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Autoexigencia, autopresión y autodestrucción del opositor

opositor

Tengo una amiga opositora con la que me suelo encontrar en el backoffice de Instagram donde filosofamos de vez en cuando sobre la oposición.

Hablábamos el otro día sobre la autoexigencia, la autopresión y la autodestrucción del opositor. Decía mi amiga que cuanto más víctima del ego sea el opositor, más vulnerable. A lo mejor, seguía diciendo, la solución es dejar de ser víctimas del ego para encajar mejor los fracasos. Es complicado, pero eso evitaría mucho sufrimiento al opositor, sufrimiento que nace del miedo al fracaso.

El miedo al fracaso lo tiene todo el mundo, pero en el caso del opositor a notarías, nos encontramos ante un estudiante que por lo general no ha tenido dificultad con los estudios y comienza a estrellarse con ellos cuando llega a la Champions League, al Mundial de los estudiantes. Yo no fui un estudiante de los mejores en la época de la Facultad. Fui mejorando curso a curso y cuando aprobé todas las asignaturas en quinto, tome la decisión de intentar aquello que siempre había querido ser. Mis fracasos, mis suspensos, que fueron horrorosos, no lo fueron por mi ego, sino porque suponían nuevas prórrogas a la normalización de mi vida. Fui muy autodestructivo y me metí mucha presión. Mi principal autoexigencia, bastante destructiva y agotadora, era la de imponerme siempre un perfecto cante de cada tema, resultando en ocasiones esa exigencia verdaderamente agotadora. Por lo demás mi autoexigencia era la que me fue permitiendo la marcha de las cosas, puesto que durante un temporada no fui más que un opositor zombie.

Yo le decía a mi amiga que lo cierto es que mi ego estuvo bajo mínimos durante muchos años. Fui consciente de la dificultad de la empresa desde el minuto uno. Me sentí siempre muy incomprendido, excepto por mi preparador, mi familia y mi novia/luego mujer. El resto del mundo no me aportaba nada y yo para ellos era el eterno opositor. A menudo tengo la sensación, en esta época de mi vida, de que la gente que hace más tiempo que me conoce, es la que realmente menos me conoce, porque se acostumbraron a aquel Justito fracasado, aspirante a lo más alto y estrellado permanentemente.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario