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Pueblos abandonados: La aldea de Vilar y Turruncún

Recibo periódicamente de César Marful mi gran amigo mindoniense, trece años después de nuestra marcha, unos, a veces abultados, sobres con recortes de periódicos y folletos varios que me envía porque sabe bien que me gusta recibirlos y suelen ser de mi interés. Me envía noticias de todo tipo sobre mi querido Mondoñedo, A Mariña, Lugo y Galicia en general, haciendo especial hincapié en los asuntos del Manducare y de las Ferias y Fiestas gallegas que tanto me gustan. No falla ningún año el envío del cartel de la Feria do Butelo de Fonsagrada que fue mi estreno en este tipo de acontecimientos gastronómicos tan usuales actualmente en todas partes aunque Galicia haya sido precursora de los mismos pues allí se llevan celebrando desde hace mucho más tiempo que en la mayoría del resto de España.

En uno de sus envíos de hace unos meses, me hacía llegar una noticia de La Voz de Galicia sobre aldeas abandonadas en la comarca de A Mariña.

La aldea de Vilar

Esta aldea mindoniense llamada Vilar perteneció en su totalidad, según tengo entendido, al padre de Ramón Alonso, Notario jubilado de la promoción de mi padre (fallecido en Enero de 2016) a quien apodaban Cagamonedas. Supongo que era bastante rico y de ahí el apodo que como tantos otros no se sabe si se le puede o no decir a la cara a su titular. Nuestro compañero Ramón y su familia donaron la aldea al municipio de Mondoñedo y allí se desarrollan desde entonces distintas actividades tras haberlo rehabilitado. Creo que está proyectado un Museo.

Mi mujer, mi amiga Raquel Largo Escudero, Registradora de Mondoñedo cuando yo era Notario también allí, hicimos una pequeña excursión hasta Vilar una mañana de fin de semana y nos encontramos olvidadas por el tiempo dos auténticas curiosidades que ahora atesoro como grandes recuerdos de mi entrañable etapa mindoniense.

Se trata de unas viejas cuñas de hierro que pensamos que formaban parte de un arado (¿o tal vez de una plancha?) con las que nos montaron una escultura muy interesante que tengo en la entrada de mi casa y de una postal o tal vez foto con un texto completamente borroso que cuesta verdadero trabajo descifrar. Supongo que el hombre y la mujer de la postal no son José y Josefa 

“Querido José XXX que te debí estas con el como conmigo tu amiga. Josefa Brey. Habitaban los senos que me mandaste que los mandaste de burla.

Srto. Jose Lopez Chan

11 de Mayo de 1919 Burgos

Inés Cabarcos”

Turruncún

Cuando le hablé hace un tiempo a un amigo de la aldea de Vilar de Mondoñedo me dijo: “Yo también tengo mi particular pueblo abandonado, me lo encontré hace ya algunos años en La Rioja y, según he leído en Google tuvo bastante historia. Se trata de un lugar llamado Turruncún y me llamó la atención, además su curioso nombre, la vista de lo que quedaba del pueblo observándolo  desde la carretera. A lo mejor la duda que tengo es muy simple de resolver pero siempre que paso por pueblos y aldeas abandonados (desgraciadamente cada vez son más) donde habitaron generaciones y generaciones de familias que hoy ya no existen o han emigrado a la ciudad, pienso en quién será el dueño de tanta ruina y tanto campo abandonado y en si es posible que llegue alguien con ganas de volver a vivir allí y que pueda “tomar posesión” de la hacienda en ruina y restaurarla sin encontrarse después con problemas legales. ¿De quién son las propiedades de estos lugares y quién las puede reclamar?”

Es un tema interesante que de manera breve podría contestar a mi amigo de este modo:

El derecho de propiedad no prescribe (sin la accion de un tercero) y por tanto quienes eran dueños de aquellos lugares, lo seguirán siendo, salvo que haya un efectivo abandono en cuyo caso podrían llegar a ser adquiridos por el Estado. Si han fallecido tendrán unos herederos que pueden llegar a convertirse en dueños de los mismos. La única forma de perder la propiedad es por la vía de la usucapión (a salvo el citado abandono) que requiere en el caso de los inmuebles de un plazo de treinta o cuarenta años, según las circunstancias.

Así que, amigo mío, si te vas a Turruncún y te instalas y durante cuarenta años nadie aparece por allí a darte el tostón, podrás hacer valer la prescripción adquisitiva o usucapión y hacerte el amo de tu pueblo abandonado favorito.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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