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48 horas en Albarracín y Teruel

Todos hemos recurrido alguna vez a alguien para que nos haga recomendaciones sobre algún lugar que queremos visitar.

Yo he recurrido a un amigo tuitero @anavmor que es buen conocedor de Albarracín y Teruel, los sitios de los que os vamos a hablar.

¿Pero hacemos caso de las recomendaciones? En este post sobre mi reciente viaje en familia a  Albarracín y Teruel os cuento lo que nos recomendaron y lo que finalmente hicimos.

Mi amigo @anavmor en su guía de viaje me indicaba

“Yo creo que, con el tiempo que tenéis, podéis hacer lo siguiente:

Comer en Teruel y dar un paseo por la ciudad por la tarde. A la mañana siguiente, podéis ir a Albarracín y pasar allí gran parte del día. El resto de ese día y el día de la vuelta dedicarlos a Teruel“.

¿Y que fue lo que hicimos?….. Pues empezamos por Albarracín. Llegamos allí desde Cuenca dejando a un lado su Ciudad Encantada, el Nacimiento del Río Cuervo, el Nacimiento del Tajo y Frías de Albarracín entre otras muchas cosas. Desde el coche y por la sinuosa carretera, disfrutamos del paisaje de la Serranía de Cuenca y de la Sierra de Albarracín.

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Llegamos a Albarracín y nos quedamos asombrados de la cantidad de gente que había allí y del tamaño de los parkings gratuitos. Tened en cuenta que según la Wikipedia, Albarracín tiene 1.097 habitantes. Auténticas hordas nos movíamos por allí, así que no se os ocurra ir a Albarracín sin reservar mesa para comer o cenar. Hay muchos sitios, pero es lo más prudente para disfrutar y no pasarte buena parte del tiempo preguntando si tienen sitio de local en local es reservar con antelación. Confirmamos que Albarracín es absolutamente merecedor de su fama y que sin duda es uno de los pueblos más bonitos de España. Se trata de una visita imprescindible.

Tras un breve paseo y un par de cervezas nos fuimos a comer a El Rincón del Chorro en el que había reservado unos días antes en el segundo turno.

Antes de contaros lo “del Chorro”, una anécdota sobre las aceitunas gordales con pepinillo que acompañaron al chorizo y a las cortezas de cerdo nuestro aperitivo. En Albarracín escuchamos un par de nombres nuevos para este clásico aperitivo patrio que consiste (lo explico aunque no creo que haya alguien que no lo sepa) en un pepinillo introducido por el agujero (que mal suena esto) de una aceituna gordal. Había escuchado aceituna con pepinillo, kimbo pepino, erotico y follao, pero lo de la aceituna follada y sobre todo lo de la aceituna violada que oímos en Albarracín es insuperable. ¿O alguien da más?

El  Rincón del Chorro

Exteriormente el local me pareció el más bonito y mejor decorado de los que pude ver en el pueblo. Interiormente se divide en dos plantas. Animada barra abajo y comedor arriba. El comedor es de esos apretujados en los que se encuentra uno cómodo, a pesar de la proximidad de las mesas. La misma mañana reconfirmaron mi reserva y me preguntaron sobre el número de adultos y niños y sobre si llevábamos algún carrito. El personal demostró en la sala esa misma eficacia que en el momento de las reservas y eso que ya estábamos en el segundo turno de comidas y empezaban a las ocho de la tarde con los dos turnos programados para la cena.

Destacaría dos platos entre los que comimos. El cardo con almendras y jamón que estaba tremendo. Y el ragout de jabalí con trufa, aunque el exceso de pimienta en grano hacía inapreciable la trufa a mi paladar.

El vino fue “La Manga del Brujo” de El Escocés Volante. La carta de vinos aragoneses del local estaba bien surtida. Es una de esas cartas en la que no sabes por que decidirte. Mi primera experiencia con esta bodega resultó muy satisfactoria. Ha sido otra recomendación tuitera, en este caso de @BensonSenyora, que no defraudó mis expectativas. No obstante, en cosa de vinos lo que más me condiciona es el estado físico y mental con el que me enfrento a la botella. He desperdiciado grandes vinos en malos momentos y he disfrutado a lo grande con caldos bien sencillos.  Mi estado era óptimo en El Rincón del Chorro y disfruté mucho de este vino.

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Al terminar de comer un buen paseo por el pueblo, aunque me faltó fuelle para llegar a lo más alto donde las vistas debían ser impresionantes. Con el atardecer cogimos camino a Teruel donde nos alojamos en el Parador del que hablaré cualquier otro día en la sección especial que tengo ya abierta y por inaugurar en este blog.

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Al día siguiente hubo que cumplir con el más clásico rito turolense de los últimos años: la visita a Dinópolis.

Dinopolis

Dos entradas de adulto y una para un niño de nueve años costaron 78 euros, más la comida que fueron sobre 32 euros (¡que buen bocata de ternasco y pimientos¡) y 23 euros de un peluche, total 132 euros. Estaba a reventar.

En Dinópolis hay que tener en cuenta:

— Que es imprescindible no ir en un puente. Mejor un fin de semana cualquiera.

— Que es fundamental ir con las entradas sacadas por Internet. Te ahorrarás la primera gran cola, aunque no te ahorrarás ni un céntimo porque cuesta lo mismo.

— Que lo mejor, si no eres un niño, es el Museo Paleontológico. Nos gustó más la parte acuática que la terrestre. Tanto, que por la tarde acabé comprando fósiles (importados de Mozambique) en una tienda del centro de Teruel.

— Que las colas pueden ser muy largas. Habría que pedir a los Sres. de Dinópolis que limiten el aforo. No es de recibo hacer colas de una hora. Tal vez tengan un aforo excesivo.

— Que la visita, en un día como el 7 de Diciembre, puede durar unas 6 de las que una tercera parte, y me quedo corto, te las pasas haciendo cola.

— Que se puede comer y beber (no llevar comida y bebida), siendo el bocata de ternasco y puede que el de jamón de Teruel, las únicas opciones interesantes.

— Y, por último, que si bien la mayoría de las instalaciones y atracciones son cubiertas, los pasos de una a otra son al pairo y al pairo se hacen las colas, por lo que conviene ir abrigado en días de frío.

Al salir de Dinópolis, nos fuimos a Teruel, que está a un paso. Con un pequeño plano nos manejamos por el centro de la ciudad, visitando los Aljibes, el Museo Provincial (en el que había una interesante exposición del fotógrafo Aitor Lara), el fantástico Monumento a los Amantes y la aneja Iglesia de San Pedro. Prestad atención a la historia del Protocolo de Yagüe que refiere la intervención de un notario en la historia de Los Amantes.  No dio tiempo para más. Bueno, si, para cenar en Rufino.

Restaurante Rufino

Estuvieron buenas las morcillas de arroz y el pulpo ahumado con salmón, pero el TERNASCO estaba soberbio. De vez en cuando, uno dice aquello de “es la/lo mejor xx que he probado en mi vida”. Eso fue lo que dijimos del ternasco. El vino fue un Tres Picos de Borsao que tanto José Luis Navarro Comín como Manolo Domínguez me llevaban recomendando desde hace tiempo. Como pasó en Albarracín, las referencias de vinos de la tierra eran numerosas y costaba trabajo decidir, pero Tres Picos no defraudó en absoluto, a pesar de que en la última cena del último día de un viaje, mente, y sobre todo cuerpo, ya no sean los mismos. Fantástica recomendación de @anavmor, que fue mi segunda opción. Llegué a llamar a Yaín que parece ser el sitio de referencia en la ciudad, pero no abre los lunes y por eso pasamos el plan B: Rufino.

El resto de las recomendaciones de @anavmor fueron las siguientes

“RESPECTO DE TERUEL:

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 Aparcamiento.

Si estás alojado a las afueras (Parador, por ejemplo), cuando vayas al centro aparca en el parking de la Glorieta o en el de la Calle Joaquín Arnau. Están en pleno centro a cincuenta metros uno del otro.

¿Qué ver en Teruel?

Teruel es muy, muy pequeño. No necesitas mucho tiempo para ver lo esencial.

Plaza del Torico. Centro neurálgico de la ciudad.

Torre de El Salvador. Puedes subir por la torre hasta el campanario.

Catedral. Tienes que entrar y ver el artesonado del techo. Espectacular. Es lo que más me gusta de Teruel.

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Torre de San Martín.

Iglesia de San Pedro.

Monumento a los amantes de Teruel. En la misma Iglesia de San Pedro.

Todo eso lo ves tranquilamente en un ratito.

Si quieres, y hace buen día, puedes asomarte a la Glorieta y darte un paseo por el viaducto peatonal (hay dos) hasta el otro lado de la ciudad y volver. Al otro lado no hay más que zona residencial.

¿Tiendas a las que tienes que ir?

HORNO SANTA CRISTINA: Al lado de los parkings. Compra obligatoria es un regañao de jamón. Sólo abre de lunes a viernes y sábado por la mañana.

ATILANO: Tienda pequeñita pero con buenas cosas (está en una callejuela que va de la plaza del Torico a la de la catedral). Tienes jamón, longaniza (que tienes que comprar) y productos típicos. Que te orienten.

PASTELERÍA ALBARRACÍN: Fabulosos pastelitos de queso.

SANZ: Tienes que comprar una trenza (de chocolate o de nueces y pasas).

MUÑOZ: Aparte de buena pastelería (palmeras por ejemplo), tiene tienda de productos típicos.

¿Dónde comer?

 YAIN. Reserva recomendable.

MESÓN ÓVALO.

VENECIA

RUFINO.

RESPECTO DE ALBARRACÍN:

¿Cómo ir?

Son apenas 35 kms (poco más de media hora) pero mi sugerencia es que un trayecto (la ida o la vuelta) no lo hagas por la carretera “habitual”.

Mejor ir de Teruel a Bezas y de ahí a Albarracín. La carretera no sale ni en Google Maps, pero está bien y se puede ir sin problema.

El paisaje es espectacular, los pinares de Rodeno son una maravilla y puedes darte un paseo por pinturas rupestres.

¿Qué hacer en Albarracín?

Lo que tienes que hacer es pasear por ese pueblo que es el más bonito de España.

Y compra quesos de Albarracín. Son buenísimos.

Creo que hay un buen sitio de tapas:

La taba.

Aquí terminamos @anavmor y yo, nuestras respectivas recomendaciones. Visto lo visto, siempre tendré una excusa para volver a Albarracín y a Teruel, bueno al menos dos: el artesonado de la Catedral que estaba cerrada y los quesos de Albarracín.

Gracias @anavmor.

Hasta otra, un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario


 

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