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Zagreb: Tres días para enamorarse de la capital croata

Acabo de volver de Zagreb (bueno, esto que cuento fue en agosto de 2024) y todavía estoy asimilando la cantidad de rincones, sabores y momentos que he vivido en apenas tres días. Llegamos el jueves 7 de agosto por la tarde y, desde el primer momento, la ciudad nos recibió con ese aire entre centroeuropeo y balcánico que la hace única.

Día 1 – Primer contacto y cena local

Nada más dejar las maletas en el hotel, nos lanzamos a pasear por la Ciudad Baja (Donji Grad). Calles anchas, arquitectura austrohúngara, cafés de terraza y plazas llenas de vida nos acompañaron hasta llegar al funicular, uno de los más cortos del mundo y que no funciona en este momento, por lo que tuvimos que subir directamente a pie a la Ciudad Alta (Gornji Grad). Desgraciadamente hay bastantes obras en Zagreb a causa del terremoto de 2020 y entre ellas las que afectan a la magnífica catedral de San Esteban que domina toda la ciudad. Allí, el atardecer nos sorprendió junto a la torre Lotrščak, mientras los faroleros comenzaban a encender las farolas de gas, un ritual que se mantiene a pesar de la llegada de la luz eléctrica.

La cena fue en Pod Bizam Bistro. Después, un paseo tranquilo por la Plaza de Ban Jelačić iluminada, y a descansar.

Día 2 – Cultura, mercados y parques

La mañana comenzó con un recorrido gratuito con Civitatis que nos llevó a la Plaza de St. Mark, con su icónica iglesia y a la Puerta de Piedra (Kamenita Vrata), un recoveco de corte milagroso en la ciudad.

En el Mercado Dolac, el corazón comercial de la ciudad, lleno de colores, de aromas locales (especialmente lavanda) y de abejas (sí, muchas haciendo flojear bastante la higiene). Desde allí, visita a la Catedral de San Esteban y su plaza, antes de perdernos por las callejuelas medievales de Kaptol y Gornji Grad.

No pudimos visitar el pequeño Museo de Arte Naïf, que dicen tiene un encanto enorme (el sábado fuimos por la tarde y ya había cerrado y el domingo fuimos por la mañana y no abrían). Zagreb es la capital de los museos absurdos por decir uno tienen hasta un Museo de la Resaca. Luego seguimos al Túnel Grič, un pasadizo de la Segunda Guerra Mundial convertido en atracción urbana. Por la tarde, alquilamos unas bicis eléctricas y nos dimos un gran paseo por la Herradura Verde, un conjunto de parques y jardines que abrazan la ciudad baja.

Día 3 – Cementerio, arquitectura y naturaleza

Tomamos el autobús 106 desde la catedral para visitar el Cementerio Mirogoj, uno de los más bellos de Europa, con sus arcadas cubiertas de hiedra y esculturas que parecen salidas de un museo al aire libre. Fue absolutamente imposible encontrar la tumba de Drazen Petrovic. Hacía mucho calor y lo dejamos por imposible, pero no tengan la más mínima duda de que merece la pena visitarlo.

Nos quedamos sin explorar la arquitectura socialista en la parte nueva de Zagreb con amplias avenidas, edificios administrativos y bloques residenciales de época yugoslava y el Parque Maksimir, un enorme bosque muy cercano a la ciudad.

La última tarde la dedicamos a las compras y, como no, me compré una corbata (fueron los croatas los que la inventaron) con los típicos cuadros de la bandera croata aunque en unos tonos más discretos.

Aunque esta vez no nos dio tiempo, dejamos en la lista para el futuro una excursión al Lago Bled y a las Cuevas de Postojna en Eslovenia. También la visita al Museo Nikola Tesla, y explorar más restaurantes como La Štruk, Submarine Burger o el Curry Bowl.

Zagreb ha resultado ser una ciudad perfecta para una escapada corta pero intensa, que me ha venido de perlas tras cuatro meses y medio en los que he trabajado de lunes a domingo.

También es cierto que antes de ir a Zagreb, hay otras ciudades europeas muy interesantes, aunque creo esas las tenemos ya casi todas visitadas en nuestro caso.

 

 

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario





 

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