
Me consta que se lo anduvo pensando Vicente Martorell para su reciente publicación sobre “Las uniones convencionales de hecho” (que estoy seguro de que será un libro imprescindible en todos los despachos jurídicos que traten con extranjeros procedentes de esos mundos de Dios), aunque al final se decidiera por el formato papel clásico.
Sin embargo, otro grande como es Antonio Jiménez Clar sí que ha optado por el formato electrónico para su reciente obra “La incorporación de la información gráfica a la escritura pública”. Cuando vi el reciente título de Jiménez Clar en la web de Basconfer, le escribí a mi editor, distribuidor y, además, amigo Braulio Bascón Fernández (le debo yo mucho a esta familia) para elucubrar sobre el “libro electrónico”.
La teoría del libro electrónico
Por si sirve de algo, te voy a contar mis sensaciones ante un formato que nosotros estamos usando para mis publicaciones (me refería al libro del 18.2 en sus dos versiones y a la Adenda que desarrolla la versión 2.0).
Para empezar, yo compro libros jurídicos, pero no me los leo. Solo los uso para salir de apuros (tanto en el despacho como en el blog), por lo que, dependiendo de la cuestión sobre la que trate el libro, puede que tenga pocos, muchos o ningún apuro. Generalmente los compro porque creo que me van a servir de ayuda, aunque no siempre acierto.
Por otra parte, a veces (como no los leo) se me olvida que los tengo.
Al margen de los libros que son útiles para el despacho están los que son útiles para opositores (que también pueden ser útiles para el despacho). Estos, en realidad, los compro para ellos (o para poderles ayudar en mi sección de Mini-Casos y en las correcciones a los casos). De hecho, ahora tengo varios prestados en comodato a algunos de los de mi grupo que se van a enfrentar al dictamen en un puñado de semanas.
Además, en el caso del libro de Jiménez Clar, como versa sobre algo que también constituye mi especialidad, me da miedo encontrarme ante una marabunta de cosas que choquen con lo que yo creo y me vuelva medio loco asimilándolas. Además, yo soy tan práctico que sin práctica no aprendo la teoría (que generalmente ni me la leo). El libro de Jiménez Clar es muy bueno “a la hora de decidir cómo ha de incorporarse al instrumento público notarial para evitar consecuencias no previstas o no queridas por los otorgantes de la escritura”. Esta materia está en constante evolución porque, aunque se cumplirán pronto 10 años de la reforma de 2015, se ha tardado mucho en encajarla y queda mucho camino por recorrer hasta que todos la entiendan y apliquen.
Así que, si compro un libro en papel o en formato electrónico, como no me lo voy a leer y solo los tendré como libros de consulta puntual, puede que luego ni los encuentre; y, siendo libros electrónicos, puede que aún me sea más difícil, dado el maremágnum de carpetas de mi Outlook (que utilizo a modo de disco duro), en la que a veces encuentro algo muy rápido y otras no consigo localizar aquello que busco.
Si el libro fuera electrónico tendría que imprimirlo, aunque un paquete de folios más o menos grueso, con sus grapas, se puede mezclar fácilmente entre los cientos de papeles que manejamos, siendo muy posible que tampoco lo encuentre (salvo que lo coloque en la librería junto con los demás libros en papel, en cuyo caso seguramente se destacará por su formato). Además, ya sabemos que los bosques y la huella de carbono no saldrán bien parados si optamos por la impresión, que en caso de extravío se duplica o se triplica.
¿CONCLUSIÓN?
Pues que a cada uno le gustará una cosa y, por tanto, esto mismo que pienso yo del libro electrónico será lo mismo que piensen muchos otros y se lo apliquen a mis libros. A pesar de ello, los hemos vendido muy bien porque son económicos y generan pocos gastos.
Destacaría, finalmente, que el libro electrónico es mucho más interesante cuando contiene una parte más o menos importante de materiales que se pueden usar en la preparación de nuestros instrumentos públicos (escritos, documentos, demandas, etc., si hablamos de otros colectivos profesionales). En caso contrario, tal vez sea preferible el formato tradicional.
Por cierto, pienso que el libro de los Rojas Martínez del Mármol sobre el Expediente de Dominio, que compré hace poco, creo que hubiera sido estupendo en formato electrónico.
Te cuento (recuerdo al lector que le estaba escribiendo a Braulio Bascón Fernández) este rollo por si mis reflexiones ayudan a futuros candidatos a libro electrónico.
Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario
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El blog de Justito El Notario Nihil prius fide & nihil prius manducare




