gracias por las aportaciones.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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