Tras finalizar una nueva edición del curso, creo que merece la pena compartir algunas de las valoraciones recibidas, porque reflejan bastante bien qué es lo que se busca cuando uno decide formarse en una materia que, siendo tan práctica, muchas veces se aprende “a golpes” en el despacho.
La idea que más se repite es la utilidad inmediata. No se trata solo de entender los conceptos, sino de poder aplicarlos al día siguiente en el trabajo. Varios compañeros/alumnos (notarios, oficiales, empleados, técnicos, bancarios, abogados y otros profesionales) destacan lo útil que resulta trabajar con ejemplos reales, con modelos y, sobre todo, que muchos casos sean exactamente iguales o muy parecidos a otros que se tienen entre las manos durante las semanas que dura el curso. Ese enfoque obliga a pensar, a fijar conceptos y a enfrentarse a problemas que son completamente verídicos pues todos sin excepción han salido de mi notaría, de cualquier otra o de un despacho profesional de los que se ocupan de este tipo de temas.
Aparece con frecuencia en los comentarios la sensación de progreso evidente, incluso en quienes ya tenían experiencia previa. Se habla de especialización, de haber aprendido mucho y, en algunos casos, de haber perdido el miedo a determinadas operaciones: rectificaciones, excesos de cabida, coordinación con Catastro… En definitiva, de ganar seguridad y de empezar a “ver” mejor las cosas, que al final es de lo que se trata.
Ahora bien, hay una cuestión que se repite casi tanto como lo dicho anteriormente: la falta de tiempo. No es una cuestión propiamente del curso, sino del trabajo de cada uno. Jornadas partidas, firmas, acumulación de toda clase de asuntos… Todo eso hace que no siempre sea fácil seguir el ritmo, preparar los materiales o dedicar al curso el tiempo que cada uno querría. Por eso se valora especialmente la posibilidad de acceder a las clases en diferido y de poder retomar los contenidos cuando las obligaciones lo permiten. Por supuesto, puede ponerse uno a escuchar las clases a puerta gayola sin preparar nada y aprender lo que pueda o leer los casos y las soluciones (que siempre aporto) y no hacerlos. Aquí hay libertad para que cada uno se dosifique el aprendizaje aunque pueda ser mucha la caña que le intento dar al alumnado.
En cuanto al material, la percepción general es que resulta útil no solo durante el curso, sino también después. Muchos lo ven ya como una guía de consulta para el futuro, lo cual es especialmente importante en una materia que exige volver una y otra vez a los mismos problemas. Se valora también el volumen de casos y modelos, así como el enfoque práctico apoyado en ejemplos reales y en herramientas que se utilizan en el día a día.
Junto a todo esto, han surgido sugerencias interesantes. Por ejemplo, la conveniencia de incorporar un pequeño glosario de términos técnicos o esquemas rápidos de la documentación necesaria en cada tipo de escritura, algo que podría facilitar mucho el trabajo en el despacho, especialmente a quienes están empezando. También se apunta la posibilidad de ajustar el volumen de comunicaciones o reforzar los vídeos tutoriales en determinados aspectos más operativos. Tomo nota y seguiré trabajando para mejorar todo lo que pueda.
En conjunto, las valoraciones dibujan un curso muy práctico, directamente conectado con la realidad del trabajo en notaría, exigente en cuanto a dedicación —como no puede ser de otra manera— y con margen de mejora en aspectos muy concretos que ya se están teniendo en cuenta.
Estoy trabajando en la próxima edición de 2027, con la idea de seguir afinando el contenido y mantener el objetivo: que lo aprendido sirva, de verdad, para el día a día.
Espero que se animen (que os animéis porque en el curso nos tratamos todos de tú) para el año 2027.
Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario
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El blog de Justito El Notario Nihil prius fide & nihil prius manducare





