Premio del jefe a una plantilla excepcional tras un duro año de trabajo atendiendo la notaría de Monóvar.
Viernes 28 de Noviembre – La aventura comienza
El vuelo Ryanair FR 9747 partió puntual a las 20:05 de Alicante, con destino a Lisboa. Después de un pequeño contratiempo de algunas con el navegador y estando ya todos en la terminal, nos tomamos las primeras cervezas del fin de semana.
El trayecto en el avión fue tranquilo (algunas se contaron la vida en hora y media) y llegamos a Lisboa a las 20:55, hora local, listos para instalarnos e irnos rápidamente a cenar. El transfer ya estaba contratado, y en unos 20-30 minutos, llegamos al Fenicius Charme Hotel. El check-in fue rápido hasta que descubrimos que había cama de matrimonio para todo el mundo y que no había individuales para todos. La cosa se solucionó rápido y los equipos de dormida quedaron configurados sin mayor problema por lo que, tras recomponernos mínimamente, salimos para la cena que tenía reservada desde hace tiempo en Da Noi.
¡Qué maravilla! Un pequeño restaurante en el barrio de Madragoa, con cocina portuguesa e internacional moderna que nos conquistó desde el plato número uno de los muchos que compartimos. Aunque llegamos casi a medianoche, la cocina seguía abierta (ya me preocupé yo de buscar sitios con cocina que cerrase tarde) y el ambiente resultó muy especial con un servicio a la altura. ¡Un excelente inicio para el viaje!

Sábado 29 de Noviembre – Día completo en Lisboa
El sábado amaneció despejado. Después del desayuno en el hotel y tras coger un Uber nos fuimos al Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem y el Monumento a los Descubrimientos, con sus imprescindibles vistas del río Tajo.
Regresamos andando hasta la famosa confitería de los pasteis y algunos ya nos adelantamos al grupo para tomar la primera cerveza de la jornada frente a la residencia del presidente portugués mientras esperábamos a que todos terminasen sus compras.
Ya reunidos, cogimos un motocarro turístico que nos llevó hasta el Time Out Market, el famoso mercado gastronómico que ofrece una buena cantidad de opciones. Sí, mucha gente y muy turístico pero pasamos un rato muy divertido y bebimos y comimos muy satisfactoriamente.
Después de comer echamos a andar hacia el Terreiro do Paço y allí intentamos coger alguno de los tranvías más turísticos de la city pero fue imposible por más que lo intentaos. Presenciamos el encendido del árbol de Navidad y, por las calles peatonales y comerciales, nos fuimos andando hasta que, de nuevo a través de Uber, decidimos volver al hotel para descansar un poco e irnos a cenar a la Taberna Sal Grosso situada justo enfrente del Parlamento portugués.
Nuevo acierto con platos compartidos y buen vino y mucha cerveza. Nos colocaron en la esquina donde se tuerce la barra y los que estábamos mirando hacia ella disfrutamos con la legión de cocineros y camareros trabajando en perfecto orden. Tienen otro local en Alfama que estaba cerrado en estos días y que creo que ya ha reabierto. La combinación de sabores fue fantástica y la compañía, aún mejor. La charla fluida y las risas continuaron hasta tarde. Al día siguiente, íbamos a tener que caminar mucho para quemar todo lo que habíamos disfrutado aunque ya quemamos lo suyo con el largo paseo desde Sal Grosso hasta la Plaza de Luis Camoes que nos condujo hasta Garret, al elevador de Santa Justa (una lejana prima mía) y a la misma plaza de la tarde desde la que el Sr. Uber nos depósito de nuevo en casa.
Aún quedaba un glorioso domingo.
Domingo 30 de Noviembre: La traca final en el Ramiro
El vuelo salía tarde. Había tiempo para todo y el buen propósito de quemar la cena se disipó pronto porque en unos cómodos motocarros cubiertos hicimos una tournée por Lisboa que nos llevó de este a oeste disfrutando de todas las vistas posibles y miradores de la ciudad.
Nos tomamos unos aperoles y cervezas en A Brasileira en compañía del gran Pessoa y con un artista callejero que nos hizo grato el momento con su música.
Al terminar, llegó el momento más épico del viaje: ¡el marisco! Nos dirigimos a Cervejaria Ramiro, una marisquería tradicional lisboeta, famosa por su calidad, ritmo, buen servicio, singular distribución en tres plantas y bueno, buenísimo, material a buen precio.
Después de una comida memorable (y algún que otro brindis y buenas palabricas y discursos), nos fuimos muertos de risa hacia el hotel. Aún nos dio tiempo para tomar la última en un antro próximo con que tomamos el transfer al aeropuerto absolutamente despelotados de risa y cantando el “Brasil, nana, nana, nana, nanaaaa”…..
El vuelo de regreso partió puntual, y en un abrir y cerrar de ojos, estábamos de vuelta en Alicante, con la sensación de haber vivido un fin de semana lleno de risas, cultura, gastronomía y buena compañía y, además, completamente atípico porque no me digan que no es raro pasar 48 horas con tus compañeros de fatiga diaria fuera de donde estamos habituados a relacionarnos entre nosotros y rodeados de clientes siempre con prisa y con un alto nivel de exigencia.
Ya les he dicho que si llegamos a 1.500 este año, repetimos, aunque ha sido tan especial que estoy dispuesto a rebajar la cifra a 1.400.
Recapitulando:
Pocas veces he tenido tanto acierto con la elección de los restaurantes en un viaje.
Buen rollo, generosidad y compañerismo que hacen que el equipo de la Notaría de Pinoso funcione tan bien como lo hace.
Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario
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El blog de Justito El Notario Nihil prius fide & nihil prius manducare








