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“Desahucia a sus padres sordomudos”

Así se titula esta noticia de El Mundo que os enlazo y que está fechada en Madrid, hace pocos días, el 8 de Octubre de 2016.

Yo tuve conocimiento de este caso a través de algunos mensajes de Whatssapp y de Twitter cuyos enlaces no llegué a abrir por falta de tiempo, aunque anoté el asunto en mi lista de tareas pendientes. Cuando tuve tiempo utilicé Google para buscar “sordomudos notario” y esa noticia del enlace del párrafo anterior, que no sé si es o no lo misma de aquellos mensajes que recibí, fue la primera que me apareció. Imagino que habrá más noticias de corte similar.

Creo que sin tener ni idea de lo realmente acontecido y sólo por el hecho de que soy Notario, puedo hacer unas cuantas aclaraciones que cambien radicalmente la visión del caso a que se refiere la noticia y, sobre todo, las conclusiones que cada lector pueda sacar de esta tremenda situación, de este drama que no haría falta agravar aderezándolo con cuestiones irrelevantes, inexactitudes, prejuicios o presunciones, puesto que la situación ya es suficientemente delicada de por sí. Es aborrecible que en base a esta clase de informaciones se cree un estado de opinión que afecta a muchas personas y colectivos, entre ellos el mío, el de los Notarios, pero también al colectivo bancario o al de las personas con discapacidad.

¿Qué tal si para empezar cambiáramos el título? “Desahucia a sus padres sordomudos” por “Desahuciados por culpa de su hijo” o mejor aún…..

Un matrimonio de sordomudos puede ser desahuciado por una deuda de su hijo

Y es que el hijo no ha desahuciado a nadie. El lanzamiento, que no el desahucio (aunque comúnmente nos referimos todos al desahucio), es una consecuencia de la ejecución de la hipoteca, que insta, con todo su derecho, el Banco acreedor del hijo del matrimonio de sordomudos.

Pero sigamos analizando la noticia sobre la base de que yo, insisto, no sé lo que realmente ha pasado, aunque como soy Notario y he firmado escrituras con sordomudos (y otros discapaces) estoy perfectamente autorizado para efectuar ese análisis, porque si alguien tenía alguna duda, y tras leer la noticia es muy probable que la tenga, los sordomudos  pueden firmar escrituras o ¿es qué alguien pensaba que un sordomudo no puede hacerlo por el simple hecho de serlo?

Intercalaré los párrafos de la noticia con mis comentarios para facilitar su análisis

“Las bombillas del techo se iluminan cuando suena el telefonillo. Parpadean varias veces. El destello se ve desde la calle. María del Carmen Lebrón, 81 años, sordomuda de nacimiento, se asoma por la ventana para ver quién llama”.

“Las bombillas del techo se vuelven a iluminar cuando suena el timbre de la puerta. Antonio Pleguezuelo, 76 años, sordomudo por una meningitis a los cuatro años, es el que abre. Sorprendido por la visita inesperada, este carpintero jubilado coqueto se quita rápido la camiseta interior blanca sin mangas y se pone una camisa azul”.

En un artículo de este peso específico, el calificativo de “coqueto” está mal escogido y además resulta superfluo. Antonio es una persona que simplemente sabe que a las visitas no se les recibe en paños menores, sobre todo si te van a hacer fotos para un periódico o vas a salir en la televisión. Creo que igual que he recordado que los sordomudos pueden firmar escrituras, conviene recordar recurriendo a la R.A.E., que significa exactamente “sordomudo”:

  1. adj. Dicho de una persona: Sorda de nacimiento y que padece por ello graves dificultades para hablar mediante la voz.

“El banco les reclama la vivienda tras el impago de una deuda de 101.000 euros“.

Hubiera sido infinitamente más correcto decir: “El Banco ejecuta una hipoteca constituida en garantía de un préstamo de 101.000 € sobre la vivienda de uno de los hijos del matrimonio de sordomudos al que estos habían afianzado (o avalado que es un término que se suele emplear más a menudo) y que el hijo no ha pagado”. Si para hacer accesible una noticia a más gente, convertimos los hechos en otros distintos, la noticia deja de ser noticia y se convierte en un cuento chino.

“En el tercer piso del número 5 de la calle Velázquez en Pinto, este matrimonio discapacitado lleva 50 años viviendo en silencio. Como su televisión, encendida sin volumen. Las imágenes les bastan para pasar entretenidos la tarde. Un tiempo que, según la carta de Bankia que les llegó hace dos semanas, puede ser limitado. Tienen hasta las 12 de la mañana del 30 de enero para abandonar su hogar en este municipio madrileño a 30 kilómetros de la Puerta del Sol. Aquel por el que han correteado sus cuatro hijos. Ahora, están desahuciados por una deuda con el banco de 101.000 euros. Todo por culpa de su hijo pequeño, Gregorio, de 37 años”.

El periodista ya ha encontrado un culpable: Gregorio, el hijo de 37 años del matrimonio que el periodista llama discapacitado. ¿Llama discapacitado al matrimonio? No será más correcto “matrimonio de discapacitados“. Me veo obligado a recordar de una parte que discapaz no es incapaz, nadie ha dicho que Antonio y Carmen estén incapacitados judicialmente, y de otra, que estas personas que son propietarias de su casa (la que ahora pueden perder) debieron comprarla mediante escritura pública y ante Notario hace esos 50 años que dice el artículo, siendo jóvenes pero tan sordomudos como actualmente (según nos han dicho). Probablemente cuando compraron su casa y el maldito día en que afianzaron a su hijo, no han sido los únicos días en que se han pasado por una notaría.

“El mediano de los hermanos, Benjamín (43), nos explica por qué: «El problema de mis padres es que en 2005 sirvieron de aval a Gregorio para que se comprara una casa. Él les llevó engañados al notario sin saber que iban a firmar, son analfabetos y minusválidos, pensaban que era algo del seguro. Después mi hermano vendió el piso en el que mis padres figuraban como compradores y no pagó el préstamo», explica Benjamín, cerrajero de profesión”.

Más presuposiciones. En este caso por parte de Benjamín, el hermano de Gregorio, que, como no es técnico en la materia, expresa las cosas a su manera diciendo que “sus padres sirvieron de aval para que su hermano se comprara una casa”, cuando lo correcto sería decir “que sus padres avalaron con todos sus bienes presentes y futuros el préstamo que un Banco concedió a su hermano para que se comprara su casa”. También presupone que fueron engañados por su hermano y para reforzar la tesis del engaño indica que son “analfabetos y minusválidos”. A bote pronto, lo primero que me he encontrado en Google, en este artículo de “El País” es que en España había 730.000 analfabetos en 2014. Yo firmo con personas analfabetas a menudo. Todos los días del año, los analfabetos firman escrituras públicas en alguna notaría española. También dice que son minusválidos. Según esta otra información, fechada en 2015, y también a bote pronto, son 2.500.000 las personas con discapacidad en España. También firmo con discapacitados a menudo (pueden verlo aquí, por ejemplo), también firman los discapacitados escrituras, todos los días en las notarías españolas.

“Él se enteró de la situación hace cuatro años de casualidad. Un día visitando a sus padres con su mujer Vicky, empezaron a revisar las cartas como de costumbre. Una de ellas tenía un apercibimiento por el préstamo del banco. «Entonces descubrí todo lo que había pasado y mi hermano no quiso saber nada», explica Benjamín, quien añade que el notario también engañó a sus padres dejando que firmaran siendo consciente de sus limitaciones“.

El comentario a este párrafo lo comienzo con una aclaración. Los Bancos mandan información de los préstamos no solo a los deudores, sino también a los fiadores, y lo hacen mes a mes cuando se paga y cuando no se paga, desde el principio, así que hace años que estarían llegando cartas al domicilio de Antonio y Carmen, cartas informando sobre el estado de la deuda, de su evolución en positivo y de la falta de pago, cartas que ponen en entredicho la teoría del engaño.

Luego Benjamín acusa directamente al Notario, puede que injuriándolo, de engañar también a sus padres “dejando que firmaran siendo consciente de sus limitaciones”. Otro error. Sí que es correcto hablar de limitaciones, pero, insisto, los sordomudos, con las garantías oportunas pueden firmar escrituras públicas y pueden afianzar o avalar a otros y pueden testar y pueden comprar y vender y pedir hipotecas, así que presuponer el engaño del Notario, “dejando que firmaran”, dice Benjamín, y que el Notario no cumpliera con sus obligaciones para estos especiales casos afirmando que era consciente de sus limitaciones me resulta muy aventurado, puesto que ¡claro que debía ser consciente de esas limitaciones¡ y precisamente por ello, lo normal hubiera sido que adoptara las precauciones habituales respecto de las cuales no hay ni rastro, en positivo, ni en negativo, en toda la noticia. Por cierto, que los Notarios no nos encargamos de dejar o no dejar firmar, aunque entiendo que es una forma de hablar, no somos los tutores de nadie. Controlamos la legalidad, aunque hay quien lo discuta, y la decisión de firmar o no firmar es cosa de cada uno. Como son de cada uno las consecuencias que se derivan de sus actos. Cuantas veces habré dicho, “si no lo tiene claro, no firme”, “por mí no se preocupe, si quiere lo dejamos para otro día” y cosas similares.

“El hijo vendió el piso pero no canceló la hipoteca con el dinero”.

Repetiré ahora un párrafo que ya había analizado pero que contiene una frase que antes he pasado por alto y que debe ponerse en relación con esta última (“El hijo vendió el piso pero no canceló la hipoteca con el dinero”). Se nos ha contado que: “El mediano de los hermanos, Benjamín (43), nos explica por qué: «El problema de mis padres es que en 2005 sirvieron de aval a Gregorio para que se comprara una casa. Él les llevó engañados al notario sin saber que iban a firmar, son analfabetos y minusválidos, pensaban que era algo del seguro. Después mi hermano vendió el piso en el que mis padres figuraban como compradores y no pagó el préstamo», explica Benjamín, cerrajero de profesión”. La frase a la que me refiero es la de que “después mi hermano vendió el piso en el que mis padres figuraban como compradores y no pagó el préstamo”. ¿Qué? ¿perdone? ¿me lo puede repetir? ¿que los padres le compraron el piso al hijo? ¿se ha equivocado el periodista y quería decir que “figuraban como avalistas”? En fin, indescifrable. Sencillamente no entiendo nada en absoluto de lo que nos intentan contar aquí. De paso diré que si los padres hubieran comprado, habrían ido una vez más a la notaría, a pesar de su discapacidad y perdiendo más fuerza la teoría del engaño, pero no haré más suposiciones porque creo, una vez más (y quedan aún unas cuantas), dejo claro lo que quería poner de manifiesto con este post.

Pero, me dirán, ¿es que se puede vender un piso hipotecado? Pues claro que sí, pero el Banco conserva sus derechos si no se le paga lo que se le debe. Parece que en este caso el tal Gregorio vendió la casa hipotecada y no empleó el dinero que le dieron para cancelar la hipoteca. Y ¿qué hizo con el dinero? Pues vaya usted a saber. Y el que le compró la casa ¿qué dice?, porque si compró sin quedarse la hipoteca (para lo que sería necesario el consentimiento del Banco a la subrogación de deudor, que así se llama) sería el primer damnificado por la reclamación del Banco que intentaría cobrar con cargo al inmueble hipotecado, o ¿es que no es suficiente su valor? Evidentemente el Banco no aceptó la subrogación porque si no, seguramente, hubiera liberado a los avalistas. O no, o sí, o ¡yo que sé¡, ¡con lo que el artículo nos está contando¡ Muchas incógnitas, muchas dudas, que el periodista resuelve con una frase de 13 palabras, unos 70 caracteres, la mitad de un tuit.

“La prueba está en la escritura de la hipoteca: «Les advertí del derecho que tienen a leer esta escritura por sí mismos, del que usaron, haciéndolo además yo, el Notario, íntegramente y en alta voz, prestando su consentimiento los comparecientes». Si, dice que lo dijo en voz alta a unas personas sordas y que leyeron el documento sin saber leer. «Es ridículo, obviamente falso. Esto no se puede permitir. Solo pedimos que les dejen quedarse en su casa, aunque sea pagando un alquiler social. Es muy injusto», sentencia Benjamín“.

La prueba, dice. Ya no hace falta ni demandar, ni juzgar nadie. Está todo dicho por el periodista y por Benjamín. Pero, por si nadie ha reparado en ello, en esa escritura también firmarían el o los apoderados del Banco y el tal Gregorio con lo que el gran argumento de muchos para condenar al Notario, que es que se dijera que había derecho a leer la escritura y que se había leído a todos los presentes, decae en buena medida o es que ¿no había nada más allí junto con el Notario y el matrimonio sordomudo? Nada se nos dice sobre la presencia de testigos, ni de intérpretes oficiales o no oficiales, así que no se tienen todos los elementos necesarios para hacer la oportuna valoración y menos aún cuando los que han de valorar son profanos en esta materia de la que parece que todo el mundo sabe y opina. ¿Hubo intérprete oficial o no lo hubo? ¿porqué no lo hubo si fue así? ¿hubo o no un intérprete no oficial? ¿era un pariente del matrimonio? ¿les tradujo su propio hijo? ¿hubo o no testigos del otorgamiento? ¿puede que el matrimonio hiciera constar de manera indubitada que sabía leer? ¿firmaron de su puño y letra?, hay gente que no escribe pero sí que firma, ¿pusieron sus huellas dactilares? No tengo respuestas, solo dudas, puesto que no hay más referencia que la del párrafo anterior.  A pesar de ello, todo parece que ha quedado probado a ojos del periodista y de Benjamín.

“Dos años después, Gregorio volvió a hacer una ampliación del préstamo poniendo como aval la casa de sus padres ante otro notario. La vivienda salió a subasta en mayo y se la adjudicó Bankia al no tener compradores. La abogada que lleva el caso, Carmen Ten, va a pedir responsabilidad y daños y prejuicios al notario que permitió el aval. «La idea es paralizar la ejecución hipotecaria», afirma la letrada. El mediano de los hermanos Pleguezuelo, Benjamín, ha creado una petición en la plataforma Change.org para paralizar el desahucio de sus padres. Ya ha recogido más de 2.000 firmas”.

Esta información es muy relevante, y da un giro radical a toda la noticia, porque el engaño a los padres persiste y el Notario, que es otro distinto, se presupone que tampoco cumple con su obligación. Es significativo que en este caso ya no se hable de si se leyó o no en altavoz o de si se advirtió del derecho a leer, pero aunque ya se piensa en pedir daños “y prejuicios”. También se refiere la noticia a que Gregorio “volvió a hacer una ampliación”. Perdón, me he perdido, ¿es que se había hecho alguna ya? ¡Ah¡ y de nuevo se coloca al Notario dando permisos: no, los Notarios no damos permiso a nadie para nada, controlamos la legalidad y si todo es correcto, se otorga la escritura y nosotros la autorizamos. Lo repito, no somos tutores de nadie, nuestra función está muy lejos de permitir o no permitir las cosas.

Obsérvese que en este caso ya no se dice que los “padres sirvieran de aval a Gregorio para que se comprara una casa”, sino que se habla de que se puso “como aval la casa de sus padres ante otro notario”. De nuevo toca presuponer y como por mi experiencia una ampliación de la hipoteca no se garantiza con un nuevo inmueble hipotecado, entiendo que los padres hipotecaron su casa para garantizar un nuevo préstamo concedido a su hijo. ¿Pasaron de fiadores del primer préstamo a hipotecantes no deudores en la ampliación, situándose en primera línea de la eventual ejecución en caso de impago por parte de su hijo? Perfectamente posible, pero con tales explicaciones que están prejuzgando el caso e influyendo en la opinión pública, no es posible aventurar mucho más.

“Los protagonistas, Antonio y Carmen, no hablan. Tampoco se saben (tampoco conocen hubiera quedado mucho mejor) el lenguaje de signos. Son analfabetos y nunca lo aprendieron. Una sola mira cómplice les es suficiente para comunicarse. Cuando Carmen coge el autobús para ir a casa de su hijo Benjamín en Villaverde, siempre lleva una nota que enseña al conductor y que dice que es sordomuda y que le avise para bajarse en el distrito madrileño”.

La frase “son analfabetos y nunca lo aprendieron” también me ha dado que pensar. Dice la R.A.E. cuando define analfabeto:

  1. adj. Que no sabe leer ni escribir.
  2. adj. Ignorante, sin cultura, o profano en alguna disciplina.

¿Tiene que ver el analfabetismo con aprender el lenguaje de signos? ¿el periodista lo sabe o lo ha dado por hecho y ha acertado? He consultado a un experto en la materia, que es lo que se debe hacer en estos casos y si lo cuento es por apuntalar la idea de la poca profundidad de la noticia en todas las materias que se tratan en ella. La respuesta que me ha dado el experto es esta: “Sí pueden aprenderlo. No podrán usar el alfabeto manual, pero sí señas no alfabéticas que son la mayoría.

Y ya puestos, ¿un analfabeto sordomudo puede leer los labios? También lo he consultado y el experto me ha dicho textualmente: “Leer, lo que se dice leer, los labios, leen según se hayan comunicado en el entorno familiar, pero entienden imperfectamente

Aclarado. Gracias Pepe.

lengua-signos-justito

Los sordomudos analfabetos que no conocen el lenguaje de signos plantean especiales dificultades (mejor sería decir precuaciones) en las notarías. Si lo conocen, recurrimos a un intérprete oficial en ese lenguaje, pero caso contrario, solo queda recurrir a alguien que sea capaz de entenderse con ellos, alguien que normalmente será un familiar con lo que, en casos límite, el engaño (el engaño del hijo), no el del Notario, es algo más probable en personas sin escrúpulos. El Notario (los, puesto que son al menos dos) pudo no haber cumplido sus obligaciones, pero ¿pudo engañar al matrimonio de sordomudos jugándosela por firmar una hipoteca más?

El hermano dice que fueron engañados, que creían que iban a firmar un seguro. Con toda la parafernalia que rodea la firma de una escritura, ¿alguien (que ya ha ido a una notaría en otras ocasiones como este matrimonio) puede estar pensando en que solo está firmando un seguro en presencia de un Notario? El seguro no es propio del tráfico notarial. En mi experiencia solo me encuentro con quejas relativas a seguros y con préstamos personales o hipotecarios que aluden a la “obligación” de contratarlos, sin que el contrato pase, salvo en contadísimas ocasiones, por nuestras manos. Pero claro, el matrimonio no tiene porque saberlo, o tal vez sí, porque seguro que también habían contratado seguros a lo largo de su vida y nunca les habían llevado para ello a la notaría.

“«Los del banco sabían su deficiencia y aún así han puesto fecha al desahucio», protesta el hijo, que a los cinco años se fue a vivir con sus abuelos. Ellos ayudaban a Antonio y a Carmen en todas las tareas que por su discapacidad no podían cubrir”.

“A Antonio le gusta enseñar las fotos de su boda y de su familia. Pero el retrato de su hijo Gregorio de joven le come por dentro y hace gestos de enfado apretando los puños y negando con la cabeza. La cara de su mujer, Carmen, es de tremenda tristeza. Benjamín les explicó con delicadeza por qué se tienen que ir”.

Yo he oído decir a una madre cuando le explicado, de manera sencilla, la fianza que le estaba prestando a su hijo: “Ya sabe que si no paga su hijo, lo hará usted, ¿no?”, “no”, ha respondido la Señora “si no paga, le mato”. Quiero decir que el enfado de Antonio no prueba el engaño de su hijo. El enfado, controlado y resignado, ya suele existir en los padres que afianzan a los hijos el día que lo hacen y estalla el día en que llega el momento de responder de las obligaciones asumidas y de sus consecuencias.

“Al piso de menos de 60 metros cuadrados en Pinto, también llegan José y Elena, dos de los hermanos de Carmen. Su madre, Julia, tuvo seis hijos, tres de ellos sordomudos de nacimiento. Acaban de tener una reunión con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que lesvan a ayudar”.

“Si no dan con una solución tendrán que dejar su casa el próximo enero”.

Elena es la que mejor se entiende con su hermana y a su cuñado. Tienen un código de manos íntimo para mantener una conversación básica. «Ahora les van a dejar en la calle y no tienen a dónde ir. No deben salir de su entorno porque no pueden valerse por sí mismos. Aquí tienen su casa adaptada, les conoce todo el barrio y en los comercios saben cómo tienen que tratarles», precisa Elena“.

Este último párrafo indica que sí hay quienes se entienden con ellos y dos párrafos más arriba se nos dice que la discapacidad es común en la familia. Estarán acostumbrados a lidiar con ella, sin olvidar que han tenido cuatro hijos. Seguro que en la familia se habrán pedido préstamos, comprado inmuebles, otorgado testamentos y se habrá comparecido en notarías en unas cuantas ocasiones. De nuevo se asocia la discapacidad a la incapacidad.

“Explica por qué hay un periodista y un fotógrafo en su casa. La anciana pareja, primero junta las manos haciendo gesto de «que se van fuera», después, mueven los dedos simulando una firma mientras niegan con la cabeza. La traducción de la familia: «Ellos firmaron porque confiaban en su hijo»”.

Esta última frase “ellos firmaron porque confiaban en su hijo”, me parece también muy representativa. ¿No será que confiaban en que todo saldría bien, en que no llegaría nunca el momento de responder de las obligaciones asumidas por su aval y por la hipoteca sobre su propia casa?

“Las bombillas del techo vuelven a parpadear varias veces. Alguien vuelve a llamar. En enero, si nada lo impide, serán los del banco quienes toquen el timbre para echarles de su casa”.

Termino

He borrado muchas cosas, he dejado de decir muchas cosas, me he reprimido mucho, aunque no lo parezca.

No defiendo a estos compañeros, que puede que incumplieran sus obligaciones, defiendo a mi corporación profesional, defiendo la seguridad jurídica preventiva. Defiendo al Notariado y ataco la noticia, explicando, a quien le interese, la verdad de este tipo de otorgamientos, procurando no inducir a confusiones, ni juzgar (ni prejuzgar) los hechos puesto que no es cosa mía (ni de nadie más que de los órganos judiciales) hacerlo.

Tampoco sé si se ha intentando hablar con los compañeros afectados o con nuestros órganos representativos, pero sí que sé que esta noticia me parece completamente alejada de la buena práctica periodística y sobre todo de la especialización que requiere tratarla adecuadamente.

Siento enormemente el drama de esta familia que ya he leído que parece que podrá solucionarse y tendrá un final satisfactorio. Ese drama, con distintas connotaciones, es el de muchas familias en España, pero desprestigiar y poner en duda a una profesión entera es completamente injusto.

Hasta mi madre, mujer de Notario y madre de dos Notarios, ha llegado a dudar, a alarmarse y a creerse la noticia: “Hijo, ¿será verdad que el Notario les engañó?”, me ha dicho. Y si esto lo dice y piensa mi madre ¿qué pensarán todos aquellos que viven completamente alejados de la función notarial excepto en la media docena de veces que podrían pasarse a lo largo de su vida por una notaría? Espero que sea una cosa bien distinta a la que se haya podido pensar tras leer la noticia de “El Mundo”.

También en estos días he hablado con varios clientes habituales de mi oficina, con los que hay confianza, y que me han dicho:

¡Pero, cómo les va a engañar el Notario¡

Seamos serios y pongamos las cosas en su sitio.

Hasta otra. Un abrazo. Justito El Notario. @justitonotario

5 comentarios

  1. Hola, buenas tardes, somos unas alumnas de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid que estamos preparando un trabajo sobre la Deontología Notarial, hemos encontrado su página web en la que habla sobre el tema de los ancianos sordomudos , los cuales viven en Pinto, nos ha interesado mucho su postura sobre este tema, y nos encantaría poder hablar con usted ya que estamos preparando un vídeo sobre esta noticia y tenemos algunas preguntas sobre su profesión y no tenemos ninguna relación con notarios que nos puedan facilitar esa información, sería de gran ayuda, muchas gracias. le seguimos en twitter: @LcaCelia el correo: celii_21@icloud.com

  2. Jaime Borrego Raya

    Hola Justitonotario, como siempre es muy bueno leerte. En este caso te hago una puntualización, seguro que lo sabes, pero para la “cultura general” hay que decir:

    Desahucio, solo ocurre cuando el arrendador utiliza la justicia para desalojar al inquilino por una deuda. Lo que hacen los bancos o cualquiera que tenga título suficiente, es ejecutar la hipoteca, que no es otra cosa que cobrar una deuda que está garantizada con el inmueble.

    Saludos cordiales,
    jbr.

    • Querido Jaime: Gracias, pones de manifiesto que si los “expertos”, “especialistas”, nos equivocamos, más aún, mucho más aún los profanos, los que no tienen ni idea. Había tanto que criticar que no reparé en ello, pero tienes razón. Hemos extendido el término desahucio más allá de sus límites y en el caso de la ejecución hipotecaria parece más correcto ¿lanzamiento?. Gracias por el comentario y la participación. Tal vez haga un matiz y ya te pido permiso desde aquí para ello. Un abrazo y hasta pronto. Justito El Notario.

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