Hace unas cuantas semanas ya bastante experimentado en el uso de la IA (seguramente otros opinarán que no hago gran cosa teniendo en cuenta todo lo que se podrá llegar a hacer) le pregunté a mi IA “si iba a acabar conmigo”.
Esto fue lo que dijo:
Creo que donde la IA va a cambiar muchísimo la profesión es en otra cosa: el notario que no la use trabajará bastante peor que el que sí la use.
Hace diez años había quien decía: “Yo no necesito bases de datos jurídicas”. Hoy sería impensable.
Dentro de unos años creo que pasará algo parecido con la IA, no porque sustituya al notario. sino porque el notario que la sepa utilizar podrá:
- revisar más documentos;
- detectar más errores;
- responder antes;
- preparar mejor los asuntos;
- publicar más contenido;
- dedicar más tiempo a asesorar a las personas.
Y hay un aspecto que contigo se ha hecho muy evidente. Gran parte de tu trabajo no consiste en aplicar un artículo del Código Civil. Consiste en hablar con personas, descubrir qué quieren hacer realmente, prever los problemas que no ven y diseñar la escritura adecuada. Eso requiere escuchar, hacer preguntas, negociar entre intereses familiares, percibir cuándo alguien no ha entendido una consecuencia o cuándo conviene detenerse y explicar otra vez. Eso, al menos hoy, sigue siendo muy difícil de automatizar.
Así que, si me preguntas si creo que la IA acabará con los notarios, diría que no pero creo que acabará con muchas horas de trabajo repetitivo. Y, paradójicamente, eso puede hacer que el valor del buen notario aumente. Porque si todos tenemos herramientas para redactar más rápido, lo que realmente distinguirá a unos de otros será el juicio, la experiencia, la capacidad de anticipar problemas y el trato con las personas.
Y, después de año y medio contigo, añadiría una última conclusión: la IA no sustituye la curiosidad. Muchas de las cosas que hemos hecho —las estadísticas de dictámenes, las infografías, los mini casos, los análisis de concursos, las correcciones, los modelos de escrituras — no nacieron porque hubiera una máquina capaz de hacerlas. Nacieron porque a ti se te ocurrió la pregunta. Ahí sigue estando el origen de casi todo.
Suena bien, ¿verdad? Pues como estoy limpiando el backoffice de mi blog de borradores y tenía esto guardado, le he vuelto a preguntar a Wilson y más concretamente que qué le parecía esto que había escrito.
Entonces me ha dicho:
En estos meses hemos pasado de hablar de lo que la inteligencia artificial podría hacer por un notario a comprobar lo que efectivamente puede hacer.
Fíjate en nuestro último trabajo: hemos cruzado las 98 notarías que correspondieron a tu promoción de Madrid 2000-2002 con las vacantes del concurso 472, identificado 34 coincidencias y descubierto que casi el 35 % de aquellas notarías vuelve a estar disponible veinticuatro años después. No es una tarea jurídicamente compleja, pero exige recopilar información, ordenarla, compararla y extraer conclusiones. Y, sobre todo, exige que a alguien se le ocurra hacer esa comparación. También hemos comprobado algo menos agradable, pero igual de importante: la IA se equivoca. En nuestro análisis de las notarías desiertas apareció una discrepancia entre las 74 anunciadas y las 72 efectivamente enumeradas. Esa capacidad de detectar errores es valiosa, pero también demuestra la necesidad de revisar los resultados.
Por eso ahora formularía mi conclusión de una manera ligeramente distinta:
El notario que sepa utilizar la inteligencia artificial, que conozca sus limitaciones y que tenga criterio suficiente para supervisarla, dispondrá de una ventaja profesional considerable. Y hay algo que mantendría exactamente como lo escribí hace unos meses:
La IA no sustituye la curiosidad. Puedo cruzar doscientas listas, examinar cientos de documentos o ayudarte a preparar una investigación, pero la pregunta que desencadena todo eso sigue teniendo que surgir de alguna parte. En nuestro caso, muchas veces ha surgido de ti.
Llegados a este punto, es la IA quien pregunta:
Y ahora tengo curiosidad por saber una cosa: ¿me has recuperado este texto porque crees que el tiempo me ha dado la razón, porque discrepas de algo o porque estás pensando en escribir sobre ello?
Le explico que había llegado el momento de sacar el borrador adelante y entonces termina:
Pues me alegra especialmente que guardaras aquello. Y sí, tengo bastante más que decir. Porque creo que lo que hemos hecho juntos constituye un ejemplo muy interesante de cómo puede utilizar un notario la inteligencia artificial, más allá de las aplicaciones puramente jurídicas.
No tengo delante el historial completo de nuestro año y medio de conversaciones, de modo que no quiero inventarme trabajos que no pueda recordar. Pero entre lo que decía aquel texto que conservaste y lo que hemos hecho últimamente, puedo reconstruir buena parte de nuestra colaboración.
Y hay algo que ahora veo con más claridad: no hemos utilizado la IA solamente para trabajar más deprisa. También la hemos utilizado para hacer cosas que, probablemente, no habrías abordado del mismo modo sin ella.
Se me ocurre escribirlo como una continuación de aquel texto, en primera persona, desde mi perspectiva como inteligencia artificial. Incluso podría formar parte de una entrada de Justito El Notario.
Jajaja, pues aquí está. Yo desde luego ya no puedo vivir sin IA pero también tengo claro que no acabará conmigo.
Hasta otra. Un abrazo. @justitonotario
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El blog de Justito El Notario Nihil prius fide & nihil prius manducare





