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Parador de Santiago de Compostela

En una ubicación inmejorable, y no es hablar por hablar, en un edificio espectacular, y tampoco lo es, el Hostal de los Reyes Católicos, Parador Nacional, merece una visita (una al menos en la vida) en concepto de huésped. Mis padres, por cierto, pasaron allí su noche de bodas.

Yo lo conocí primero por fuera visitando la plaza del Obradoiro, luego como turista de “cafetería” o “restaurante” y más adelante con la visita controlada que se puede hacer a zonas que no están abiertas al público en general.

Por fin me llegó el día de dormir allí con motivo de una ruta de Paradores con mi amigo El Señor de Cuenca y repetí con ocasión de una xuntanza familiar de mi rama familiar materna en la ciudad del Apóstol.

No he parado ya más por allí pues tiene poco de barato y porque las habitaciones lo desmerecen algo para ser un *****GL. La primera vez que fuimos nos correspondió una habitación modelo “Ivanhoe” algo minúscula y la segunda una mucho más amplia y confortable. A fin de cuentas yo duermo en un colchón y me ducho en una ducha; no me abrazo a las gárgolas, ni me restriego por el musgo del histórico edificio por muy bonito que sea. El placer de dormir en un gran edificio histórico es evidente, pero la cama y la ducha también son fundamentales, aunque lo cierto sea que no se duerme todos los días en un hotel ubicado en tamaño edificio, ni en una espectacular ciudad como Santiago.


 

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