
Restaurante La Lonja
Solo había ido una vez y no me había gustado demasiado. Por eso, cuando me propusieron ir de nuevo, no estuve muy por la labor, aunque no dije nada, ya que yo no era el organizador.
Al llegar, el ambiente ya me pareció distinto. La terraza estaba muy animada y el condumio de las mesas tenía muy buena pinta.
El trato fue correcto a nuestra llegada y durante toda la cena por parte de todos los que nos atendían. Tomamos una ensalada de buen tomate con bonito, alcaparras y aceitunas, coquinas, chipirones, una tempura de verduras que estaba muy buena, para pasar después al pulpo con salsa romescu y a la musina, que es un pez culebroso de carne blanca que, rebozado, resulta muy apetitoso. Yo me di posteriormente a la tarta al whisky. Bebimos un par de botellas de Albariño. El precio no lo recuerdo. En cualquier caso, un sitio para volver a tener en cuenta.
Peñarrubia
Bueno, este verano en Águilas, además de ir a clásicos que ya tengo comentados en el blog como el Frankfurt Mormar o El Faro, también hemos tenido algunas novedades, como por ejemplo un sitio clásico de mis padres, cerca de la residencia de ferroviarios de Águilas, que se llama Peñarrubia. No descarto haber ido hace años, pero el caso es que no lo recuerdo. Tiene una amplia terraza que suele estar llena o casi llena, pero aquella noche, nuestra primera noche del verano 2021 en Águilas, cuando llamé a reservar no tenían sitio, entre otras cosas porque se celebraba la Eurocopa y había partido.
Nos dieron la opción de acomodarnos en las mesas cerca de la barra, pero allí la gente no estaba cenando, así que nos llevaron a un salón interior en el que hacía bastante calor; las mesas y sillas eran pequeñas e incómodas.
Menaje sencillo. El camarero estuvo muy atento y simpático todo el rato.
Tomamos un tomate de Águilas que no estaba mal, aunque los he probado mejores. Los calamares a la romana sí que estaban muy ricos y el escalope del chiquillo también. Terminamos con una móllera que estaba excelente. El vino creo que fue un Albariño corriente. Cumplido el antojo y el homenaje a la costumbre de mis padres, tengo bastante.
Estrella del Mar
Una magnífica opción para comer o cenar en Águilas, probablemente mejor para cenar que para comer, es el chiringuito Estrella del Mar, situado en la zona de la Casica Verde.
Lleva ya abiertos unos años. Es bastante grande, con una zona interior y otras de terrazas exteriores.
Para mí, aquel verano —o aquel segundo verano COVID— estaba tan lleno como siempre, por lo que creo que las distancias no se respetaban demasiado. El servicio es súper ágil y eficiente. Hay un montón de camareros, la mayoría jóvenes, con algún mayor, que parecen un ejército de hormigas entrando y sacando platos. Tomamos patatas con ajo, ensalada y el famoso pudín de pescado de roca aguileño, chipirones, sardinas y un riquísimo secreto ibérico para terminar.
Compartimos algunos postres, bebimos Protos tinto y blanco. El precio, muy equilibrado. Di la enhorabuena varias veces al servicio porque la verdad es que lo hacen de maravilla y toda la comida estaba muy buena, que es lo que importa, y estaba a reventar, con lo cual es importantísimo reservar.
Chiringuito La Carolina / Los Cocedores
Saliéndonos de nuestra habitual visita al Pecado Gastrobar Águilas en el día del Carmen, aplazamos la celebración al día siguiente. Nos fuimos toda la familia y unos amigos a la playa, a la de La Carolina, para más detalles, y comimos en el chiringuito llamado Los Cocedores. Hay dos allí y este sería el que está hacia la parte de Murcia, para que no haya confusiones.
Lo primero que me llama la atención es que, haciendo la reserva con bastante antelación, te sitúan en la zona interior y no en la de terraza, que dejan para los más tardones en reservar o para los pocos que aparecerán sin reserva. Lo digo porque nuestro perfil es propio de la gente que se adelanta en reservar y, en cambio, el de muchas otras mesas no parecería ser el perfil propio de los que se organizan con mucha antelación.
En la parte interior hace un calor insufrible. Los ventiladores son insuficientes y se niegan a facilitar la apertura de los cerramientos que tienen bloqueados para evitar que la gente los mueva. El servicio, la verdad, dejó bastante que desear. El chaval que nos atendió reconoció que era su primer día de trabajo en la hostelería. Cuando le pedí una botella de vino, me dijo: “¿Entera?”. Le dije: “Sí”, y él me respondió: “Pero una botella de litro”. Así estaba el nivel. Casi había que ayudarle para aclararle lo que le pedíamos.
Habíamos encargado unas paellas. La paella estaba salada. Con eso yo daba por descargado el arroz. Para acompañar en la fase previa tomamos unas ensaladas normales, el famoso pudín de pescado de roca de Águilas —el peor que había probado hasta ahora— y unos chipirones. Los postres fueron variados. El vino, vulgaris. Y el precio, para lo que estoy contando, probablemente caro.
Unos días después de haber ido me encontré a mi vieja amiga Rosa, que me dijo que a Chiringuito Los Cocedores hay que ir a comer huevos con patatas fritas.
La próxima vez te haré caso, Rosa.
Maguro Square Sushi
Por último, Maguro Square Sushi, un sitio que, hasta donde yo llego, antes era un bar de copas que ha pasado a ser un restaurante de tipo japonés que forma parte de una franquicia o grupo o cadena cuyas últimas aperturas han tenido lugar en Águilas y Los Alcázares.
Estuvo bien atendido. Nos aconsejaron bien. Y estaba todo buenísimo. Quizá no tenía el grado de elaboración o sofisticación de otros sitios dedicados a la comida japonesa, pero el resultado final, quizá menos aparente, era extraordinariamente bueno.
No me preguntes qué comí porque yo sigo sin enterarme de lo que es el nigiri, sushi, etcétera.
Nunca me lo aprenderé, pero lo cierto es que estaba todo buenísimo. Algún plato hasta lo repetimos y, claro, luego el precio no tuvo nada de barato, porque anduvimos rozando los 150 €, si no recuerdo mal. Creo que hay otras dos ofertas japonesas en Águilas que habrá que probar el próximo verano. Eso sí, visitas a mi pueblo de toda la vida; pero para aquellos a los que les gusta disfrutar de un japonés con ciertas condiciones, este Maguro sin duda lo aconsejo.
Y amplio el listado
Voy a añadir este año a mi lista de restaurantes en Águilas los siguientes:
Primer grupo: sitios a los que he ido y tengo frescos: Casa Bartolo; Casa Menéndez; El Pie Castillo; El Tiburón; La Regordeta; La Taberna Mediática; La Veleta; El Rincón Marinero; El Zoco del Mar; La Carlota; El Guacamole; Italia y la Plaza de Abastos.
En un segundo grupo voy a incluir sitios a los que hace mucho que no voy: Casa del Mar; Los Mellizos; La Venta del Cocón y El Pozico.
Y termino con sitios a los que no he ido o que no recuerdo casi cuándo fui: El Asador; El Náutico; El Paso; La Tana; Oriente; Paradise Beach Club; Quality Indian; Daytona; El Gallo; La Isla del Fraile; Los Geranios; El Mariluz; La Venta de Tébar; La Venta de San Felipe y El Miramar.
Se me ha olvidado incluir entre los restaurantes de Águilas alguno como el sencillo Palacio del Bocadillo, el abarrotado El Pimiento, La Iguana en El Macetón, el Kiosco Costazul —al que de jóvenes llamábamos La Tía Marrana—, El Felipe en la zona de la Glorieta Nueva, El Velero y La Dolce Vita en La Colonia, La Máquina (que fue el famosísimo Lucero de nuestra juventud) y El Sol y Mar, que se encuentra en remodelación y dicen que lo va a coger Juan Fran, el del Refugio. No sé si Juan Fran coge este o si coge el famoso Felipe que acabo de citar.
Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario
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El blog de Justito El Notario Nihil prius fide & nihil prius manducare




