Nieto de notario y sobrino de otros dos notarios. Opositó, lo dejó, ejerció la abogacía, volvió y, en un par de años, con 37 años (casado, sin hijos y sin trabajar en ese tiempo), aprobó. Ha sido uno de los últimos, pero el logro es brutal, y ya saben que los últimos son los primeros de la siguiente.
Como somos paisanos y nuestras familias están vinculadas por la profesión y la amistad desde hace unas décadas, y gracias a lo que conté aquí, ya hemos hablado Luis y yo un par de veces. Se nos ocurrió la idea de una entrevista que pudiera ayudar a los que siguen opositando (especialmente a los veteranos), a los que se lo están pensando y, por qué no, a los que tengan la espinita clavada como la tuvo él y estén deshojando la margarita del volver.
Como ocurrió con el caso del tío que aprobó siete veces el primero, recurrí a mi grupo de opositores para que le formularan algunas preguntas y les dije: «Ya sé que no estáis para perder el tiempo, pero solo es un minuto. Le voy a hacer una entrevista a este “chico” y quiero que me formuléis una pregunta para él. Su historia puede parecerse mucho, poco o nada a la vuestra, pero seguro que algo os interesa saber. Dandanovic, va por usted también: ¿qué le preguntamos?».
Una primera voz le felicita de entrada: «Si ya es difícil la oposición, en esas circunstancias aún más, y estas historias inspiran». Y de ahí surgen dos cuestiones directas:
¿Hasta qué punto influyó el apoyo de tu entorno más cercano, especialmente tu esposa y familia?
Lo primero que quiero decir es que me siento un afortunado. He aprobado una oposición maravillosa y, lo más importante, he podido sacarme una espina que tenía clavada desde hace tiempo y que me impedía ser plenamente feliz.
Es cierto que tardé seis años en volver a intentarlo. A veces pienso que fue demasiado; otras, que era el tiempo necesario para retomarlo con ilusión renovada. Lo que he aprendido es que cada persona tiene su propio ritmo. Entonces no era mi momento. A mí me vino bien ejercer la abogacía y regresar después con fuerzas renovadas.
Durante esos años de ejercicio entre Madrid y Orihuela coincidí con muchos letrados que, como yo, habían sido opositores. Más de una vez hablamos sobre la posibilidad de retomar la oposición. Siempre me animaban: «Son tiempos difíciles para la abogacía», me decían. En aquel momento aún me resultaba casi impensable volver a empezar.
Entretanto me casé con Gloria, a quien debo estar hoy aquí. Fue ella, con su fe inquebrantable, quien me empujó a tomar la decisión de dejar el ejercicio y volver al estudio. «Esta vez lo vas a conseguir, ya verás. Cree en ti». «Ahora tienes el conocimiento práctico que te faltaba», me repetía. Su apoyo, junto con el de mis padres, ha sido fundamental.
También quiero agradecer a mi preparador, Santiago Ruiz, su apoyo y su confianza. No estaría aquí sin él. Recuerdo sus palabras cuando lo llamé para contarle mi decisión de regresar, siendo muy consciente de las dificultades por edad y de las responsabilidades económicas y familiares: «Si lo tienes claro, deja el trabajo y ponte a estudiar a tiempo completo». Y así lo hice. Me incorporé a su grupo de opositores. Hoy, los tres compañeros de aquel grupo somos registradores.
Y, entrando ya en materia y contestando a la primera pregunta:
El apoyo de mi entorno ha sido absolutamente decisivo. Sin mi familia y, especialmente, sin Gloria, no estaría aquí. Ella fue quien me convenció de que merecía darme otra oportunidad. Su empuje, su paciencia y su fe en mí fueron el motor de esta segunda etapa.
Reconozco que una de las razones por las que tardé tanto en volver fue precisamente por ella. No quería que tuviera que pasar por todo lo que implica esta oposición: las ausencias, las renuncias, los nervios del pasillo, la espera de las notas… Pero Gloria es una mujer valiente, y decidió acompañarme en esta aventura con todas sus consecuencias.
Estuvo conmigo en los tres ejercicios. Recuerdo perfectamente el momento en que sonaba el timbre antes de entrar: me cogía fuerte de la mano y me decía que éramos unos afortunados por tener esta oportunidad. Era su manera de darme el último empujón. Y cuando terminaba el examen, allí estaba, esperándome con una sonrisa que lo decía todo. Fue también la primera en llamarme para decirme que ya era registrador. Esa tarde no la olvidaré nunca.
A mis padres y hermanos les debo otra parte enorme de este camino. No solo por su apoyo incondicional, sino por su infinita paciencia. Mi madre llegó a escuchar decenas de temas con una sonrisa, asintiendo, animándome y, a veces, incluso haciendo gestos graciosos para sacarme una sonrisa. Esa constancia, esa fe silenciosa, me sostuvo durante todo el proceso. Y a mi padre, que no soportaba la idea de que tuviera que pasar otra vez por aquel proceso tan duro: el día que aprobé respiró… y volvió a respirar con un alivio inmenso, como si al fin pudiera soltar todo lo que había contenido durante tanto tiempo.
Hoy, si miro atrás, sé que esta oposición la hemos aprobado entre todos. Yo puse el esfuerzo, pero ellos pusieron el corazón.
¿Qué cambio se produjo para que decidieras volver?
El cambio más importante fue recuperar la confianza en mí mismo. Suspender el dictamen fue un golpe muy duro y, en su momento, no supe gestionarlo. Mi cabeza me repetía que no valía para nada, que nunca sería capaz de hacer un dictamen que mereciera aprobar. Con el tiempo, entendí que suspender no era un fracaso. Había superado dos orales durísimos y me había quedado a las puertas de conseguirlo. Me di cuenta de que los temas me los sabía, que lo que necesitaba era mejorar el práctico. El ejercicio de la abogacía me ayudó mucho: me dio perspectiva, seguridad y madurez. Sentí que merecía darme otra oportunidad, y me convencí de que esta vez iba a ser la mía.
Otro cambio importante fue aprender a valorar la oposición. No todo el mundo tiene la posibilidad de prepararla. Muchos piensan que los opositores pierden los mejores años de su vida estudiando, pero no lo veo así. Nunca es tiempo perdido cuando estás invirtiendo en tu futuro. Sentirme un afortunado mientras opositaba fue clave para mantener la motivación.
También tuvo un papel fundamental el curso de la Fundación Registral, organizado por el Colegio de Registradores en 2023. Fue una iniciativa preciosa dirigida a exopositores, en la que se ponía en valor la preparación de las oposiciones y se reconocía el esfuerzo de quince jóvenes que dedicamos años al estudio sin llegar a aprobar.
Tardé seis años en regresar. Pero podía no haber vuelto nunca, y sé que, de haber sido así, jamás me lo habría perdonado.
Otra opositora pone el acento en algo esencial: se suele dar más protagonismo a quienes aprueban en tiempo récord, pero existen otros ejemplos —menos visibles y no menos valiosos— de quienes perseveran, se reinventan, retroceden para coger impulso y vuelven a levantarse. Eso, dice, también es inspirador: «Nos recuerda que la oposición no es solo para jóvenes; la madurez, la experiencia, incluso los tropiezos pueden servir de combustible».
De esa reflexión extrae una pregunta:
¿Cuál crees que fue el hecho determinante que te faltaba en tu primera etapa como opositor y que encontraste en la segunda para volver, trabajarlo y aprobar?
Creo que hubo varios aspectos que mejoré en mi segunda etapa y que fueron determinantes para lograr el objetivo:
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Comprender, no solo memorizar. Aprendí a estudiar los artículos tratando de entender el supuesto de hecho que regula. Tener buena memoria ayuda, por supuesto, pero comprendí que la memoria por sí sola no basta para aprobar una oposición de este nivel. Entender el porqué de cada norma marca la diferencia.
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Organización del tiempo. Mejoré mucho la planificación. Elaboré un plan semanal de estudio con los temas que debía preparar cada día hasta el examen y lo fui cumpliendo con rigor. Esa estructura me hizo más eficiente y, además, ver los avances reflejados en el calendario me motivaba mucho.
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Respetar el descanso. Descansar es tan importante como estudiar. Aprendí a equilibrar el tiempo de trabajo con momentos para hacer deporte, caminar o simplemente desconectar. La oposición es una carrera de fondo, y es esencial reservar energías para el sprint final.
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La actitud. Sin duda, fue el cambio más importante. Sentirme agradecido por tener la oportunidad de preparar estas oposiciones fue la clave. En mi primera etapa hubo momentos en los que me sentía mal por ser opositor, y ahora sé que fue un error. Por diferentes circunstancias, no todo el mundo puede preparar estas oposiciones; es una suerte enorme poder hacerlo. Ese cambio de enfoque lo transformó todo.
Otra, veterana y más que Luis, formula un cuestionario más práctico, casi cronológico:
Cuando dejaste la oposición, ¿pensaste que esa etapa estaba cerrada? ¿Cuándo volvió a rondarte la idea de reengancharte?
Nunca sentí que aquella etapa estuviera realmente cerrada. Cuando suspendí, estaba anímicamente tocado y pensé que me vendría bien trabajar un tiempo, conocer qué había fuera. La abogacía era lo que más me atraía en ese momento. Al mes de dejar de estudiar surgió una oportunidad en un despacho de Madrid, hice la entrevista y me cogieron.
Aun así, durante todo ese tiempo la idea de volver nunca desapareció. En el fondo, nunca dejé de ser opositor. Seguía conectado: leía resoluciones, hacía mini dictámenes de Justito, incluso cantaba algún artículo del Código Civil de vez en cuando. Creo que siempre tuve claro que la abogacía sería algo temporal. Pero hacía falta valentía para dar el paso. Salir de mi zona de confort para perseguir mi sueño ha sido la decisión más bonita y acertada de mi vida.
¿Cuánto tiempo te llevó la primera vuelta al temario tras la vuelta al estudio?
Tardé unas doce semanas y media en completar el estudio del primer ejercicio. Aun así, creo que este dato no debería tomarse como referencia, ya que recordaba gran parte de los temas gracias a las numerosas vueltas que les había dado en mi etapa anterior. Es sorprendente la capacidad del cerebro humano para retener y recuperar lo aprendido cuando lo has trabajado a fondo durante años.
Cuando te presentaste al primer ejercicio, ¿ya habías vuelto a ver el segundo?
Antes del primer ejercicio ya había retomado parte del segundo, sobre todo hipotecario y los temas reformados por la Ley 11/2023. No lo pude ver todo, pero ese primer contacto me ayudó mucho después. Aprobar el primer examen me dio una motivación enorme para afrontar el segundo con ilusión.
¿Cómo te preparabas mentalmente?
El aspecto mental es fundamental. En la oposición vives en una situación de estrés constante: la mente está siempre en alerta y los pensamientos negativos acechan. Si no cuentas con las herramientas adecuadas, la autoestima puede resentirse. En realidad, es una lucha diaria contra uno mismo.
En mi caso, trabajé mucho la parte mental. Me ayudaron el deporte, la terapia psicológica, el yoga y también acudir a misa, que me aportaba calma y perspectiva. Intentaba afrontar la oposición con espíritu deportivo, aprendiendo de los errores e intentando mejorar cada día, como hacen los atletas olímpicos que se preparan durante años para competir apenas unos minutos.
También buscaba pequeñas fuentes de inspiración en mi día libre: ver películas de superación me servía para recargar energías y empezar la semana con fuerza. Películas como Carros de fuego, La joven y el mar, Invicto, En busca de la felicidad, 42 segundos o el documental The Last Dance fueron algunas de las que más me motivaron.
Dandanovic introduce otra mirada, más irónica pero igualmente incisiva:
¿Por qué decidió reengancharse precisamente con Registros? ¿Hubo detrás un motivo vocacional o uno más pragmático?
Decidí reengancharme con Registros porque, en realidad, siempre tuve claro que quería ser registrador. El derecho hipotecario me atrae especialmente: es una rama técnica, pero también profundamente práctica; y ese interés se consolidó aún más durante mi ejercicio como abogado. También he preparado notarías, y conozco bien ambas oposiciones: son profesiones distintas, pero complementarias, ambas imprescindibles para la seguridad jurídica y el tráfico inmobiliario. En mi caso, la vida me ha llevado de forma natural hacia Registros, una vocación que estaba ahí desde el principio.
¿Cómo piensa afrontar ahora el tránsito de ser un asesor litigante a un “juez territorial”?
Afronto este nuevo reto con mucha ilusión y sentido de la responsabilidad. Sé que supone un cambio de perspectiva, pero confío en que mi etapa anterior como abogado me ayudará a ser un mejor registrador. Haber estado al otro lado me permite comprender mejor las necesidades de quienes acuden al registro y la importancia de ofrecer seguridad jurídica con rigor, pero también con sensibilidad práctica.
Y algo más existencial: tras aprobar, ¿elige borrar la etapa de la oposición lo antes posible y centrarse en el ejercicio, o mantener vivo ese espíritu opositor ya para siempre?
Prefiero mantener vivo el espíritu opositor. La oposición es una experiencia que te marca para siempre y, en mi caso, creo que para bien. Te enseña disciplina, constancia, amor por el derecho y una capacidad de trabajo que luego se proyecta en toda tu vida profesional. Además, ofrece un conocimiento del derecho privado que ningún máster puede igualar. No quiero dejar de sentirme opositor, y poder acompañar o ayudar a quienes ahora están en ese camino es, para mí, la mejor forma de agradecer lo que otros hicieron por mí.
Otra voz más joven confiesa lo duro del proceso: «Yo no estoy disfrutando nada… cada año me pesa más, lo que antes era motivación hoy es carga». Y desde ahí formula sus preguntas:
¿Por qué lo dejaste? ¿Pensabas que carecías de capacidad o ganas? ¿Veías más posibilidades fuera de la oposición?
Lo dejé porque en ese momento me faltó madurez para encajar el suspenso. No supe gestionar la incertidumbre ni el miedo a volver a fallar. Surgió una oportunidad en un despacho y decidí probar suerte. Con el tiempo me di cuenta de que había sido una decisión precipitada: disfrutaba del ejercicio de la abogacía, pero mi vocación por la oposición seguía ahí, latente, recordándome que era un camino que no había cerrado del todo. No fue por falta de capacidad ni de ganas; a mí me falló el práctico, y precisamente ejercer como abogado me ayudó a mejorar ese aspecto. Además, en esa etapa conocí a mi mujer, que vivía en Madrid, y aquello también me impulsó a dar el paso y empezar mi carrera como abogado allí. Con los años entendí que aquella experiencia profesional y personal no me apartó de mi vocación, sino que me preparó mejor para retomarla.
¿Qué te llevó a volver? ¿Un choque con la realidad, una vocación poderosísima?
Sin duda fue la vocación la que me hizo volver. No fue tanto un choque con la realidad, sino una necesidad profunda de cerrar un ciclo que había dejado abierto. Sentía que tenía que terminar lo que había empezado, que no podía quedarme con la duda. Además, tenía la confianza de haber aprobado los dos orales, y aunque el tercero nunca fue mi punto fuerte, el ejercicio profesional me había ayudado a reforzar muchos aspectos. La abogacía es una profesión bonita y exigente, pero yo sabía que mi sitio estaba en los registros. También es verdad que la realidad del trabajo por cuenta ajena es dura y la del abogado especialmente, y eso, en parte, me hizo valorar aún más la posibilidad de retomar mi vocación y luchar por ella hasta el final.
Por último, ver que otros compañeros que habían pasado por lo mismo lograban su objetivo en convocatorias posteriores me animó a creer que a mí también me faltaba un intento.
¿Volviste con fuerzas renovadas o fue un simple retomar donde lo habías dejado?
Fue un regreso con fuerzas renovadas. A la ilusión enorme de volver a preparar la oposición se sumó la experiencia laboral adquirida durante esos años. Al principio pensaba que después de seis años había olvidado muchas cosas, pero fue justo lo contrario: todo resultó más fácil de lo que imaginaba. El ejercicio de la abogacía me ayudó a ser un mejor opositor, tanto en la parte teórica como en el práctico. Noté que me organizaba mucho mejor, aprovechaba el tiempo y, sobre todo, disfrutaba del estudio. Volvía a «cantar» los temas con entusiasmo y me gustaba explicárselos a mi mujer, a mis padres y a mi hermano. Sentí que estaba exactamente donde tenía que estar. Volver fue realmente ilusionante, y el simple hecho de formar parte de los candidatos ya me hacía sentir feliz y motivado.
¿Hiciste cambios en tu forma de estudiar (más horas a destajo o, al contrario, más calma y salud mental)?
El cambio más importante fue aprender a organizar mejor mi tiempo de estudio. Me di cuenta de que tener un plan claro es fundamental. Así que estructuré la preparación por semanas hasta el día del examen. Esa planificación me dio una gran tranquilidad mental. Pasé de estudiar muchas horas a destajo y sin rumbo, a hacerlo de forma más eficiente, con objetivos realistas y descansos cuando los necesitaba.
Curiosamente, solo las mujeres del grupo han hecho preguntas (exceptuando a Dandanovic, que no oposita, y una pregunta suelta de un varón). La penúltima preguntaba:
¿Qué diferencia observas entre opositar al acabar la carrera y hacerlo después, habiendo sido abogado?
Haber trabajado como abogado marcó una diferencia importante. La abogacía me dio sentido práctico, criterio jurídico y la capacidad de mantener la calma. Me ayudó a encontrar el supuesto de hecho, aplicar la norma y defender una postura con convicción. Cuando oposité recién salido de la carrera tenía una buena base teórica, pero me faltaba esa visión real del derecho. Tras pasar por el ejercicio profesional todo cambió. Redactar, argumentar, priorizar… se vuelve casi natural. Además, el trato con clientes, jueces y compañeros te da una madurez y unas habilidades que para mí significaron una mejora importante.
¿Hubo algún hecho o emoción que te empujó a volver a opositar? ¿Fue más una vocación/aspiración personal o un impulso de desarrollo profesional?
Hubo dos factores determinantes. El primero fue mi vocación, que seguía muy viva a pesar del tiempo. Siempre sentí que la oposición era un camino que, antes o después, tenía que retomar. El segundo, el apoyo incondicional de mi mujer y de mis padres, que me dieron la confianza y la estabilidad necesarias para volver a intentarlo. Además, durante mi etapa como abogado, pude comprobar de primera mano el prestigio y la relevancia que tienen en el ámbito jurídico las profesiones de notario y registrador. Ver su papel esencial en la práctica me hizo valorar aún más la oposición y reafirmó mi decisión de volver con más convicción que nunca.
¿Cuál fue el motivo por el que no aprobaste durante los primeros 7/8 años de oposición? ¿Detectaste errores que después supiste corregir?
Cometí muchos errores en mi primera etapa, principalmente por falta de madurez. Si tuviera que destacar dos, serían la falta de organización y la actitud con la que afrontaba la oposición. Al principio estudiaba sin descanso, sin una planificación clara y con la sensación de que parar era perder el tiempo. En mi segunda etapa entendí que era justo al revés: el descanso es parte del estudio. No puedes llegar agotado al tercer examen, ni vivir con miedo al resultado. Aprendí a organizarme mejor, a establecer un plan realista y respetarlo, incluyendo los momentos de desconexión. Pero, sobre todo, cambié mi actitud: empecé a disfrutar del proceso, incluso dentro de su dureza. Sentirme bien, mantener la ilusión y cuidar la mente marcó la diferencia. Sin esos cambios, no habría llegado a aprobar.
¿En qué porcentaje aproximado crees que el ejercicio de la abogacía te ayudó a enfrentar el caso práctico? ¿Lo preparaste con anterioridad o tras aprobar el segundo ejercicio?
No sabría concretar un porcentaje, porque no siempre llevaba asuntos civiles o relacionados directamente con la oposición. Aun así, el ejercicio de la abogacía me ayudó a darle un enfoque más práctico a los temas, argumentar mejor y, sobre todo, a perder el miedo a defender una postura.
El dictamen empecé a prepararlo después de aprobar el segundo ejercicio. Llegué con más seguridad y con la serenidad que me había dado la experiencia profesional. Creo que mantener la calma en el dictamen es fundamental, y mi paso por la abogacía me aportó justamente eso: tranquilidad y confianza para afrontarlo.
Si no hubieras aprobado, ¿lo hubieras intentado una segunda vez tras tu regreso? ¿Pensaste en notarías?
Sin duda lo habríamos vuelto a intentar. Mi mujer y yo teníamos claro que si no era en esta convocatoria sería en la siguiente o en la otra. Era una apuesta personal y compartida y teníamos la determinación de llegar hasta el final.
Firmé notarías más como una opción de tranquilidad que como una decisión firme. En ese momento, tras un suspenso, uno busca rápidamente una nueva motivación, y notarías siempre estuvo ahí como una posibilidad cercana. Aun así, sabía que no quería repetir los errores del pasado ni dejar que el cansancio o la presión me superaran. Esta vez el objetivo era mantener la serenidad y seguir avanzando paso a paso hasta conseguirlo.
Finalmente, otra aportación breve y directa:
¿En qué momento exacto decides reemprender el estudio?
Recuerdo perfectamente el momento: fue en septiembre de 2023. Sentí que, si no lo intentaba entonces, quizá ya no lo haría nunca. Era una decisión importante, porque sabía que implicaba cerrar otras puertas durante un tiempo indefinido, y eso imponía respeto. Empecé poco a poco, con los temas de civil de la primera bola, los que más me gustaban y que, para mi sorpresa, seguía recordando bien. Las sensaciones fueron muy buenas y en noviembre de 2023 decidí dedicarme por completo. Fue un paso muy meditado, pero también muy ilusionante: sentí que era ahora o nunca y que por fin había llegado mi momento.
¿Cómo crees que habría sido tu vida si no lo hubieras vuelto a intentar?
Creo que habría sido una espina clavada. Siempre tenía en la cabeza la idea de volver y sé que si no lo hubiera hecho me habría quedado con la duda de hasta dónde podía llegar. Tomar la decisión de intentarlo de nuevo me dio una sensación de paz y de propósito que necesitaba. Al final, volver fue una forma de estar en paz conmigo mismo y de cerrar un círculo que tenía pendiente.
¿A dónde te gustaría ir destinado? (la entrevista fue antes del concurso)
Mi primer destino será Ledesma, en Salamanca, y la verdad es que estamos muy ilusionados. Es un lugar con mucho encanto, muy cerca de una ciudad tan especial como Salamanca, con su historia, su ambiente y su vida universitaria. Nos hace mucha ilusión poder empezar esta nueva etapa allí, en un entorno tan bonito y con tanta calidad de vida.
Vaya arsenal de preguntas y reflexiones (aunque muchas presenten un mismo fondo y una diferente forma de preguntar) que, más que una entrevista, pueden convertirse en un espejo donde otros opositores se miren.
Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario
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